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1 de Abril del 2024
Ideas
Lectura: 5 minutos
1 de Abril del 2024
Marko Antonio Naranjo J.

Abogado educado en Ecuador, Estados Unidos, y Europa; docente universitario

Acerca de las consultas populares y referéndums
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Ahora en nuestros días, las consultas populares y los referéndums pueden ser el agua con la cual, al igual que lo hizo Poncio Pilato, el gobernante use para lavarse las manos.

No solo la consulta popular (CP) y el referéndum (R) trivializan problemas complejos, sino que también presuponen, erróneamente, que cada uno de los votantes tiene la capacidad de responder acertadamente a problemas de interés nacional. Aquellos que romantizan la democracia, se valen de la CP y del R para despertar emociones y ejercer sentimentalismo en las personas. El hecho de que un gobierno le pregunte al pueblo, mediante una CP o un R, como hacer su trabajo, el trabajo para el cual este (el gobierno) fue electo, es simplemente absurdo.

Jon Henley, corresponsal de uno de los medios digitales más importantes de Europa, dice que las consultas populares y referéndums son mecanismos (yo los llamaría patrañas) que distorsionan la realidad. Estos pues, minimizan la complejidad de asuntos indispensables para la vida de una nación haciéndole creer al pueblo que pueden ser respondidos con un simple sí o no.

Pues, antes que nada, una pregunta debe ser así respondida objetivamente: ¿están realmente cada uno de los ciudadanos en la capacidad de proveer una respuesta apropiada a problemas críticos de una nación? Esta es una pregunta que no debe ser abordada desde el orgullo, la arrogancia, o el narcisismo, sino más bien, debe ser respondida con humildad y sentido común (que tanta falta nos hace en el mundo).

Ya que decir que, en general, todo un pueblo no está preparado para resolver dichas situaciones, no significa menosprecio hacia nosotros mismos, sino, de nuevo, sentido común. Los seres humanos no tenemos la capacidad de conocerlo todo. El conocimiento humano es increíblemente variado, este varía en materia y grado de experiencia. Hasta el genio Stephen Hawking reconoció su incapacidad de resolver muchos de los problemas del universo (lea por favor A Brief History of Time). 

Los que ven con ojos románticos a la democracia pretenden conmover al pueblo haciéndole creer que la ‘voz y voto’ de este último es fundamental en la toma de decisiones políticas. Por cierto, esa antigua táctica de atacar el lado sentimental de una persona es un modo de persuasión (Pathos), así lo dijo Aristóteles.

Las consultas populares y los referéndums son engañosos; pues aparentan ser mecanismos de una democracia ‘máxima’, de una democracia omnipotente (¡vaya término!). Se cree que las sociedades que abrazan estos dos conceptos son sociedades en donde el pueblo tiene la última palabra; por eso son llamados mecanismos de ‘democracia directa’.

Esto, por supuesto, suena muy atractivo para el oído del hombre; pues, después de todo, a todos nos gusta sentirnos importantes (es parte de nuestra Naturaleza Humana). Sin embargo, el hecho de que un líder le pregunte al pueblo cómo hacer su trabajo no quiere decir que el ‘supuesto líder’ sea un líder. Cabe entonces preguntarse ¿cómo un líder pretende que su pueblo le diga qué hacer, qué decisiones tomar, cuando este último lo eligió precisamente para eso? Es como si su abogado le preguntara a usted, su cliente, cómo actuar en el proceso judicial en su contra. O para ejemplificar más sencillamente: imagínese a un padre de familia preguntándole a sus hijos de escuela acerca de decisiones que involucren la seguridad, economía y bienestar de toda la familia. 

Para resumir, la inteligencia humana es limitada; no todos podemos, ni todos estamos en la capacidad de dar respuestas a asuntos expuestos en consultas populares y/o referéndums. Un pueblo necesita de un líder, de alguien que sepa tomar decisiones y ejecutar las mismas; así pues, como lo dijo el gran filósofo Ingles Roger Scruton, el gobernante debe ser la ‘figura del estado’. Pueden (quizá) haber situaciones en las cuales las CP y los R sean relevantes; sin embargo, ante problemas críticos y estructurales, se necesita que alguien sepa tomar decisiones prontas. Por último, recordemos este pasaje:

—¿A cuál de los dos quieren que suelte? —preguntó el gobernador.

—A Barrabás —dijo el pueblo.

(…) Cuando Pilato vio que no conseguía nada, sino que más bien se estaba formando un tumulto, pidió agua y se lavó las manos delante de la gente.

Todos sabemos cómo terminó esa historia; el pueblo mismo asesinó a un inocente. ¡Ah, por cierto! Ahora en nuestros días, las consultas populares y los referéndums pueden ser el agua con la cual, al igual que lo hizo Poncio Pilato, el gobernante use para lavarse las manos.

 

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