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2 de Septiembre del 2021
Ideas
Lectura: 7 minutos
2 de Septiembre del 2021
Consuelo Albornoz Tinajero

Profesora universitaria, investigadora y periodista, con un doctorado por la Universidad Nacional del Cuyo, de Argentina.

Las afganas frente al peso de la cultura talibán
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Los custodios ubican a la mujer, cubierta por una burka, en un lugar central y un predicador exalta a la muchedumbre. Condena a la adúltera y justifica así su asesinato en ciernes. Hasta los niños se enardecen. Uno de ellos recoge una piedra y la arroja a la culpable. Sus amigos ríen.

Es el verano de 1998 en Kabul. Una ciudad desolada, en ruinas. Un camión llega a la plaza y descarga piedras. El carcelero de la prisión de mujeres en Kabul, Atiq, entrega al jefe de la policía moral a la última cautiva. El guardián le recuerda que no debe mostrar sus codos. Va contra sus creencias.

Una multitud se va apiñando en la plaza. Una mujer va a ser lapidada por fornicadora. Es un espectáculo en el que incluso una niña y dos niños participan. Los custodios ubican a la mujer, cubierta por una burka, en un lugar central y un predicador exalta a la muchedumbre. Condena a la adúltera y justifica así su asesinato en ciernes. Hasta los niños se enardecen. Uno de ellos recoge una piedra y la arroja a la culpable. Sus amigos ríen. 

Entre el gentío está Mohsen. Llega a la plaza luego de recorrer el espacio fantasmal en el que se ha convertido la universidad en la que estudió junto con su esposa. El espacio para el tormento está listo. Los hombres toman piedras y las lanzan contra la rea. Mohsen mira con horror. Pero, de pronto agarra una piedra y la dispara también. A poco la mujer se desploma. Está muerta. La vergüenza se apodera del joven.

La esposa de Mohsen es Zunaira, una joven artista deseosa de enseñar dibujo a los niños en una escuela clandestina. Comparte con su marido sus ansias de libertad y confía en que la educación forjará niños libres que desterrarán el fundamentalismo de su país.  

Mohsen regresa a su casa y en cierto momento le confiesa a su pareja que se siente abominable pues ayudó a lapidar a una mujer. “No se por qué. Simplemente pasó. No pude retener el brazo. Y contemplé ese acto abyecto”. ¿El peso de la cultura?

Mohsen regresa a su casa y en cierto momento le confiesa a su pareja que se siente abominable pues ayudó a lapidar a una mujer. “No se por qué. Simplemente pasó. No pude retener el brazo. Y contemplé ese acto abyecto”. ¿El peso de la cultura?

Lo descrito sucede en los primeros ocho minutos de Las golondrinas de Kabul, una película animada, presentada en 2019 en el festival de Cannes en la sección denominada Una cierta mirada. Una obra de arte, aunque desgarradora, pues muestra cómo fueron los cinco años de dominio talibán en Afganistán. Por eso el terror que su regreso ha provocado.  

Ocurrió en el verano de 1999 y lo testimonia Shukriya Barakzai, entrevistada para una crónica en El País. Teme que las mujeres en Afganistán sufrirán una catástrofe con la llegada de los talibanes. Recuerda como fue agredida y humillada una tarde en aquel año. Necesitaba ir al médico y a falta de su marido rapó a su hija pequeña y la vistió como niño. Toda mujer estaba prohibida de transitar sola, sin compañía masculina. Además, la acompañaba una amiga. 

Luego de ser atendida fue a una farmacia y cuando regresaba a su casa un camión con talibanes se detuvo y uno de ellos comenzó a golpearla con un cable de goma. Shukriya cayó al suelo. Cuando se levantó se sentía indignada. Y absorta. Intentaba comprender por qué fue atacada, sin motivo alguno. “Es como si no supieran por qué, como si estuvieran simplemente intentando golpearte, lastimarte, faltarte al respeto. Ahora eso es lo que disfrutan. Ni siquiera ellos saben la razón". Acaso, ¿otra expresión del peso de la cultura?

Entre 1996 y 2001 los talibanes ya gobernaron Afganistán, bajo el dominio de Ahmad Shah Massoud, y según la orientación de la sharia, la ley religiosa del Islam, aplicada en su interpretación más extrema y castigadora. Las lapidaciones, las ejecuciones públicas en estadios deportivos y los latigazos se cumplían a diario.

Una historia de BBC Mundo describe al Afganistán de esos cinco años como “un agujero negro  en el que podían prosperar todo tipo de extremismos. En aquellos años, “bandas de justicieros se apostaban en las esquinas, atacando a los hombres que enseñaban los tobillos o llevaban cualquier tipo de ropa occidental. Las mujeres solo se aventuraban a salir si tenían un permiso por escrito de los hombres y, por supuesto, tenían que llevar la omnipresente burka. El ministro de Salud talibán, el mulá Balouch, se quejó de que la Cruz Roja Internacional rechazó su petición de proporcionar cirujanos para cortar las manos y los pies de los ladrones convictos, por lo que tuvo que hacer el trabajo personalmente”.

¿Aquel horror se repetirá en Afganistán? Es la pregunta del millón. Los talibanes actuales no son los mismos que los de la década de 1990. Pero resulta casi imposible evaluar en qué se diferencian si han modificado sus ideas y prácticas. Ellos necesitan convencer a occidente de que respetarán los derechos humanos y los de las mujeres y niñas particularmente. Además, el desarrollo de las tecnologías de la comunicación ha acercado a Afganistán al mundo occidental. Hoy estamos mejor informados sobre el país del Asia central. 

Pero quizá lo más importante como sostiene Shukriya Barakzai es que las nuevas generaciones de afganas son de mujeres “llenas de energía, esperanza y sueños. Están más alerta. Se están comunicando con el mundo. No son como yo, como yo era hace 20 años”. 

Su afirmación la concretaron este jueves 2 de septiembre un grupo de afganas en la ciudad de Herat. Con una valentía admirable salieron de sus casas, con burkas y con el velo conocido como el hiyab, y se reunieron frente a las oficinas del gobierno provincial para demandar su derecho a trabajar, a participar en la vida de su país y a ser incluidas en el nuevo gobierno. Incluso una de ellas, la activista Pashtana Zalmai aceptaría usar la burka pero no cedería en el derecho a estudiar de las niñas y mujeres.  

¿Se concretarán estas espectativas esperanzadoras? En breve lo sabremos.

[PANAL DE IDEAS]

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