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19 de Enero del 2015
Ideas
Lectura: 12 minutos
19 de Enero del 2015
Andrés Ortiz Lemos

Escritor y académico.

30 S, el día que enfermó la democracia
Si el Presidente estaba secuestrado o retenido es una discusión estéril y una patética masturbación de la semiótica (un pajazo mental, en términos más claros). Imagínese usted que pasaría ahora mismo si la Policía de Moscú golpeara a Vladimir Putin y lo mantuviera ¨retenido¨ en algún edificio apuntándolo con armas y exigiéndole que no se meta con sus aguinaldos por el día de San Petrovich. En serio, ¿Qué cree que pasaría?

Cuando me enteré que el bien amado líder de la Revolución ciudadana estaba intercambiando improperios frente a una gallada de policías furiosos no lo dudé, tomé mi cámara de video y corrí al cuartel, en compañía de un grupo de amigos, tratando de inmortalizar el momento. Lo reconozco, mi corazón es morboso y estaba ávido de captar algunas imágenes hilarantes pues un hecho así no podía dejarse pasar. Sin embargo, cuando llegamos al lugar las cosas parecían más graves de lo que esperábamos. El presidente Correa había sido gaseado, y entre amenazas e insultos había tenido que refugiarse en un hospital cercano. Al principio la situación me pareció pintoresca y cómica, pero pronto me di cuenta que no lo era.

En pocos minutos vi con mis propios ojos como los valerosos policías  que habían jurado protegernos de los chicos malos se abalanzaban furiosos contra cualquier infeliz que portase una cámara de fotos o preguntase más de la cuenta. Pude ver como varias personas recibieron infames palizas por parte de los uniformados. Yo mismo fui amenazado varias veces. A mí nadie me contó lo que pasó ese día, yo estuve ahí. Vimos cómo cada auto que dejaba el hospital era revisado de manera prepotente agresiva y violenta por las ilustres fuerzas del orden.

Nos enteramos que la FAE también estaba tomada, fuimos y lo constatamos, hice fotos, filmé, la cosa parecía seria. Luego nos dirigimos a la Asamblea Nacional. Frente a ella un puñado de personas protestaba por la insurrección de la guardia legislativa. Eran unas pocas señoras de esas que venden chicles y algunos vecinos molestos. De repente el jefe de la escolta salió del edificio y nos amenazó ¨dejen de provocar¨ increpó con una prepotencia inaudita. Pocos segundos después nos dispararon cargas de gas lacrimógeno y no sé qué otras cosas. Por supuesto estábamos altamente indignados. Una cosa era tener que aguantar la insufrible retórica de la Revolución ciudadana y sus lamentables disparates, pero otra muy distinta era bancarse las rabietas estúpidas de un grupo de uniformados. Discúlpeme, pero en mi vida he tenido la oportunidad de leer un par de libros de historia y sé que los modelos autoritarios militares o policiales son cien veces peores que los deprimentes populismos civiles.

Fuimos de nuevo al Hospital de la Policía. Esta vez lo hicimos desde atrás, por la Avenida Occidental, donde una multitud de personas molestas por la prepotencia de los policías se había congregado para repelerlos con piedras y palos. Nos unimos gustosos al desmadre, no porque defendiéramos al Boy Scout, sino porque no nos interesaba que los señores policías nos digan lo que teníamos que hacer con nuestro sistema democrático. Fuimos repelidos con una violencia aberrante. Tengo fotos de chicos quienes fueron impactados con perdigones, varias personas fueron molidas a golpes justo al lado mío, los motociclistas nos trataban de arrollar, y nos llenaron los pulmones de gas. Además la ciudad estaba totalmente desprotegida, los uniformados simplemente dejaron de trabajar y los delincuentes hicieron su agosto. Fue una verdadera vergüenza. Para colmo de males un grupo de políticos de oposición, haciendo alarde de irresponsabilidad aberrante, trataron de aprovechar la insurrección para pescar alguna  oportunidad política.

Si Presidente estaba secuestrado o retenido es una discusión estéril y una patética masturbación de la semiótica (un pajazo mental, en términos más claros). Imagínese usted que pasaría ahora mismo si la policía de Moscú golpeara a Vladimir Putin y lo mantuviera ¨retenido¨ en algún edificio apuntándolo con armas y exigiéndole que no se meta con sus aguinaldos por el día de San Petrovich. En serio, ¿Qué cree que pasaría? Indudablemente las Fuerzas Especiales del Ejército ruso entrarían al lugar en menos de diez minutos y sacarían a los insurrectos en bolsas de plástico; en Estados Unidos pasaría lo mismo, o en Brasil, o en cualquier país del mundo. Es verdad que las irresponsables  bravuconadas de Correa exacerbaron las cosas, no lo niego, sin embargo los principales responsables de las fatalidades de aquel día fueron los policías que apuntaron las armas en contra de su propio pueblo y que de manera inaceptable mantuvieron ¨retenido¨  al Presidente. Las cosas como son.

Pocos hechos han sido tan distorsionados como los acontecimientos del 30 S. Por un lado el gobierno ha utilizado este poco feliz evento como una especie de mito etiológico (fundacional). En efecto, la  cursi propaganda oficial define a esa fecha como ¨el día en que triunfó la democracia¨  explotando su incierto contenido  simbólico de la misma manera que alguien raspa desesperadamente el ¨cocolón¨ en una olla casi vacía de arroz. Por otro lado algunos sectores de oposición han tratado de utilizar, reiteradamente,  las consecuencias trágicas del 30 de septiembre para atacar al Gobierno ante la ausencia, escandalosa, de propuestas que ha caracterizado a buena parte de la sociedad política crítica. Lo cierto  que el 30 S, a pesar de su presencia constante en la memoria pública, no hizo sino develar la debilidad del sistema democrático ecuatoriano, el cual incluye a la sociedad política y civil tanto adscrita al régimen como antagónica del mismo. En parte por las siguientes razones:

El 30 S demostró la escandalosa ausencia en las filas de la Revolución ciudadana de organizaciones sociales que puedan respaldar al régimen en las calles. Fuera de un buen grupo de vecinos indignados por el escándalo que los gendarmes estaban armando, el grueso de los manifestantes en las inmediaciones del Hospital de la Policía eran funcionarios públicos a los que se les pudo haber  ¨sugerido¨ que concurran.

Como dato curioso, cuando las horas de oficina pasaron, la multitud se desvaneció en gran medida. En cuanto a algunos  grupos afines al correismo,  no se me va de la mente la imagen de los militantes del movimiento ¨Nueva Universidad¨ en la Universidad Central, tratando de convencer a media docena de poco entusiastas jóvenes de acudir en defensa del líder revolucionario. (Sí, también estuvimos por ahí tratando de recoger opiniones).

Las reacciones tardías acerca de lo civil. Luego del 30S se generaron,  dos coaliciones que congregaban organizaciones civiles (por llamarlas de algún modo): La coordinadora por la democracia y el socialismo, y la (nueva) Coordinadora de movimientos sociales. Estos fueron los primeros intentos de establecer grupos organizados que puedan respaldar al régimen. Varias de estas agrupaciones jugarían un papel importante en la campaña de la consulta popular del 2011. En todo caso parte del renovado interés por contar con asociaciones ¨ciudadanas¨ se lo debemos a estos hechos tras el fracaso (años atrás) de los comités de defensa de la revolución.

El nulo poder movilizador de los grupos de oposición. Entre los líderes opositores que vieron la revuelta policial del 30 S como algo positivo, estuvo Lourdes Tiban, asambleísta de Pachakutik, quien exclamaría  ¨bien mil veces bien¨  (Cotopaxi noticias  30/09/2010) ante el concierto de violencia que la fuerza pública estaba ofreciendo. Si bien esta legisladora  no tomó la palabra en nombre del movimiento indígena si era una conocida dirigente cuyas posiciones hubieran podido generar algún tipo de respaldo de las bases de las organizaciones con las que está relacionada. Pero no fue así. Ninguna organización social critica al régimen logró  movilizar a nadie ese día para apoyar a los señores policías.

La falta de responsabilidad y compromiso democrático de varios líderes políticos opositores. El Gobierno correista era en ese entonces (y sigue siendo) una estructura civil. Sus aciertos o  desaciertos deben por lo tanto ser cuestionados desde el ámbito de lo civil. Son la sociedad política y las organizaciones sociales las encargadas de establecer dimensiones críticas al régimen, así como de generar propuestas y lograr consensuarlas con la esfera ciudadana. No necesitamos para ello la ayuda de policías ni de militares. No gracias. Al haber respaldado la revuelta varios grupos de oposición demostraron su poco compromiso con la democracia y generaron desconfianza en un alto sector de la sociedad. Me imagino que nadie estará lo bastante loco para creer que un grupo de uniformados es la solución para la crisis democrática nacional. Espero que nadie piense así.

El 30S, le entregó el pretexto perfecto  al gobierno para dividir el plano de lo social en un universo blanco y negro. De repente todos aquellos que se atrevían a criticar a la revolución ciudadana eran ubicados en la zanja de los ¨golpistas¨ y los ¨traidores¨. Recuerde usted ese lamentable coro infantil que cantó durante la última posesión del Presidente un estridente himno que incluía una estrofa que decía ¨cómo será la patria  sin los traidores…¨ En efecto, como yapa los medios de comunicación han sido bombardeados de propagandas cursis en referencia al 30 S, desde la famosa Megan, hasta lamentables representaciones teatrales en sketch oficiales que circulan por la red (como por ejemplo esta). Terrible, un insulto a la inteligencia.

El 30S  no triunfó la democracia.  La revuelta policial del 30S, sacó lo  peor de todos los actores de la sociedad política que estaban interactuando, ya sean opositores o gobiernistas.  Los primeros lo usaron como un atajo para contrarrestar a su antagonista, y los segundos lo aprovecharon para constituir una sociedad dicotómica y binaria (dividida) entre buenos y malos. Lo peor de todo es que parece que no hemos aprendido nada de este asunto. Los grupos opositores siguen legitimando la injustificable violencia de los policías insurrectos, y restándoles la responsabilidad de los hechos, y los actores gubernamentales siguen raspando la olla del  30S para intentar mantener desesperadamente un escenario político en donde los ¨buenos¨ correistas, se defienden de cualquier intento de crítica desde el lamentable modelo binario que lograron construir gracias a aquella nefasta fecha.

Los asuntos políticos en el Ecuador deben resolverse desde la intersubjetividad crítica entre actores de la sociedad civil y la sociedad política. Nunca desde la acción de fuerzas uniformadas. Esto debería estar claro. Especialmente ahora cuando algunos distraídos puedan llegar a pensar que los actores militares están facultados de emitir opiniones de contenido político, y que estas deben tomarse en cuenta. No. Para que esto no pase los actores críticos (políticos y civiles) harían bien en empezar a hacer un mejor trabajo tratando de restaurar a nuestra democracia enferma.

[PANAL DE IDEAS]

Xavier Villacís Vásquez
Rodrigo Tenorio Ambrossi
Mauricio Alarcón Salvador
Giovanni Carrión Cevallos
Gabriel Hidalgo Andrade
Gonzalo Ordóñez
Carlos Rivera
Francisco Chamorro
Ramiro García Falconí
Patricio Moncayo

[RELA CIONA DAS]

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