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3 de Agosto del 2021
Historias
Lectura: 15 minutos
3 de Agosto del 2021
Redacción Plan V
Una nueva generación de edificios altos cambia el paisaje de Quito
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La fotografía en la línea del horizonte, tomada desde un dron, muestra la proporción de dos nuevos edificios que se levantan en el lado oriental de La Carolina versus sus pares del entorno. Fotos: Luis Argüello / PlanV

 

El hípercentro de Quito crece hacia arriba. Desde el 2017 más de 360 proyectos de grandes edificios marcan una nueva tendencia urbana, que no está exenta de problemas y críticas, pero que para sus promotores significan un proceso de densificación hacia una ciudad de rascacielos.


El paisaje capitalino cambia de manera significativa, sobre todo, en las zonas del hipercentro de Quito, en donde las construcciones más altas de la ciudad, que tradicionalmente no podían superar los 16 pisos, serán pronto superadas por nuevas edificaciones. 

La ciudad, durante la mayor parte de su historia, tuvo en las torres de las iglesias sus puntos más elevados. Torres como las de San Francisco, La Merced o el desaparecido campanario de La Compañía llegaron a alcanzar los 50 metros de altura. 

Pero con los desarrollos inmobiliarios de los años 60 y el uso de nuevas técnicas construtivas, los edificios de Quito empezaron a ser más altos, como es el caso de la matriz del IESS (conocido hasta la actualidad como "La Caja del Seguro") con 11 pisos y 50 metros de altura, o el edificio Benalcázar Mil, con 22 pisos y 73 metros de altura.


Los tres edificios en San Blas que rompieron el entorno del Centro Histórico.

Cerca de ahí, otro edificio de 22 pisos es la sede del Gobierno de la Provincia, y el edificio de la Corporación Financiera Nacional (que actualmente alberga a la Fiscalía General del Estado) que tiene 23 pisos y 83 metros. Hasta 115 metros se elevan las torres de la Basílica del Voto Nacional, terminada en los años 80 como un réplica de una iglesia gótica europea. 

La ciudad, durante la mayor parte de su historia, tuvo en las torres de las iglesias sus puntos más elevados. Torres como las de San Francisco, La Merced o la desaparecida torre de La Compañía llegaron a alcanzar los 50 metros de altura.


El llamado Edificio Cofiec, en la esquina de las avenidas Patria y Amazonas, al pie del lado norte de El Ejido, fue en su momento el inicio de la llamada zona "moderna" de la ciudad.

Edificios con vista al parque

En torno al parque de La Carolina se levantan edificios que podrán alcanzar hasta 32 pisos, el doble de lo que se podía edificar en Quito durante décadas, sobre todo, porque el sector estaba en la ruta de aproximación del antiguo aeropuerto Mariscal Sucre. Proyectos como Iqon, que se convertirá en la torre más alta de la capital, con 132 metros, evidencian un boom de desarrollos inmobiliarios en la ciudad. Las nuevas edificaciones tienen por lo menos 24 pisos, y, en la avenida Naciones Unidas han dejado pequeños a los bloques del Centro Comercial Naciones Unidas, CCNU, que tradicionalmente eran los más altos del sector, junto con el ex edificio bancario que alberga a la Corte Nacional de Justicia. Algunos de estos proyectos son los edificios One, Unique e Imagine, que ya se encuentran terminados. Varios de estos nuevos edificios alcanzan ya los 100 metros, aunque, en rigor, un "rascacielos" debería alcanzar por lo menos 150 metros. 

A pesar de que estos edificios parecen muy altos, lo cierto es que hay torres más altas en ciudades como Santiago de Chile, en donde la torre Costanera alcanza los 300 metros; en Lima, en donde el edificio Torre Banco de la Nación tiene 140 metros; en Bogotá con el edificio BD Bacatá de 216 metros, o en Buenos Aires, donde la Alvear Tower logra 239 metros. 

Un resolución municipal aprobada en la administración de Mauricio Rodas como alcalde metropolitano, permitió que las empresas constructoras paguen un valor a la ciudad para poder levantar edificaciones más altas. Además es posible que las constructoras realicen obras de desarrollo urbano como parte de sus proyectos, como son bulevares, aceras, u otro tipo de infraestrucura. 


La fotografía muestra la dimensión comparativa de un proyecto de vivienda y oficinas frente a los demás edificios.

A pesar de que estos edificios parecen muy altos, lo cierto es que hay torres más altas en ciudades como Santiago de Chile, en donde la torre Costanera alcanza los 300 metros; en Lima, en donde el edificio Torre Banco de la Nación tiene 140 metros; en Bogotá con el edificio BD Bacatá de 216 metros, o en Buenos Aires, donde la Alvear Tower logra 239 metros.


Otro proyecto de apartamentos de vivienda y oficinas en la zona de las Naciones Unidas y Amazonas.

En cada parte de la ciudad, las normas de las construcciones se regulan según el  Plan de Uso y Ocupación de Suelo (PUOS)  pero el Municipio decidió aumentar las alturas en las zonas cercanas a las estaciones del Metro, pues se pretende que el nuevo sistema de transporte público atraiga más usuarios y que éstos puedan llegar con facilidad a acceder a los servicios caminando no más de 15 minutos, de manera que no sea necesario el uso del automóvil.  Estos conceptos, desde luego, fueron anteriores a la pandemia del coronavirus, que golpeó de manera significativa el uso masivo del transporte público, pero podrían retomarse una vez que la enfermedad esté controlada en el futuro. 

En teoría, construir en altura para que más personas vivan en zonas en donde ya hay servicios consolidados, como agua potable, electricidad, alcantarillado, internet y transporte es preferible que realizar nuevos desarrollos en zonas en donde no hay todos esos servicios. Es lo que se conoce como densificación. 

Las nuevos desarrollos se enmarcan entre la avenida Patria, al sur, y la Naciones Unidas en el norte y prácticamente ninguno se encuentra en el Centro o el Sur de la ciudad. Se estima que entre 2013 y 2019 se habían aprobado por lo menos 369 proyectos en la zona. 


Dos nuevos edificios en las avenidas Naciones Unidas y Amazonas, en el sector de Iñaquito, una zona que está en la mira de los grandes constructores para su repotenciación. 

Nuevas torres y normas obsoletas

Pero, ¿qué consideraciones deberían tenerse en cuenta en este nuevo boom inmobiliario? Para el arquitecto Bayardo Galindo, del estudio de arquitectura Espiga, es importante reflexionar sobre "¿qué se puede hacer cuando una urbe experimenta un “estirón” (aupado por un desmesurado interés financiero) que escapa a las regulaciones establecidas o que hace que dichas regulaciones sean, por decir lo menos, inadecuadas, obsoletas y caducas para regular dicho fenómeno?".

Galindo apunta a que hay algunas normas contradictorias en la edificación en altura en la capital y propone algunas soluciones: "realizar una reestructuración de todo el Plan de uso y ocupación de suelo (PUOS): es imposible pensar que una normativa diseñada para regular una ciudad pequeña, cuya esencia básica no ha cambiado desde mediados del siglo XX pueda servir para regular una metrópoli que ya bordea los tres millones de habitantes".

Galindo concuerda con que "el desarrollo vertical es fundamental para el crecimiento ordenado, aumenta la densidad sin sacrificar la extensión, concentra dotación de servicios y reduce el impacto del crecimiento sobre los valles que siguen (y deben seguir) siendo un recurso urbano valioso para mejorar la calidad de vida, pero este desarrollo no puede darse supeditado únicamente al valor del terreno, este crecimiento tiene la obligación de ir de la mano con la dotación de un espacio público de calidad".

Para el arquitecto Bayardo Galindo, "la posibilidad de la “compra de pisos", lo único que consigue es ahondar más el problema, privilegiando el poder económico por sobre la faceta humana de la ciudad.

Sobre las facilitades que han tenido algunos constructores para hacer edificios más altos, el profesional destaca: "Ahora existe la posibilidad de la famosa “compra de pisos", que lo único que consigue es ahondar más el problema, privilegiando el poder económico por sobre la faceta humana de la ciudad. Esa herramienta debe ser implementada de forma cuidadosa y por sobre todo ética, para que no seamos en poco tiempo una ciudad con un núcleo plagado de rascacielos a los que no les llega el sol, ya que, aunque esos edificios se coticen con los precios más altos del mercado, siguen constituyendo la forma más hipócrita de tugurización".

Este portal solicitó una entrevista con un vocero del Colegio de Arquitectos de Quito sobre este debate, pero obtuvo la siguiente respuesta: "el Colegio no acostumbra a emitir opiniones sobre proyectos puntuales, apoya y promueve el ejercicio de la profesión sin ningún tipo de preferencias. Nuestros voceros y voceras se pronuncian sobre una edificación específica cuando está en situación de vulnerabilidad y se pone en riesgo su valor arquitectónico y/o patrimonial o cuando el proyecto pudiera afectar alguna condición de la ciudad. De lo contrario, abordan temas más generales o problemáticas urbanas que necesitan ser visibilizadas para buscar una solución urgente", por lo que declinaron comentar las nuevas edificaciones y desarrollos en el hipercentro capitalino.

Según el Colegio de Arquitectos "Nuestros voceros y voceras se pronuncian sobre una edificación específica cuando está en situación de vulnerabilidad y se pone en riesgo su valor arquitectónico y/o patrimonial o cuando el proyecto pudiera afectar alguna condición de la ciudad".

Dos constructores se pronuncian:
densificar y repoblar Quito

Los representantes de dos constructores fueron consultados por PLANV sobre este tema. El principal de la empresa Uribe & Schwarzkopf, Joseph Schwarzkopf y el constructor Daniel Elmir, quien también forma parte del colectivo Constructores positivos, coincidieron en que Quito debe tener una mayor construcción en altura. 

Para Elmir, desde 2016, en la cumbre Hábitat III se recomendó que las ciudades andinas deben crecer en altura con un diseño orientado al transporte público, lo que también debe darse en el sur de Quito, con edificios con comercios, oficinas y departamentos que construyan nuevas centralidades. Elmir destaca que se necesitan por lo menos 400 mil usuarios para lograr la rentabilidad del Metro. 

De su lado, Schwarzkopf destaca la necesidad de densificación y ordenamiento territorial atada la nueva dinámica del metro, que motivará que mucha gente quiera vivir en esos sectores. El constructor destaca que la ciudad nunca va a dejar de crecer por su condición de capital y de ser el mercado laboral más grande. "La estética es un tema subjetivo, se está arreglando el skyline de Quito y la vista en todo lado que tenemos. La ciudad  no puede crecer como un pulpo y no debe salir de la ciudad hacia los valles", explica, por lo que asegura que las estaciones del Metro permitirán nuevos desarrollos a lo largo de la ciudad. "Hay que pensar en dónde quiere vivir la gente y busca estar cerca de servicios, comercios y transporte", explica.

Por su parte, Elmir sostiene que la época de las grandes casas unifamiliares ya pasó, por lo que es necesario un cambio de mentalidad en Quito. "La ciudad ya no podrá ser una ciudad de casas, eso es inviable e insostenible", ya actualmente la capital tiene 61 habitantes por hectárea cuando las normas internacionales recomiendan por lo menos 150 habitantes por hectárea. Elmir sostiene que los servicios instalados en la ciudad solamente son ocupados en el 30%, por lo que aún deben aprovecharse mejor los servicios en la ciudad. 

El constructor Daniel Elmir sostiene que los servicios instalados en la ciudad solamente son ocupados en el 30%, por lo que aún deben aprovecharse mejor los servicios en la urbe.

"Todas la grandes capitales de América Latina tienen edificios respetables y somos el único país que no ha dado el salto de generar vivienda en altura", explica Elmir, quien asegura que su constructora está analizando la edificación de torres más altas que "dejen una huella en la ciudad". 

Sobre la demanda, Schwarzkopf destaca que el sector de la construcción es uno de los más golpeados de la economía debido a la pandemia y la recesión. A pesar de ello, los nuevos proyectos necesitan por lo menos cinco años plazo, mientras que la demanda fue afectada hasta en un 50% por la pandemia. Sobre la oferta, destaca que no hay monopolios sino que se trata de un negocio "muy diluido entre varios" y descartó que haya grupos que estén concentrado el poder de mercado.

Elmir destaca que "Quito se está despoblando" con la migración  de la gente hacia los valles, lo que significa que haya nuevas reformas urbanas, como construir un nuevo estadio en el Bicentenario y construir elementos que signifiquen que la gente ya no deba movilizarse. 

Schwarzkopf sostiene que el nuevo PUOS que se discute debería planificar la ciudad para los próximos 25 años, tomando en cuenta los incentivos, las vías y los servicios que el Municipio debe planificar, así como la creación de nuevas centralidades. Para el constructor y promotor inmobiliario, no hay razón para temer que exista un oligopolio en el mercado de la consrucción en Quito, pues hay muchísmos constructores con la más variada oferta y "el más grande no supera el seis por ciento de la oferta" de construcción.

Joseph Schwarzkopf sostiene que el nuevo PUOS que se discute debería planificar la ciudad para los próximos 25 años, tomando en cuenta los incentivos, las vías y los servicios que el Municipio debe planificar, así como la creación de nuevas centralidades.

Por su parte, Elmir sostiene que es importante lograr que Quito se vuelva a repoblar, y que las personas quieran volver a vivir en la ciudad y menos en los valles, lo que permitirá un mejor uso de los recursos públicos en atender la calidad de vida de los habitantes de la capital.

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Una nueva generación de edificios altos cambia el paisaje de Quito
 


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