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15 de Septiembre del 2020
Historias
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15 de Septiembre del 2020
Redacción Plan V
La pandemia condenó a La Mariscal al silencio nocturno
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La mayor parte de locales y centros turísticos de la Plaza del Quinde, sobre la calle Foch y Almagro, no sobrevivieron a la pandemia.  Fotos: Luis Argüello. PlanV

 

El tradicional barrio turístico y sede de la vida nocturna quiteña languidece como consecuencia del azote del coronavirus. Los moradores organizados creen que por lo menos 25 mil personas viven en el sector, y le apuntan a reactivar su barrio con comercios al aire libre en las zonas de parqueo. El Municipio anunció un plan para reactivar la Amazonas, pero decenas de locales de comidas y abarrotes que dependían de la burocracia del sector han tenido que cerrar.

La calle Calama ya no es lo que fue. El tramo entre Amazonas y Seis de Diciembre, en otra época lleno de bares, restaurantes y centros de diversión nocturna luce desolado, a tono con el impacto global de la pandemia por coronavirus, que se lleva a su paso vidas, negocios y emprendimientos. Las puertas están cerradas, los locales vacíos. Ya no se ven los grupos de jóvenes que buscaban un sitio a dónde entrar un viernes por la tarde. Ni los camiones que abastecían de cerveza a los locales, ni los turistas extranjeros, de aspecto europeo o norteamericano, en busca de un hostal económico en donde pasar la noche.

Aunque el estado de emergencia ha cesado, el Municipio, la semana anterior, anunció que seguirán cerrados los bares, las discotecas y los centros nocturnos, como prostíbulos y similares. También enfatizó que no podrán operar los gimnasios, los spa, los saunas, las piscinas y otros sitios en donde haya mala ventilación y demasiado contacto físico. Así que la situación, para los centros de vida nocturna de La Mariscal, no va a variar. 


Este hotel, ubicado en la Plaza del Quinde (Foch) cerró debido a la cuarentena.


Los turistas dejaron de visitar La Mariscal luego del cierre de las fronteras mundiales. 

El Municipio anunció que continuarán cerrados sitios en donde haya mala ventilación y demasiado contacto físico. Así que la situación, para los centros de vida nocturna de La Mariscal, no va a variar.

En la Plaza del Quinde, conocida popularmente como "La Foch" la mayoría de los locales han cerrado. Restaurantes, bares, terrazas, y hasta un hotel, todos pertenecientes al mismo grupo, están cerrados debido a la falta de clientes. Solamente el costado sur oriental, que pertenece a un poderoso grupo económico, se mantiene atendiendo con normalidad con un restaurante en su piso alto. Una de las cafeterías que operaba en ese edificio también ha cerrado ya. La calle que recuerda al mariscal francés, héroe de la Primera Guerra Mundial, ha perdido su habitual movimiento. A una cuadra de ahí, el local de una conocida cadena de hamburguesas también cerró sus puertas. 


Las lavanderías del sector, que atendían a turistas y a hoteles y hostales se vieron obligadas al cierre. 


Los centros de diversión nocturna no podrán abrir por tiempo indefinido. Los locales están en venta. 


En Calama y Reina Victoria, los letreros de "se arrienda" dominan la esquina y las manzanas cercanas.

El que fue el epicentro de la vida nocturna capitalina luce desolado y vacío. A pocas cuadras, una famosa discoteca de la comunidad LGBT y el edificio que la albergaban están en venta desde hace varias semanas. En un aviso en sus redes sociales, el propietario explica que vende el edificio completo, junto con su amplia discoteca. El lugar está en la calle Baquedano, cerca de Seis de Diciembre y ahí tampoco hay ya movimiento nocturno. 

De ciudad jardín a ciudad nocturna

La Mariscal, que empezó siendo un barrio de clases acomodadas, en donde grandes casas unifamiliares con jardines vieron crecer a varias generaciones, se convirtió con el tiempo en un zona de hostales para turistas de bajo presupuesto, y, sobre todo, bares y discotecas a donde iban sobre todo jóvenes. La vida nocturna trajo otros problemas, como prostitución, venta de drogas e inseguridad, mientras algunos de los residentes originales vendieron las casas de sus familias que terminaron convertidas en bares, hostales y cervecerías en donde la jornada empezaba tarde y podía extenderse hasta la madrugada. 

El que fue el epicentro de la vida nocturna capitalina luce desolado y vacío. A pocas cuadras, una famosa discoteca de la comunidad LGBT y el edificio que la albergaban están en venta desde hace varias semanas.

Pero La Mariscal era también el hogar de buena parte de la burocracia capitalina. Ahí funcionan el Servicio de Rentas Internas, el Ministerio de Inclusión Social, el Ministerio de Relaciones Exteriores, varios edificios de la Policía, la Fiscalía, y el Cuartel General del Cuerpo de Bomberos de Quito, entre otras instalaciones estatales. Además, en los edificios de oficinas de la zona había empleados privados de todo tipo y todas estas personas salían a comer y a comprar en los negocios del sector. 


El edificio judicial de la calle Juan León Mera luce cerrado y vacío. La mayor parte del sistema legal sigue paralizado o en teletrabajo. 

La Mariscal se posicionó también como un barrio turístico: hoteles grandes como el Mercure, el Hilton Colon, el Reina Isabel, el Rio Amazonas, entre otros, ofrecían alojamiento junto con hostales adecuados en las grandes casonas del barrio original. Se estima que hasta siete mil personas podían alojarse en los distintos hoteles y hostales de la zona turística.

En el corazón de La Mariscal, la iglesia gótica de Santa Teresita compite con sus elevadas torres con los modernos edificios cercanos, pero por efecto de la peste que azota al mundo, aunque ha retomado sus servicios católicos, lo hace con restricciones de bioseguridad y aforo.

En la avenida Amazonas, hay locales en donde se ha puesto el cartel de "Se arrienda", mientras que en el cercano barrio de La Floresta, la situación es similar. En calles como Isabel La Católica y Toledo varios restaurantes tuvieron que cerrar al no poder atajar el golpe económico de la cuarentena.

 
La Iglesia de Santa Teresita ha abierto sus puertas desde hace tres semanas. Hay dos misas por día.

Los hoteles ya estaban en crisis

Pero la crisis del sector hotelero de La Mariscal ya venía desde antes de la pandemia. En enero de este año, cuando el coronavirus era solo una lejana noticia que venía del Asia, los hoteleros de la zona sostenían que en los últimos cinco años, su ocupación de camas había disminuido en un 50%. En el barrio, algunos hostales empezaron a cobrar cinco dólares por noche, lo que llevó a la baja las tarifas para alojarse en La Mariscal.  En 2019, sin que hubiera pandemia de por medio, habían cerrado por lo menos 30 establecimientos del sector turístico. En ese mismo año, un informe de Quito Turismo daba cuenta de que en La Mariscal había 1.125 negocios, de los que 673 se dedicaban a la venta de alimentos y bebidas, 148 eran alojamientos, 234 al turismo, 53  eran centros de diversión y 17 ofrecían transporte a los turistas que llegaban, sobre todo, para visitar los sitios cercanos a Quito. Quito Turismo calculó en 2019 que de los 684 390 arribos de turistas internacionales a Quito, por lo menos el 11,6% visitó La Mariscal pero no se hospedó en el sector. 


Descuentos y promociones se ofrecen en las hostales de la zona para atraer a los pocos turistas.

Para fines de agosto, las cifras de Quito Turismo empezaron a registrar un nuevo impacto en La Mariscal, este sí atribuible exclusivamente a la pandemia que ataca con fuerza la capital. Se estimó a principios de septiembre que hasta un 13% de los negocios turísticos, sobre todo en La Mariscal y el Centro Histórico, habían cerrado debido a la pandemia.


Esta hostal en la Av Diego de Almagro se encuentra en venta, sin embargo sigue funcionando. Se rentan habitaciones desde 8 dólares como promociona en su puerta.

Se estimó a principios de septiembre que hasta un 13% de los negocios turísticos, sobre todo en La Mariscal y el Centro Histórico, habían cerrado debido a la pandemia.

El Municipio, de su lado, anunció un plan para reactivar el sector. El pasado 6 de septiembre, se hizo presente en la Amazonas el alcalde metropolitano, Jorge Yunda. Su presencia fue para observar cómo algunos de los comerciantes instalaron puestos de comida en las aceras de la Amazonas, pues el Municipio, a tono con los criterios globales, cree que se debe promover el funcionamiento de terrazas para bares y restaurantes al aire libre. Los locales mal ventilados, se afirma, son un foco de infección de la peste, pues el coronavirus flota en forma de aerosol en el aire. Según el Municipio, "la utilización ordenada del espacio público, a lo largo de la avenida Amazonas, evitará la concentración de personas en los locales y así, se atenderá a más clientes".

Yunda, citado por los medios del Municipio, dijo que reactivar La Mariscal “es el gran objetivo, ahora, después de esta pandemia es seguir reactivando la economía de manera sostenida, responsable y libre para poder tomarnos las veredas, las calles, pacificar muchas avenidas". Además de la Amazonas, dijo el Municipio, se promoverá medidas similares en calles como Lizardo García, Joaquín Pinto, y en la  Isabel La Católica en La Floresta. 


En la Avenida Isabel La Católica, en La Floresta, hay también  locales vacíos.


En el barrrio La Floresta Muchos restaurantes destacan también en sus fachadas que permanecen abiertos.

Las propuestas de los moradores 

Iván Alemán, del Comité Promejoras y la Asamblea Barrial de La Mariscal, tiene dos negocios de comidas en el sector. "El barrio se ha vuelto totalmente  inactivo", destaca, y precisa que el sector comercial del barrio ha sufrido un impacto significativo. Los moradores estiman que en la época previa a la pandemia, por lo menos 150 mil personas visitaban diariamente La Mariscal por diversas actividades. 

"Empresarios, oficinistas, estudiantes de colegios y universidades pasaban por nuestro barrio. Pero ahora es un barrio fantasma", explica Alemán quien destaca que en la zona hay museos, parques, y otros atractivos. 


En Carrión y Juan León Mera varios inquilinos devolvieron sus locales comerciales, pero otros emprendedores preparan nuevos negocios a pesar de la crisis. 

El dirigente barrial cree que hasta el 60% de los comercios en La Mariscal han cerrado, entre la vida nocturna, las agencias de viajes, las cafeterías y restaurantes. "Por todo lado hay letreros de se vende y se arrienda", explica el activista.

El dirigente barrial cree que hasta el 60% de los comercios en La Mariscal han cerrado, entre la vida nocturna, las agencias de viajes, las cafeterías y restaurantes. "Por todo lado hay letreros de se vende y se arrienda", explica el activista. Y es que los arriendos en la zona siempre fueron caros, por lo que muchos comerciantes del sector ya no pudieron seguirlos pagando cuando la pandemia afectó el flujo de personas. Por ejemplo, alquilar una casa grande para convertirla en hostal podría llegar a costar hasta USD 2500 mensuales. Algunos propietarios han negociado la baja de arriendos. Un local pequeño en cambio, no cuesta menos de USD 400.

Alemán tiene dos restaurantes uno de los cuales tuvo que cerrar. "Con la pandemia los empleados públicos y privados están en teletrabajo", esto afectó a los locales como el de Alemán, quien afirma que sus comensales se han reducido en un 90%. Hasta las cadenas como KFC y Caravana han tenido que cerrar sus locales, explica, por lo que los pequeños locales de hasta 40 personas de aforo han sido los más golpeados por la crisis. Se calcula que había más de 200 pequeños restaurantes y ahora han quedado 30 o 40. Por un local de 56 metros cuadrados para su restaurante, Alemán pagaba 550 dólares, pero logró negociar con el dueño del sitio para que le baje el arriendo a USD 250 mientras dura el impacto de la pandemia en el país. "Otras personas han decidido que mejor es cerrar y pedirles los locales", relata y por eso hay muchos sitios simplemente cerrados. 

Sobre la crisis del sector turístico, Alemán asegura que desde hace por lo menos cinco años los hostales que funcionan en las casas patrimoniales se ha enfocado en alquilar sus espacios a los inmigrantes, por tarifas que llegan a apenas tres dólares por noche. Sobre los jóvenes que venían de América del Norte y Europa, cree que la inseguridad empezó a afectar ese flujo, y el cierre de los cielos por la pandemia lo complicó. "Si usted ve un turista en el barrio es un milagro. Hace años que la violencia y los robos empezaron a espantar a los extranjeros", asegura. 

"Si usted ve un turista en el barrio es un milagro. Hace años que la violencia y los robos empezaron a espantar a los extranjeros" asegura Iván Alemán.

El plan del Municipio, destaca el activista de La Mariscal, debería ser "más participativo" pues la Asamblea Barrial de la Mariscal no fue invitada a participar del plan municipal anunciado por el alcalde Yunda. "Tememos que sea un intento fallido, nuestra propuesta para la toma del espacio público era distinta a la que ha planteado el Municipio", afirma. 

El fomento del turismo interno es una de las propuestas que impulsan los vecinos. Proponen que la ciclovía se extienda a varias calles del barrio, que se logre una semipeatonización y que se les permita ubicar stands en los espacios de parqueo que actualmente conforman la zona azul de parqueo tarifado. Ahí se podrían colocar, según los moradores, espacios como jardines  con estructuras de madera y otros sitios amigables, sobre todo, para los moradores del sector, pues se estima que por lo menos 25 mil personas viven en la zona. Combatir la inseguridad, la venta de drogas y la prostitución sería una de las salidas para que la gente del barrio lo recupere, finaliza Alemán. 

 

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