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12 de Diciembre del 2013
Historias
Lectura: 18 minutos
12 de Diciembre del 2013
Redacción Plan V
La lucha por una muerte digna

Foto: Gianna Benalcázar

En el Hospital Eugenio Espejo de Quito se habría actuado de forma indolente con una mujer en estado terminal. 

 

La víctima de una serie de derrames cerebrales, al parecer, no habría sido atendida de forma oportuna por los médicos del Hospital Eugenio Espejo de Quito, quienes se habrían negado a realizarle procedimientos que mejorarían su calidad de vida alegando que ya no hay nada que hacer por ella. El Gobierno, según su madre, habría intervenido en el caso.

En la calle Mejía, en el Centro Histórico de Quito, se siente la Navidad. En todos y cada uno de los locales de las antiguas casas de ese barrio, vecino del Convento Máximo de La Merced, hay ofertas navideñas, luces, decoraciones de colores, ofertas de ropa y hasta fundas de caramelos listas para llevar.

Frente a las antiguas paredes del convento colonial, en la intersección de Mejía y Cotopaxi,  una casa restaurada alberga una pequeña clínica. Hacia allá camina una mujer, ajena al golgorio navideño. Camina apresurada, sin mirar ni el entusiasmo fiestero de los comerciantes, ni la tranquila marcha de los colegiales del sector, ni los esfuerzos de los agentes de tránsito vestidos de rojo intenso por desatorar el nudo del tránsito en el casco colonial. 

En su rostro, unas ojeras profundas son el testimonio de su angustia. Se llama Victoria Pérez. Se dirige a la terapia intensiva de  la Clínica La Merced a recibir, a las 12:00 de todos los días, el parte médico del estado de su hija Carolina Cisneros, ingresada ahí a costa de la Nación, que le garantizó el tratamiento de una enfermedad catastrófica y a cuyos médicos reclama negligencias y malos tratos.

Carolina, quien fue abandonada por su esposo y tiene tres hijos, era comerciante hasta los 30 años. Su vida transcurría con normalidad: distribuía productos de consumo masivo en Calderón, el barrio donde vive, y se dedicaba al cuidado de sus hijos: Nicolás de 11 años, Valentina de 8 e Isabel de 5 años. Pero un drama se alojaba en su cerebro: un problema vascular, probablamente de origen congénito, llamado "angioma cavernoso en el tallo cerebral" había de desencadenarlo. 

Su madre Victoria narra la historia de Carolina sentada en una banca en el patio de la Clínica La Merced. Se trata del clásico claustro colonial donde se ha colocado una estatua de la Virgen María, ataviada con un hábito blanco y el escudo mercedario en el pecho. Esta Navidad tampoco será feliz para ella; lo sabe, mientras rememora la aventura que ha significado buscar atención médica, en los hospitales del Estado, para el grave caso de su hija.

Derrame en vísperas de navidad 

La tragedia de Carolina y su madre empezó también, en vísperas de la Navidad del 2010. Era el 17 de diciembre, cuando la llevaron al Hospital Pablo Arturo Suárez, a la sala de emergencia, por lo que parecía ser un vértigo, por lo cual le recomendaron que vaya a su casa.

Como el "vértigo" se puso peor, debieron acudir a la Clínica Pasteur, donde se pudo establecer que lo que tenía era un derrame cerebral: "hemorragia parenquimatosa que compromete el tálamo y el núcleo lenticular derecho", diagnosticaron los médicos de la clínica privada, donde estuvo interna cuatro días.

Le recomendaron seguir su "vida normal" pero nunca volvería a la normalidad: en julio del 2011 se repitió otro derrame cerebral y esta vez acudieron al hospital Eugenio Espejo. 

Su madre Victoria narra la historia de Carolina sentada en una banca del patio de la Clínica La Merced. Se trata del clásico claustro colonial donde se ha colocado una estatua de la Virgen María, ataviada con un hábito blanco y el escudo mercedario en el pecho. Esta Navidad tampoco será feliz para ella; lo sabe, mientras rememora la aventura que ha significado buscar atención médica, en los hospitales del Estado, para el grave caso de su hija. 

"Mi vida dió un giro total. Mis nietos se quedaron conmigo cuando el esposo de mi hija la dejó. Atravesamos esta situación inesperada", dice Victoria, mientras rememora los detalles del caso. 

Tras el diagnóstico definitivo de "angioma cavernoso en el tallo cerebral", y ante la evidencia de que se tratataba de una enfermedad de alto costo, la familia inscribió a Carolina en el Programa de Protección Social, con lo cual el Estado empezó a asumir su atención médica. El Estado pagó el viaje de la paciente y su madre a Bogotá, Colombia, para someterse a un tratamiento con el Cuchillo Gamma. El Cuchillo Gamma es un aparato que emite radiaciones Gamma de precisión, provenientes de un nucleo de cobalto, hacia el interior del cerebro, pues la lesión de Carolina está ubicada muy profundo en el cráneo, en un sitio inoperable. Las radiaciones debieran haber solucionado el problema, pero no fue así.

Era septiembre del 2011, cuando los médicos de la capital colombiana realizaron el procedimiento -donde intervienen un neurólogo y hasta un físico, pues calculan con precisión milimétrica el sitio y la potencia del rayo Gamma que aplican- y los galenos colombianos le dieron un buen pronóstico. Volvieron contentas, madre e hija, a su casa de Calderón, a la espera de que el tratatamiento diera resultado.

"¿Es justo que se nieguen a dar atención alegando que ya no hay nada qué hacer? ¿Es eso justo? si no es un perro, es un ser humano... puede ser que ya no haya nada qué hacer pero merece una muerte digna".

Empieza el vía crucis

En enero del 2012 hubo una nueva hemorragia. Y, desde entonces, afirma la madre, el Estado ha sido negligente con su atención médica. Victoria dice que ahí empezó su vía crucis, para conseguir atención médica y seguimiento por parte de los médicos del Estado. Los médicos, según ella, se han negado a darle atención alegando que es inútil. 

"Tuve problemas bien feos en el Hospital Eugenio Espejo: nos sacaban del Hospital, nos decían que ya no hay nada que hacer con ella, que la llevemos a la casa. Por último me dijeron que si quería la deje, pero que ahí se iba a contagiar de todo. Que por ella ya no había nada que hacer.

"¿Es justo que se nieguen a dar atención alegando que ya no hay nada qué hacer? ¿Es eso justo? si no es un perro, es un ser humano... puede ser que ya no haya nada qué hacer pero merece una muerte digna, una muerte con atención, no coger y botar la gente a la casa como hicieron conmigo. Hay médicos a los que se les subió el título a la cabeza y si es así, creo que no son profesionales. Si se graduaron de médico e hicieron un juramento tienen que auxiliar a la gente, tienen que cuidar, ver...", destaca la madre.

Entre enero y marzo del 2012, Carolina fue atendida por consulta externa del Hospital Eugenio Espejo. Su estado se fue deteriorando paulatinamente: los continuos derrames le hicieron perder la conciencia y la han reducido a un estado vegetal. 

Para julio del 2012, los médicos del Eugenio Espejo responsabilizaron del empeoramiento de la salud de la mujer a la terapia con el Cuchillo Gamma realizada en Bogotá, y recomendaron que el Estado asuma la repetición del tratamiento con rayos Gamma pero en Miami, Estados Unidos, aspecto que nunca se concretó.

Para diciembre del 2012, tras meses de papeleo y medicada apenas con Paracetamol para el dolor y Epamin para evitar convulsiones, Carolina seguía sin que se la tratase nuevamente con los rayos Gamma, y con un deterioro paulatino de su condición, según denuncia la madre.

Una carta del Ministerio de Salud, enviada por la subsecretaria subrogante de Gobernanza, Patricia Granja, llegó al hospital disponiendo una atención con la consabida "calidad y calidez" que exige el Gobierno para la salud pública. En criterio de la madre, como en tiempos coloniales, acataron pero no cumplieron el pedido ministerial.

No más rayos Gamma

En enero del 2013, de plano, le dijeron a Victoria que ya sería inútil un nuevo tratamiento con rayos Gamma, por lo cual simplemente, afirma, se limitaron a insistir en que la llevara a su casa a morir. 

En marzo del 2013, ante nuevos derrames, una junta de médicos del Estado se comprometió nuevamente a dar atención prioritaria a Carolina, quien para entonces ya había perdido la vista, no podía tragar ni hablar, pero mientras tanto, en el Hospital Eugenio Espejo, los médicos la declaran en etapa terminal e insisten en que ya no la lleven al hospital, pues nada pueden hacer por ella.

Una carta del Ministerio de Salud, enviada por la Subsecretaria subrogante de Gobernanza, Patricia Granja, llegó al hospital disponiendo una atención con la consabida "calidad y calidez" que exige el Gobierno para la salud pública. En criterio de la madre, como en tiempos coloniales, acataron pero no cumplieron el pedido ministerial. 

No obstante, destaca Victoria, sí podían hacer algo. Se trata de un procedimiento que permite colocar una sonda en el estómago para alimentarla, ya que mientras estuvo en su casa, Victoria mantuvo viva a su hija con sueros de vitaminas y los cuidados paliativos de un médico particular. 

Una nueva complicación empezó a amenazar la vida de Carolina. Se le acumuló agua en el cerebro, lo que se denomina hidrocefalia, y los familiares buscaron el diagnóstico de médicos particulares, quienes -en el mes de marzo- dijeron que era necesario colocarle una válvula en el cráneo.

No obstante, los médicos del Estado no compartieron esa opinión, destaca Victoria, y recién en mayo, ante las complicaciones que se agudizaron, aceptaron ponerle la válvula en el cráneo.  Lo que en criterio de la mujer, es una muestra más de la negliencia de los médicos del hospital público. Otro aspecto que denuncia es que no le pusieron una vía central sino que continuaban pinchándole en los brazos sin dejarle ni un solo sitio sano. 

"Nos dijeron que ellos no coincidian con los médicos particulares, porque los médicos particulares lo que querían era sacar dinero. Me quedé como tonta, ya no se sabe quién dice la verdad". 

"Creo que hubo mala atención. No atendieron a mi hija. Si hubieran puesto la válvula en marzo mi hija no estaría en el estado que está hoy", dice la mujer, quien destaca que, en su criterio, las demoras en la atención del hospital público complicaron todavía más el estado de Carolina.

Aunque los médicos del Eugenio Espejo le advirtieron que, si la internaban en la casa de la salud, sólo la exponían a más infecciones; en mayo Victoria logró la hospitalización de Carolina en el hospital público. Y lo que le anticiparon los médicos, en efecto, ocurrió: la mujer se contagió de neumonía, tuvo una infección vaginal y otra de vías urinarias, al parecer asociadas a su condición y -en criterio de la madre- a la atención negligente de los médicos y enfermeras del hospital del Estado.

"No acusé de negligente al exgerente del hospital Marco Cazco, pero he visto y he sentido la pésima forma en que nos tratararon. Creo que la médica tratante no dio la atención debida a mi hija. En cada procedimiento que hacían en el hospital, sólo esperaban que mi hija muera".

"Trataron de callarme, de confundirme, me grababan todo lo que les decía, le tomaron fotos a mi hija, pasamos cosas terribles en ese hospital", dice la mujer.

El director de Comunicación del hospital, Fredy Albán, explicó que el cambio de autoridades complicaba obtener una entrevista con un vocero autorizado en el caso de Carolina Cisneros, pero ofreció una versión para los próximos días.

La hora de la solidaridad 

Entre mayo y noviembre de este año, Victoria mantuvo nuevamente a su hija en su casa, atendida por un médico particular. Los gastos de este cuidado paliativo han sido cubiertos por la solidaridad de amigos y familiares: la alimentan con suplementos por medio de una sonda. Por ello, en su último cumpleaños, el regalo para Carolina fue un paquete de pañales y un tarro de Ensure, un suplemento alimenticio. Según Victoria, hay meses que ha llegado a gastar USD 2200. 

La madre admite que los médicos y sicólogos del Centro de Salud cercano a su casa han estado visitándola constantemente, y que en la última crisis, ocurrida a principios de noviembre, fue iniciativa de los médicos del Estado trasladarla al hospital Pablo Arturo Suárez, donde diagnosticaron una sepsis renal y pulmonar y un nuevo derrame cerebral.

Finalmente, a costa del Estado, Carolina ha sido trasladada a la terapia intensiva de la Clínica La Merced, donde la mantienen con ventilación mecánica, pues ya no puede respirar por sí misma. Según dice la madre, recurrió al alto Gobierno para lograr esa nueva atención, e incluso un asesor del Palacio presidencial estaría al tanto de su caso, lo que habría destrabado la atención médica. 

Mientras cuenta su aventura, Victoria muestra ya cierta resignación. Sabe que su hija ya no tiene tratamiento ni cura, y ahora pide que se le permita una muerte digna. Pensó en demandar al hospital público, pero luego ya no tuvo dinero para continuar pagando al profesional del derecho, pues priorizó los gastos de su hija sobre esos honorarios. "No voy a pagar al abogado en vez de pagar la comida de mi hija", reflexiona.

Aunque su hija no habla, Victoria sostiene que está consciente y que reacciona a su contacto, que le hace señas con los ojos. Y cree que ya no es viable mantenerla en su casa, pues sin atención médica permanente ya sería imposible que la mantenga en el hogar. Por ello, ahora pide que le adecúen un lugar en su casa para atenderla o que la trasladen a un clínica de cuidados paliativos. 

"He visto que mi hija ha ido decayendo, ha ido decayendo, y cuando fue necesario que estuvieran ahí no me atendieron" dice. Con respecto a la sanción a la mala práctica médica, Victoria dice que los médicos que no actúan de forma adecuada "no pueden quedarse tan campantes".

"He tenido tres duelos", reflexiona la mujer, contando en su mente las veces que los médicos del hospital del Estado le dijeron que ahora sí su hija se moría. Pero son casi las 17:00 y ya le toca subir a ver el parte médico de Carolina. Toma la mochila que lleva en el brazo y un sobre con papeles. Y sube las gradas hacia los pisos altos de la Clínica La Merced, sin saber si esta será o no la última Navidad de Carolina. 

Este portal intentó contactar a los médicos del hospital Eugenio Espejo para conocer su versión de este caso. Actualmente, Marco Cazco, quien fue gerente del Hospital ya no está en el cargo. La doctora Ana Lucía Coronel fue retirada de la Dirección Médica y su sucesor, doctor Fernando Torres, dijo que también ha sido retirado del cargo y por lo tanto no puede hablar al respecto.

El director de Comunicación del hospital, Fredy Albán, explicó que el cambio de autoridades complicaba obtener una entrevista con un vocero autorizado en el caso de Carolina Cisneros, pero ofreció una versión para los próximos días. Señaló también que se está realizando una auditoría médica sobre lo ocurrido y que sus resultados serán primero discutidos con la familia antes de que el Hospital se pronuncie públicamente. Este portal cumple, de esta forma, con sus obligaciones legales de contrastar y verificar la información. 

 

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