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13 de Octubre del 2019
Ideas
Lectura: 6 minutos
13 de Octubre del 2019
Redacción Plan V
10 tesis sobre la crisis, sus actores y su futuro
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El escenario más probable y quizás deseable frente a otras salidas perniciosas que puedan volverse necesarias, es una nación agotada, debilitada económicamente y ante el escenario internacional, sin ganadores, con poco oxígeno político, con mucho por reconstruir.

   ANÁLISIS   

1. Ecuador vive una crisis en la que se funden  muchas dimensiones. Es preciso mirar las fundamentales para evitar enamorarse de una salida sino prever todas las posibles.

2. Los indígenas, colectivo heterogéneo, luego de una decada de humillación precisaba de una reafirmación de identidad, de capacidad de incidencia. Ninguna medida les afectaba especialmente, pero todas repercutian sobre ellos. Y funcionaron como masa de choque y energía reivindicativa. Sin dirección política y con diferencias sustantivas entre el concurso de radicalidades de una parte de la dirección, por un lado, mientras que,  por otro lado, la dirección política -Comision Política- su partido no alcanzaba la capacidad suficiente para orientar esa energía. La disyuntiva sigue. Pero crece la capacidad del grupo político pues se los necesita para negociar por fuera del estrecho margen de sólo las medidas. Es una vía para restituir a la política, única salida a esta crisis.

3. El sindicalismo, atrapado en su drástica disminución de fuerza y representatividad (el sindicalismo publicó es el significativo) debía entrar sin la fuerza pero de la mano de los indígenas. Buscó diferenciarse con sutileza, pero se diluyó conforme aparecieron otras aristas en la movilización. En estos momentos puede ser una orientación de sensatez.

4. La movilización, lentamente fue inundada por una marea originada en las nuevas realidades de El día después del crecimiento económico y consumos  explosivos de la población en la década perdida. En el país han aparecido nuevas capas de masa marginal urbana, ligadas a diversas modalidades de informalidad e incluso ilegalidad. Inicialmente los transportistas y posteriormente los indígenas cortaron los lazos de su reproducción en los centros urbanos (ventas, tráficos, trabajos). Y reaccionaron como lo han hecho en varias ciudades de América Latina: a través del vandalaje y el saqueo controlan el espacio inmediato por el que antes sólo transitaban. Y se convierten en el material de una explosión social, que se ofrece a toda irresponsabilidad política.

5. Los sectores medios miran los acontecimientos con temor y delegan al régimen a que los controlen. Tímidamente generaron algo de opinión, cuando era cada vez menos eficaz. Al final  buscan expresarse a través de las cacerolas. Pero no alcanzan a ser soportes de la restitución de la política.

6. Los empresarios se escondieron tras los beneficios de las medidas con la esperanza de que no les toque pagar nada, económica y políticamente. Apostaron. Parece que perdieron.

7. El sistema político se diluyó ante la movilización. No hubo nada. Partidos, líderes, organizaciones desaparecieron de la retina y la acción. Unos trataron de navegar en la marea, defendiendo sus territorios, pero pagando el precio de su aislamiento de los territorios de los movilizados y de sus mismos marginales en actitud vandálica. Otros intentaron una actitud propositiva. Pero por más bien técnicamente bien elaborada que fuere, el ruido de la movilización los convirtió en un eco lejano. Y los partidos más próximos a los movilizados se mantuvieron al acecho. Pero no pudieron orientarla, al menos hasta ahora.

8. El correismo, fiel hijo de su propia historia, volvió a tratar de surfear sobre la ola social. Lentamente se infiltraron con radicales primero en las movilizaciones y luego, cuando los indígenas se separaron y los identificaron, optaron por operar con estrategias militares. Asaltaron la Contraloría para limpiar el pasado de su jefe y sus secuaces. Y luego arremetieron contra los medios. Son los agentes del caos, que es el medio para sincronizar, ahora con pretensiones de perpetuidad, a su jefe.

9. El régimen, sin otra fortaleza que la que le otorgan las Fuerzas Armadas y el apoyo norteamericano, optó por una estrategia frente a un anunciado tsunami: que llegue, resistir, y esperar que pase. Siempre vendrá la calma que necesita antes de convocar a elecciones. Que ese será otro tiempo. Pero esta táctica obvia la escena intermedia: la marea puede derrumbarlo todo. Y luego quedará la calma de los inertes. Sólo derrotados. Es cierto que trató de manejarse con cautela y también que fue desbordado por la violencia excesiva e innecesaria en la represión. Como suele ocurrir, para todas las vertientes del conflicto, fue insuficiente. El régimen tensó la cuerda al negarse a revisar las medidas, temiendo que su vida política dependía de ello. Tardó. Y al límite reconoció que podía abrir una agenda más flexible. Los indigenas —Comisión Política— fueron los primeros que hicieron interlocución. Los correistas huyen/apuestan hacia adelante. Se dedican al asalto. Y esperan a que el fuego se mantenga en las provincias para reaparecer.

10. El escenario más probable y quizás deseable frente a otras salidas perniciosas que puedan volverse necesarias, es una nación agotada, debilitada económicamente y ante el escenario internacional, sin ganadores, con poco oxígeno político, con mucho por reconstruir. Fracturado regionalmente, con cercos difíciles de evadir. Especialmente, con una enorme dificultad para diseñar su futuro. El correismo, por su lado, dejaría de apostar a la renuncia del Presidente y apuesta por el caos del cual surja o sea importado Correa como un "salvador".

Tesis final: dicen que "el mesias" no está en Ipiales, como cuando el traslado fue en caballos, sino en Barquisimeto en la época de aviones presidenciales.

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10 tesis sobre la crisis, sus actores y su futuro
 
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