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27 de Diciembre del 2020
Ideas
Lectura: 5 minutos
27 de Diciembre del 2020
Carlos Rivera

Economista, catedrático de la Universidad de Cuenca. 

2020: un año para el olvido
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Aun cuando se confirme la mejora del entorno externo, éste no va a ser suficiente para reimpulsar el crecimiento, por cuanto tenemos shocks “made in Ecuador”, que han dejado heridas que todavía no cicatrizan.

La economía ecuatoriana está terminando un año para el olvido, afectada por cuatro shocks. El primero, el estallido social de octubre de 2019 y sus secuelas de violencia y deterioro de las expectativas de los agentes económicos, al aumentar la incertidumbre sobre la viabilidad social de los ajustes fiscales requeridos para corregir las cuentas en rojo de las finanzas públicas, afectando la actividad productiva y el comercio. Segundo, la pandemia del Covid-19, que llevó a confinamientos, con efectos en la producción y la actividad principalmente de los servicios con alto contacto personal, como hoteles, restaurantes, turismo y esparcimiento. Tercero, la gran recesión mundial, que desató la pandemia, afectó los precios y volúmenes de las exportaciones y aumentó la incertidumbre global. 

Cuarto, el proceso electoral y ese baratillo de ofertas junto a la vigencia del populismo en casi todo el abanico político que afecta las expectativas de los agentes, en cuanto a la posibilidad de avanzar en reformas de políticas en áreas prioritarias para la ciudadanía, como son la seguridad social, la salud y la educación, y los propios equilibrios fiscales. El caso particular de la seguridad social es una bomba de tiempo, y la capacidad de autofinanciar pensiones futuras está seriamente afectada, salvo que se hagan grandes, aunque poco populares reformas.

Las consecuencias de estos shocks están a la vista: una gran caída de la actividad en 2020 y del empleo con respecto al 2019. Así, el PIB de 2020 sería -8.9% menor que su valor de 2019 y, en el trimestre terminado en septiembre de 2020 el empleo está 2.65 puntos por debajo del nivel mostrado en el mismo trimestre de 2019, con una reducción de 7.99 puntos en el empleo adecuado. Lo que es peor, la pérdida de trabajos se concentraría en actividades que tienden a emplear a mujeres y trabajadores con bajos niveles de escolaridad y de salarios, y en empleos informales.

La pérdida de trabajos se concentraría en actividades que tienden a emplear a mujeres y trabajadores con bajos niveles de escolaridad, y en empleos informales

Tampoco hay que olvidarse que la Covid-19 tendrá efectos profundos de mediano plazo en el mercado laboral, como consecuencia de la aceleración de la digitalización y de la automatización. Estas serán muy amigables con los trabajadores capacitados para usar estas nuevas tecnologías, pero bastante desafectas con los trabajadores de bajos niveles de escolaridad y los que desempeñan tareas rutinarias fáciles de automatizar, lo cual va a terminar ampliando la brecha salarial entre trabajadores calificados y no calificados, exacerbando aún más los conflictos sociales. Para hacer frente a ello, no cabe duda que es necesario tener programas que apoyen a los trabajadores y a las familias más vulnerables, así como a los jóvenes que están entrando al mercado laboral, además de programas públicos intensivos en trabajo y el fortalecimiento de programas de educación técnica hacia la economía digital.

En cuanto a la economía global, justamente cuando las perspectivas de EE.UU. y Europa mejoraban significativamente gracias a los extraordinarios avances en vacunas y al fin del shock negativo “Trump” en el comercio global, el surgimiento de una nueva cepa del Covid-19 vuelve a golpear al mundo. En todo caso y aun cuando se confirme la mejora del entorno externo, éste no va a ser suficiente para reimpulsar el crecimiento, por cuanto tenemos shocks “made in Ecuador”, que han dejado heridas que todavía no cicatrizan.

Finalmente la elección de un nuevo gobierno crea preocupaciones, aunque también genera esperanzas. Entre las preocupaciones y riesgos, son que las reglas de funcionamiento de una economía de mercado, la institucionalidad fiscal y el sistema político se debiliten aún más. Las esperanzas son que se logre generar un acuerdo en principios esenciales, que faciliten el desarrollo de una economía de mercado competitiva, la provisión eficiente de bienes públicos y que se fortalezca el sistema político, reduciendo su fraccionamiento y mejorando su efectividad. Espero que los riesgos no se concreten y las esperanzas predominen.

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