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31 de Octubre del 2014
Ideas
Lectura: 7 minutos
31 de Octubre del 2014
Gonzalo Ortiz Crespo

Escritor, historiador, periodista y editor. Ex vicealcalde de Quito. 

Adieu a la belle epoque
El modelo autoritario-populista de Correa empezará a tambalearse. Ese modelo se ha basado en la maximización de las rentas petroleras, y pudo sostenerse en los años anteriores por unas circunstancias inéditas del mercado mundial y por la renegociación forzosa de los contratos petroleros, rentas que ha invertido en infraestructura y propaganda.

La rápida caída el precio del precio del petróleo durante octubre y las perspectivas futuras de la energía, que constituyen un verdadero cambio de ciclo, obligan a decir adiós a la belle epoque que ha disfrutado el país y que ha permitido a Rafael Correa ser el presidente que, en la historia,  ha gobernado el Ecuador más tiempo de manera continua, con su estilo autoritario y populista a la vez.

Centrémonos primero en lo que sucede con el petróleo para analizar luego las  profundas consecuencias políticas (y geopolíticas) que este cambio va a tener.

Como sabemos, los precios del petróleo han bajado constantemente en las últimas semanas. Para el petróleo ecuatoriano implica una caída de 25% en su precio. Ello se debe a un conjunto de factores. No se trata solo de que haya aumentado la oferta mundial de energía sino también de que la demanda se ha desacelerado notoriamente. En cuanto a la producción, de todos es sabido que EEUU está produciendo mucho más a partir de las tecnologías de fracturación hidráulica que le permite aprovechar el petróleo y el gas de lutita. A propósito, según los geólogos, decir gas o petróleo de “esquisto” es equivocado, pues, como señala la Fundación del Español Urgente, “en la práctica, ni el gas se preserva en los esquistos ni hay yacimientos de esquistos o de pizarras que contengan gas” o petróleo, ya que las micas de las que están formadas esas rocas los dejarían escapar. Es la lutita, una roca seca y compactada, la que tiene en su interior gas o petróleo.

Pero no es solo la producción estadounidense la que hay que tener en cuenta. De manera inesperada, Libia e Irak tuvieron este año un repunte de su producción, a pesar de la guerra que asola a esos países. Y, lo que es más sorprendente, Arabia Saudita aumentó su producción en septiembre, en lo que parecería ser una estrategia del mayor productor mundial de aumentar la producción con el fin de bajar los precios y evitar una continua pérdida de cuota de mercado frente a los nuevos productores. Esto explicaría por qué Arabia Saudita y Kuwait no hicieron el menor caso a los pedidos del presidente venezolano Nicolás Maduro de llamar a una reunión de emergencia de la OPEP para tratar de impedir una mayor caída del precio del crudo. Tampoco Irán, tradicional aliado de Venezuela en procurar los precios más altos, le hizo caso esta vez, muestra clara de la pérdida de la influencia de Venezuela en la organización que ayudó a crear hace 54 años y donde había tenido el coliderato. Muchos creen que la OPEP no tomará medidas decisivas de recorte de producción en la reunión ordinaria a fines de este mes.

Los analistas señalan, por otra parte, la debilidad de la demanda en el mundo desarrollado y en China. Algunos anotan que la recuperación económica de EEUU no es tan fuerte como se cree, pero otros señalan cosas más de fondo como los cambios demográficos del país del norte: los baby boomers, es decir la generación que nació en la explosión demográfica tras la Segunda Guerra Mundial, están jubilándose. “Conforme envejecemos, manejamos menos”, dice el Departamento de Transporte de EEUU. Hasta la propia Agencia Internacional de Energía, un organismo montado por los países ricos, ha dicho que “la desaceleración de la demanda en los últimos meses es profunda”.

Estos cambios no son, como quiere Maduro y como lo dijo también el presidente Correa, “pasajeros”. Todos los analistas coinciden en que EE.UU. se convertirá en el 2015, si no lo es ya, en el mayor productor de energía del mundo (si se suman petróleo, gas y biocombustible). Pero inclusive se cree que podrá ser el mayor productor de petróleo del mundo, desplazando a Arabia Saudita, para la década del 2020.  Este es un cambio profundo, un auténtico cambio de ciclo histórico en el mercado de la energía, pues EE.UU. no dependerá de otros países, aunque, quizás, por razones estratégicas, siga comprando a sus aliados del Medio Oriente. Incluso el peligro de que Rusia suspenda el suministro de gas a Europa parece desvanecerse con el acuerdo recientemente anunciado con Ucrania, lo que quita presión a los precios. Con EE.UU. de nuevo potencia energética, con Asia abastecida de petróleo por EE.UU. y Canadá (otro gran productor de petróleo de lutita) y de gas por Australia, con una China creciendo más lentamente y una Europa estancada, la baja de los precios no va a ser “pasajera”.

Y por allí es por donde el modelo autoritario-populista de Correa empezará a tambalearse. Ese modelo se ha basado en la maximización de las rentas petroleras, y pudo sostenerse en los años anteriores por unas circunstancias inéditas del mercado mundial y por la renegociación forzosa de los contratos petroleros, rentas que ha invertido en infraestructura y propaganda. Para compensar la caída de precios, el Ecuador tampoco puede aumentar la producción de crudo, porque esa es otra dimensión de su modelo, que no ha logrado sino mínimos incrementos en el resultado de los campos. Lo que ha hecho Correa es endeudarse crecientemente, sobre todo con China, y ahora hace buena letra frente a los organismos internacionales de crédito e, incluso, busca financiamiento de jeques petroleros tan retrógradas como el de Catar. Con el cambio de la coyuntura mundial y precios del petróleo bajos, es claro que esas fuentes tampoco van a ser tan generosas en sus préstamos. Todo ello configura la estación en la que se va el tren, donde debemos despedirnos de la belle epoque que estos años de altos precios han creado para el país, pero sobre todo para Correa y sus áulicos, acostumbrados a buenos sueldos, bonos de eficiencia, fabulosos viajes, decenas de asesores y presupuestos inflados. ¡Adieu!

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