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8 de Septiembre del 2020
Historias
Lectura: 18 minutos
8 de Septiembre del 2020
Redacción Plan V
El dramático impacto de la pandemia en el Centro Histórico de Quito
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Las "concertinas" alambradas de púas usadas en trincheras de guerra, se han convertido en parte del paisaje las calles del Casco Antiguo de Quito. 

 

Al golpe de la cuarentena, que quebró hoteles, restaurantes y almacenes, se sumaron los vallados en torno al Palacio presidencial para evitar que lleguen hasta la sede del Gobierno manifestantes y críticos. El Municipio espera reactivar algunos de los comercios por medio de permitir terrazas en calles y plazas, pero el fin del flujo de turistas extranjeros, la suspensión de las clases y labores administrativas y el temor a los contagios han convertido el Casco Antiguo en una ciudad fantasma.

Quito celebró este 8 de septiembre los 42 años de la declaratoria del Centro Histórico capitalino como patrimonio cultural de la humanidad. A tono con los tiempos de la pandemia, la ceremonia fue transmitida por internet desde la iglesia de Santa Bárbara. La Unesco emitió una de las primeras declaraciones de Patrimonio Cultural de la Humanidad aún antes que en ciudades europeas, considerando el valor arquitectónico de la ciudad vieja quiteña y su estado de conservación, en especial, en las edificaciones religiosas coloniales como iglesias y conventos. Durante más de cuatro décadas, la declaratoria fue la carta de presentación de una industria turística que atraía sobre todo a extranjeros, norteamericanos y europeos, que venían a visitar la ciudad colonial al pie del Panecillo. 

Mientras en el interior de la iglesia de Santa Bárbara se realizaba el evento conmemorativo, afuera, el panorama en el casco antiguo de la ciudad, que mereció la distinción de la Unesco por ser "el más grande y mejor conservado" de América Latina parecía un campo de guerra.

Mientras en el interior de la iglesia de Santa Bárbara se realizaba el evento conmemorativo, afuera, el panorama en el casco antiguo de la ciudad, que mereció la distinción de la Unesco por ser "el más grande y mejor conservado" de América Latina parecía un campo de guerra. En torno al Palacio de Gobierno, en donde vive el presidente Lenin Moreno, se han colocado vallas y alambradas que los militares llaman "concertinas" para, supuestamente, impedir un hipotético asalto a la sede presidencial por parte de algún grupo desconocido. En un perímetro de entre 100 y 200 metros de la Plaza de la Independencia, ni siquiera los vecinos de las casas cercanas pueden pasar con facilidad, pues policías antimotines se atrincheran tras vallas metálicas del Ministerio de Gobierno y del Municipio de Quito. 


Ante el Palacio Municipal, el vallado del Gobierno impide el acceso a la Plaza de la Independencia. 

El pasado domingo, un grupo de vecinos tomó por sorpresa a los gendarmes y retiró las alambradas en la calle García Moreno, así como movió las vallas en la intersección de la calle Sucre, donde se encuentra el templo barroco de La Compañía. Se trató de varios comerciantes del sector y también de residentes, que protestaron porque el cercado impide a los transeúntes llegar hacia sus comercios. Si bien la Policía no intervino el domingo en la mañana, al otro día se volvió a colocar de madrugada toda la barricada, dándole a la calle García Moreno el aspecto insólito de una trinchera de la Primera Guerra Mundial. El pasado 1 de septiembre, cerca de 50 activistas se concentraron en la Plaza de San Francisco con carteles y banderas negras y protestaron por la inseguridad en el sector. Habían hombres y mujeres mayores, empleados de los locales como restaurantes y locales comerciales. Con bubucelas caminaron luego por la calle Rocafuerte, luego tomaron Venezuela y se colocaron ante el Palacio Municipal. La Plaza de la Independencia era totalmente inaccesible por los vallados policiales. Las marchas se convocan en San Francisco cada ocho días. 

Según los vecinos del sector, esa ha sido la tónica en el Centro Histórico desde que asumió Lenin Moreno: la ciudad antigua está blindada y cercada como si la conmoción política en el Ecuador actual fuera permanente. Inclusive la ceremonia del cambio de guardia de Palacio, que en tiempos del correato congregaba a turistas y transeúntes en la Plaza Grande todos los lunes, la realizan ahora los militares en su mínima expresión, muy temprano en la mañana, sin que nadie la vea. 


Las valllas impiden el paso de las personas en varios puntos del casco antiguo capitalino. 

Si bien la Policía no intervino el domingo en la mañana, al otro día se volvió a colocar de madrugada toda la barricada, dándole a la calle García Moreno el aspecto insólito de una trinchera de la Primera Guerra Mundial.

Los tres círculos en torno al poder 

El infierno descrito por Dante tiene nueve círculos. Pero los vecinos del Centro Histórico han contado por lo menos tres círculos en torno a la Plaza Mayor que pueden empezar hasta a un kilómetro de distancia, en el sector de San Blas, entrada al Centro desde el norte, en el afán de impedir que cualquier tipo de movilización social se acerque siquiera a la sede del Gobierno.

Y aunque esa había sido la tónica desde que Moreno llegó a Palacio, se agudizó luego de las protestas de octubre de 2019, cuando los militares de la Casa Presidencial colocaron en la columnata del Palacio alambradas de púas, mallas, vallas y todos los obstáculos posibles, que estuvieron meses bloqueando casi todas las entradas de Carondelet. Aunque antes de las protestas de octubre se había logrado un acuerdo con los vecinos para retirar los vallados y colocarlos solo en caso de necesidad -la Plaza Chica y los patios del Palacio Arzobispal se convirtieron en bodegas del enrejado metálico- el acuerdo se acabó luego de las protestas de octubre de 2019 y ahora las vallas están de forma permanente bloqueando los principales accesos a la Plaza de la Independencia. Los militares a cargo de la custodia del Presidente dijeron que los vallados colocados por la Casa Militar en torno a Palacio son "inamovibles". Según denuncian los vecinos, ladrones usaron algunas de las vallas policiales para escalar las fachadas e intentar robar en por lo menos cuatro casas del sector. 

Y mientras tanto, ni turistas ni vecinos pueden circular por las plazas del Centro. Una iniciativa de los locales ubicados en el pretil de la Catedral y en las tiendas en el propio Palacio de Gobierno logró que se permita el paso por lo menos a un retazo de la Plaza Grande, pues el cierre permanente estaba a punto de liquidar los negocios. 


Los vecinos han pedido que las vallas se usen solo cuando es necesario, sin mucho éxito. 

Desde por lo menos julio del año 2019,  la implementación de varios proyectos del Instituto Metropolitano de Patrimonio (IMP) en el Centro Histórico, como el “Plan de Preservación y embellecimiento”  que empezó con la peatonalización de las principales vía del Centro Histórico como la García Moreno y la Venezuela, y el “Plan Parcial para el desarrollo Integral del Centro Histórico”, motivaron el rechazo de los vecinos y comerciantes, sobre todo, porque estimaban que restringuir el acceso vehicular había afectado sus ventas. 

Pablo Buitrón, del colectivo Defensa del Centro Histórico, destaca que las medidas que el Municipio tomó antes de la pandemia ya habían afectado a vecinos y comerciantes del Centro: "las problemáticas del Centro Histórico se han agravado, principalmente en cuestión de movilidad y accesibilidad, al restringir la circulación vehicular de las dos calles que han sido las principales arterias de circulación vehicular dentro de la zona del Casco Colonial y que se encuentran cerradas 24/7, la calle García Moreno y la calle Venezuela. Ahora se forma un caos vehicular en las calles aledañas tanto paralelas (Calle Benalcázar, Imbabura, Guayaquil, Flores) como transversales, límites de la zona restringida (Calle Mejía, Olmedo, Bolívar) acentuada en horas pico, que produce complicación a todos quienes quieren ingresar al CHQ", destacaba en julio de 2019.

Buitrón sostenía en esa época que "por más de un año estamos viendo que la afluencia de personas al Centro Histórico ha disminuido. En el ámbito comercial la disminución es en promedio del 40%, llegando hasta 60%. Esto ha obligado que negocios formales y tradicionales estén en serias complicaciones de supervivencia y hayan despedido personal".


Las ventas ambulantes aumentaron en el Centro tras el cierre de los mercados tradicionales por la pandemia. 

El golpe de la pandemia: hoteles y restaurantes cerrados 

Pero la pandemia complicó mucho más la situación. Tras una cuarentena de más de 70 días, varios negocios tradicionales del Centro debieron cerrar de manera definitiva, como es el caso de la Pastelería Meneses, una cafetería que se encontraba frente a San Agustín, así como algunos de los hoteles de lujo que operan en el Casco Antiguo. Otro local conocido, como la Cafetería Modelo, ha tenido que cerrar su local por falta de clientes y por los vallados.

El hotel Plaza Grande, que se levanta frente a  la Catedral, suspendió sus operaciones cuando la pandemia redujo a cero el flujo de turistas. Lo mismo ocurrió con el Casa Gangotena, en la Plaza de San Francisco, que tuvo que ser cerrado durante toda la cuarentena. El hotel, que se encuentra en un palacio aristocrático restaurado, estaba pensado para atender al turismo europeo y norteamericano. Ahora ofrece rebajas de hasta el 60% en sus tarifas y trata de atraer al público nacional, pues la recuperación del turismo internacional a gran escala es incierta. 

El hotel de lujo Casa Gangatena ahora ofrece rebajas de hasta el 60% en sus tarifas y trata de atraer al público nacional, pues la recuperación del turismo internacional a gran escala es incierta.

El cierre de colegios y escuelas que operaban en el Centro Histórico también le ha quitado movimiento al Casco Antiguo. El ministerio de Educación anunció que, debido a la pandemia, este año será en modalidad virtual. Así que las escuelas y colegios del Centro están desolados. Lo mismo ocurre con las oficinas gubernamentales.

En la Presidencia de la República, que además de Palacio de Gobierno ocupa varios edificios en las manzanas cercanas, los funcionarios están en teletrabajo y concurren a la oficina solo una vez a la semana. La situación es similar en la Vicepresidencia y el Ministerio de Gobierno, en el Municipio Metropolitano y en el Ministerio de Defensa, donde se mantiene el teletrabajo. La situación ha golpeado duramente a los negocios del sector, sobre todo hoteles, restaurantes, y los locales comerciales de los mercados populares, en donde la afluencia de público es cada vez menor.

"La cantidad de personas que actualmente se visibiliza que llegan al Centro Histórico, fuera de las cotidianas, no representan que exista un incremento comercial ya que el Centro Histórico no solo debe ser visto como restaurantes, sino que existe toda una diversidad de ofertas que es lo que hacía del Centro Histórico el mayor Centro Comercial de Quito que ahora, en lugar de tener mayores facilidades y comodidades para sus usuarios, tiene incomodidades y exposición a todas las problemáticas", señala Buitrón, mientras el desplome del turismo, sobre todo extranjero, que visitaba la ciudad vieja ha dejado las instalaciones turísticas sin uso.

El activista cree que hubo un manejo inadecuado del manejo de la información sobre la pandemia. Se informó que el virus circulaba en el Centro Histórico masivamente, aunque los focos, asegura, están en los barrios más poblados como La Colmena, La Libertad y no precisamente la zona turística de las plazas y las iglesias. 


Los turistas extranjeros ya no llegan al Centro por el impacto global de la pandemia. 

Para los activistas del Centro Histórico, se informó que el virus circulaba en el Centro Histórico masivamente, aunque los focos, asegura, están en los barrios más poblados como La Colmena, La Libertad y no precisamente la zona turística de las plazas y las iglesias.

Terrazas en las plazas y veredas

Desde el Municipio, entre tanto, se propone un plan de reactivación de las zonas turísticas de la ciudad, como La Mariscal y el Centro Histórico, que pasa por permitir que cafeterías y restaurantes instalen terrazas sobre las veredas, ante el consenso científico de que el virus flota en el aire en los espacios cerrados y eso puede provocar contagios. Y como el control de la enfermedad parece un utopía en el mediano plazo, esa podría ser una salida para los restaurantes, pero no para los comercios, que funcionan en las casas antiguas. Algunos de estos comercios, inclusive, funcionan en casas de propiedad municipal, por lo que le pagan arriendo al Municipio. Varios de estos locales, desde los quioscos de artesanías en El Panecillo hasta almacenes y restaurantes enteros en la ciudad vieja, son de propiedad del Municipio, y una ordenanza impide que se reduzca el arriendo. Ello ha motivado que comerciantes del sector hayan tenido que cerrar sus locales debido a la caída de ventas producto de la pandemia. 

Antes de la pandemia, las terrazas no existían como tales en Quito. Solamente se permitía que algunos locales en la Plaza Grande, junto a la Catedral, en la Plaza de San Francisco, en la Plaza del Teatro, tuvieran mesas en el exterior, así como en algunas veredas de la avenida Amazonas, pues es ilegal utilizar el espacio público. Pero la pandemia en esto, como en muchas otras cosas, ha obligado a replantear los esquemas. 

Aunque ya a mediados del año pasado se denunciaban robos en locales comerciales y asaltos a los transeúntes, sobre todo en las calles más alejadas de las plazas principales, la pandemia provocó que la desolación que aumentó en el Centro convierte a calles como la Rocafuerte, en el largo tramo que va desde la Plaza de Santo Domingo a la de San Francisco, en un sitio especialemente peligroso. A principios del mes pasado, asaltantes ingresaron a una joyería a una cuadra de San Francisco y asesinaron al propietario a tiros, cuando se resistió al atraco. Según los colectivos del Centro Histórico, la situación de inseguridad es similar el sector de la Plaza del Teatro. "Inclusive vecinos de San Juan ya no bajan a las plazas porque no hay transporte ni taxis y la gente ya no se siente segura para caminar", explica Buitrón. Durante la semana anterior, la Policía Nacional y la Municipal han desplegado operativos en las zonas en donde la delincuencia se ha vuelto más crítica, admiten los vecinos, aunque reclaman una propuesta integral para atender las problemáticas en el sector. 

Otro elemento que complicaba la circulación fue la construcción de la única parada del Metro, ubicada en la explanada de la Plaza de San Francisco, que durante la cuarentena pudo ser concluida. Las obras cerraron también la calle Benalcázar, otra de las vías que cruza el Casco Antiguo de norte a sur, pero actualmente están casi terminadas.

Los colectivos de moradores piden reformular las políticas municipales, en especial, con miras a lograr reactivar el sector luego del impacto de la pandemia. En calles como Olmedo, Benalcázar y Venezuela se ve gran cantidad de locales cerrados. Los carteles de "se arrienda" se multiplican sobre todo en los locales comerciales del sector. 

"Esperemos que las terrazas no provoquen más desorden en las calles. El Municipio solo está pensando en los restaurantes y no en los locales de telas, de trajes, de artesanías que también forman parte de la economía del Centro. Y solo para los restaurantes tiene el Municipio actualmente una propuesta", finaliza Pablo Buitrón. 

El día del patrimonio terminó con un evento nocturno en la pequeña iglesia de Santa Bárbara. Se proyecto un espectáculo de mapping sobre la fachada del templo, en otro evento transmitido por redes sociales. Una banda municipal, cuyos músicos estaba parados a varios metros entre sí, tocó sones nacionales. A pocas cuadras, la Plaza Grande lucía desierta, cerrada por vallas, y la fachada de Carondelet -cuyas luces ya nunca se prenden- a oscuras, contrastaba con las cúpulas y la torre iluminadas de la vecina Catedral. 

 

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