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4 de Enero del 2015
Ideas
Lectura: 5 minutos
4 de Enero del 2015
Natalia Sierra

Catedrática de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Católica de Quito 

2015, un año de desafíos y urgencias políticas
Ni el poder financiero internacional y nacional, ni los grandes grupos de poder comercial, menos aún los grupos culturalmente conservadores representan un peligro para el proyecto de Alianza País, todo lo contrario, al parecer, son su aliados naturales.

El 2014 fue, sin lugar a duda, el año en que el carácter reaccionario y conservador del Gobierno de la "revolución  ciudadana" se hizo evidente. El discurso de izquierda, con el cual Alianza País llegó al poder del Estado, se ha convertido claramente en una retórica superflua de una revolución inexistente, que usada  mediaticamente se transformó, en un primer momento, en instrumento de manipulación ideológica de la población y, en el último período, en justificación  de la política conservadora del régimen.

El bloqueo cínico que el Consejo Nacional Electoral  hizo al pedido de consulta popular, hecho por Yasunidos, para que sea el pueblo  ecuatoriano el que decida sobre el futuro de la explotación petrolera en el Parque Yasuní; la entrega irresponsable y nada soberana de la mitad de la reserva de oro nacional a Goldman Sachs; la apertura al mercado de la deuda externa a los mismos organismos financieros a quienes en el discurso rechaza; el endeudamiento  con la China que en este inicio de año se incrementará; la nefasta y tramposa firma del Acuerdo Comercial (TLC) con la Unión Europea; la represión, persecución y ensañamiento con los jóvenes estudiantes del Colegio Mejia; la criminalizacion de la protesta social; la abierta ejecución de una política retrograda y conservadora a nivel cultural, sellada vergonzosamente con la entrega de la Enipla al Opus Dei; las ilegítimas enmiendas constitucionales que tramita la Asamblea; y por último, y quizá, el acto sintomático más obsceno de la restauración conservadora que ejecuta el Gobierno de la "revolución  ciudadana" en el país: la colonial, racista y opresora decisión de querer usurpar la casa de la Conaie, son todas evidentes muestras de la derechizacion sin retorno del proyecto correista.

La obsesión que el Gobierno tiene por acabar con la organización  política del mundo indígena muestra, con absoluta nitidez, a quiénes el régimen considera los enemigos de su proyecto. Obviamente, ni el poder financiero internacional y nacional, ni los grandes grupos de poder comercial, menos aún los grupos culturalmente conservadores representan un peligro para el proyecto de Alianza País, todo lo contrario, al parecer, son su aliados naturales.

Los sectores sociales que "estorban" al programa desarrollista - basado en la continuación  mejorada del extractivismo, "utopía" que guía a los "revolucionarios" verdes- son los mismos que desde la conquista española han resistido la depredacion colonial capitalista. Ciertamente, no debiera sorprendernos que un Gobierno económica y políticamente funcionario del gran capital y social y culturalmente colonial ataque de manera obsesiva a los movimientos sociales populares y críticos, particularmente a los indígenas. Lo que sí debe sorprender es el cinismo con el cual el Gobierno sigue presentando su proyecto como de izquierda. Más aún sorprende que lo haga ejecutando políticas abiertamente reaccionarias. Inventarse una alianza indígena en apoyo a la "revolución ciudadana", en un claro intento de dividir y lesionar las bases de la Conaie, no solo debería  sorprendernos, sino indignarnos.

El el 2014 asistimos al fortalecimiento de un Estado abiertamente capitalista, colonial y patriarcal que,  de acuerdo a la política que implementa, parece haber convertido en sus enemigos a los indígenas, a los campesinos, a los ecologistas, a los trabajadores, a las mujeres, a los estudiantes y a las diversidades. Un Estado que, en este año que empieza y con la crisis económica que el país puede enfrentar por la caída del precio del petróleo, bien podría  declarar la guerra a los que considera son sus enemigos. En este escenario, el 2015 será un año difícil  para la sociedad ecuatoriana y, particularmente, para los que han sido declarados como potenciales obstáculos  para el proyecto  del régimen. Un año en el que, más que un desafío, es una obligación fortalecer la resistencia de los pueblos, consolidando nuestras otras maneras de existir por fuera y en contra del capitalismo colonial y patriarcal. Un año en que es necesario y urgente actualizar la utopía de otros mundos posibles

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