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15 de Noviembre del 2013
Historias
Lectura: 8 minutos
15 de Noviembre del 2013
Redacción Plan V
La revancha del boxeador Bone

Fotos: Gianna Benalcázar

Erick Bone tiene 24 años. Es dueño de una letal combinación de jab y gancho.

 

Bone entrena bajo la dirección del panameño Rigoberto Garibaldi. Lo hace de lunes a sábado.

 

El boxeador usa pesas para fortalecer su cuerpo. Hace incontables repeticiones de cada ejercicio, no las mide por repeticiones sino por tiempo.

 

Bone entrena en el gimnasio de La Tola desde hace una década.

 

El tradicional gimnasio de La Tola luce descuidado. Allí entrena el campeón.

 

El 29 de noviembre Erick Bone defiende su título Sudamericano. Es una pelea en que deberá mostrar toda su técnica para regresar al camino hacia el título Mundial. 'Plan V' se acercó al deportista para conocer su preparación antes de su regreso al cuadrilátero.

Erick Bone está en ese viejo gimnasio de La Tola, en el centro de Quito. Dentro la luz es escasa. Luce polvoriento. Las pesas son hechas de una mezcla de cemento y no tienen marcado el peso real. El multifuerzas está destrozado por el uso. Las lonas de los cuadriláteros están rotas. Los escupideros llenos de basura. Los punching bag largos y los que están pegados en la pared, están viejos y algunos desprendidos.
Ahí ejercita sus brazos.  Trabaja los tríceps en una grada del lugar. Hace varias repeticiones de esos ejercicios -fondos- en los cuales parece que está sentado y sólo se apoya con las manos en el filo del escalón. Hace repeticiones muy rápidas.

Bone es el actual campeón de box sudamericano en la categoría de 140 libras y se prepara para defender su título el 29 de noviembre. Una pelea que es una revancha personal. ¿Por qué? El cuatro de octubre pasado tuvo la oportunidad de conseguir el título Latino ante el panameño Alberto ‘Metralleta’ Mosquera. En el combate, que fue en el Coliseo Julio César Hidalgo de Quito, los 12 asaltos no bastaron para que Bone triunfe porque en la puntuación final los jueces determinaron que Mosquera fue mejor.

El entrenamiento termina. Ha ejercitado los pectorales, los bíceps, las pantorrillas. Ha hecho incontables abdominales. Pero luce como si nada… La defensa del título sudamericano es la revancha consigo mismo. Bone cree que él fue el mejor en la última pelea y que los jueces no realizaron un trabajo minucioso de calificación: “Me sentí mal porque el juez ecuatoriano me hizo un daño. Gané mi pelea, siento que gané la pelea. Luego me sentí hasta desmotivado porque no estaba preparado para perder. Fui a mi casa y el entrenador, el empresario, la gente que me estaba apoyando dijeron que me vieron ganador y eso me dio fuerza”.

Sin embargo, es el desquite personal porque sabe que ese día cometió errores. En el boxeo lo que más sirve en el momento de dar un golpe es tener la cabeza fría. Pero en un momento Bone perdió el control sobre sí mismo. Lo acepta. “El tipo era bastante mañoso, con experiencia, me abrazaba, me metía los dedos en los ojos, me daba vueltas… Entonces me llene de ira y quise acabar la pela con fuerza y me descontrolé. Cuando uno actúa con fuerza los golpes se avisan. Y él los veía y se esquivaba. El boxeador no puede pelear con ira porque hace mal las cosas”.

Bajo la dirección del panameño Rigoberto Garibaldi y el manejo de Ramiro Delgado, Bone espera tener una nueva oportunidad por el título latino que es la antesala del campeonato mundial en su categoría. Y así, finalmente, darle al país el lugar de privilegio que buscan los boxeadores ecuatorianos.

Lo que sí es cierto es que Erick Bone, de 24 años, carga una historia de esfuerzo. Su inicio en el boxeo fue a sus 10 años. Recuerda que todos los días iba al gimnasio de San Juan, otro barrio del centro de Quito, para ver los entrenamientos de su padre. “Un día, en que él no estuvo ahí, me quede observando cómo practicaban y un entrenador de los menores me llamó y me hizo pelear con un niño que ya tenía algún tiempo entrenando. Me ganó porque yo no sabía pelear. Entonces decidí ‘sacarme la pica’ y comencé a entrenar, pero al final nunca me pude desquitar de ese chico”.

A los 12 años fue campeón en un torneo que se realizó en Orellana. Fue su primera medalla de oro como peleador de la selección de Pichincha. Luego peleó en Manabí y otras provincias, llegó a las selecciones nacionales. Como amateur juvenil tuvo el reconocimiento de varios entrenadores. Y al ser senior pudo despuntar definitivamente.  

Uno de los momentos más alegres de su carrera es la participación en los juegos Bolivarianos de Sucre 2009, realizados en Bolivia. Cuenta cómo el equipo lo animaba para ganar. “Ese año yo era el menos opcionado de mi equipo para obtener una medalla. En los pronósticos ni siquiera aparecía. Durante las prácticas, mis entrenadores y mi excompañero, Manuel Díaz, que se retiró del box, me colgaron un cartel encima de mi cama en la concentración que decía: ‘Campeón de los Juegos Bolivarianos 2009’. Esto me motivo porque cuando no quería levantarme a las 05:00 para entrenar miraba el cartel, dejaba la cama rápidamente y salía a dar todo en cada práctica”. Obtuvo la medalla de oro.

Desde ahí empezó su sueño de conseguir el título mundial. Una de sus primeras peleas profesionales fue ante Patricio Calero, un exboxeador de larga trayectoria en Ecuador y actual presidente de la Federación Ecuatoriana de Boxeo. En aquel enfrentamiento Bone lo derrotó en un asalto. Este hecho marcó un precedente en su carrera y después de 11 peleas sufrió su primera derrota con ‘Metralleta’ Mosquera.

Sus innatas rapidez, fuerza y precisión en los golpes, ahora están pulidas. Es poseedor de una técnica que hace que sus pies se muevan muy rápido en el cuadrilátero, puede esquivar furiosamente los golpes, y posee una combinación de jab y gancho que ha enviado al piso a sus rivales. Eso, combinado con la enmendación de errores, como mantener la cabeza fría… puede ponerle de nuevo con fuerza en el camino para el título mundial.

También tiene una historia de tenacidad en casa. Allí, la microtenista Daniela Andrade, su pareja, es la que manda. El púgil resume ese capítulo de su vida en un refrán de la sabiduría popular: “El que la sigue la consigue”. Relata que al principio Daniela no le hacía caso, el primer paso fue contacto por redes sociales, saludo de cumpleaños, salidas con amigos… Ahora viven juntos y procrearon al pequeño Darley Bone.

Ser padre es también un reto para él. Y lo cuenta: “Viví una infancia muy dura porque mis padres se separaron cuando tenía 12 años, yo quiero que mi hijo crezca con su padre y con su madre siempre. Por eso tomé la decisión de formar un hogar, para darle un buen ejemplo a mi hijo y ser un buen padre”.

Tiene la mente fuerte para superar los retos profesionales y personales. Entrena de lunes a sábado, de 11:00 a 14:00, en el gimnasio de La Tola. En medio de los implementos que parece que no han sido renovados en una década. Bone asiste para mejorar su técnica. “Al boxeo, en general, hay poco apoyo pero este es uno de los mejores gimnasios del país. En Quito hay muchos pero los más reconocidos son este, el de Chimbacalle, de San Juan, Cotocollao y La Bota”.

Ahora ha conseguido más peso. Pero no puede medir su potencia. No tiene un preparador físico que lleve los números. Pero su compañera, su hijo, su entrenador y el empresario que lo apoya le ayudan en su sueño. Él tiene confianza. “Gracias a Dios mi sueño de ser campeón mundial se está dando”.

-Con reportería de Juan Pérez 

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