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18 de Noviembre del 2015
Ideas
Lectura: 11 minutos
18 de Noviembre del 2015
Mateo Martínez Abarca

Filósofo, analista político y escritor. Dr (c) en Filosofía por la UNAM e investigador en el Centro de Estudios Sociales de la Universidad de Coimbra, Portugal.

De Afganistán a París pasando por Yachay y Halliburton
Para explicar cómo diablos se llega a un acuerdo con una compañía con el prontuariado de Halliburton es posible formular la hipótesis de que René Ramírez o el niño genio – rector de Yachay, José Andrade, se resbalaron en la ducha y tienen alguna clase de daño cerebral.

Como si se tratara de una noticia a celebrarse, el 9 de noviembre YachayTech anunció que en septiembre había firmado un acuerdo de colaboración con la multinacional Halliburton Latin America S.R.L. Cuatro días más tarde, una célula del Estado Islámico, lanzaba una serie de graves atentados terroristas en el centro de París, matando a 129 personas y dejando decenas de heridos. ¿Hay algo que haga que ambos acontecimientos se aproximen entre sí? A simple vista, podría decirse que no tienen conexión alguna. Sin embargo, en la complejidad y relacionalidad del sistema-mundo de la globalización capitalista, en que las guerras y sus consecuencias están determinadas por la búsqueda imperiosa de expoliación de recursos naturales como el petróleo desde los países periféricos hacia los centros mundiales, es posible vislumbrar un hilo muy tenso que los conecta entre sí. Y ese hilo bien puede llamarse inmoralidad.

El Estado Islámico que atentó en París, como lo han señalado innumerables intelectuales, analistas y políticos mundiales, nació y fue alimentado por una guerra y ocupación ilegal basada en presupuestos que luego se probarían falsos, y por la cual hasta el ex ministro británico Tony Blair ha pedido disculpas públicas al observar sus terribles consecuencias para la paz mundial. Esto no es broma: nos hemos deslizado en el territorio de la barbarie y la responsabilidad recae en personajes como Dick Cheney, ex presidente ejecutivo de Halliburton entre los años 1995 al 2000, que luego se convirtió en vicepresidente de los Estados Unidos ejerciendo virtualmente el poder durante la administración de aquel presidente semi-idiota que fue George W. Bush.

Para explicar cómo diablos se llega a un acuerdo con una compañía con el prontuariado de Halliburton (que incluye también un rol principal en el desastre en el 2010 de la plataforma Deepwater Horizon de BP en el Golfo de México, por la cual tuvo que pagar US$ 1.1 billones) es posible formular la hipótesis de que René Ramírez o el niño genio – rector de Yachay, José Andrade, se resbalaron en la ducha y ahora tienen alguna clase de daño cerebral. Puede ser que un cóndor haya soltado una tortuga que les golpeó la cabeza mientras pasaba volando sobre Urcuquí o que un experimento secreto con tecnología alienígena para encontrar remedio a la creciente calva del presidente haya salido mal. Porque ninguna otra explicación racional puede dar cuenta del grado de amnesia sobre la historia reciente, inconsecuencia política o -vamos a decirlo fuerte y claro- grado de estulticia que hay que tener, para vincular una Universidad que le cuesta tanto al país con una corporación de esta calaña.

El tema es que la memoria aún es demasiado fresca como para no indignarse. Cheney junto a otros “halcones” como Donald Rumsfeld, Paul Wolfowitz, Colin Powell y Condoleeza Rice, orquestaron la doctrina de la “guerra preventiva” luego de los ataques del 11 de septiembre. Primero fue Afganistán y en marzo del 2003, vendría Irak. Halliburton ya se había beneficiado con contratos para reconstrucción de infraestructura petrolera dañada durante de la primera guerra del Golfo, en la que Cheney actuó como secretario de defensa de George H. Bush padre, así como con contratos por US$ 1 billón en logística militar, en las devastada Bosnia y Kosovo. Ya en el 2003 y con Cheney como vice presidente actuante, Halliburton recibió contratos por US$ 7.000 millones como proveedor de servicios para el ejército norteamericano, luego de una licitación en la cual, curiosamente, fue la única empresa participante. ¿Conflicto de interés? En absoluto.


Dick Cheney tratando de sonreír.

Además, y por si le interesa a Guillaume Long que funge como secretario de relaciones internacionales de Alianza País defendiendo a capa y espada la filiación de izquierda de este gobierno; ese mismo Cheney, estrechamente vinculado hasta el día de hoy con esa misma Halliburton (de la cual sigue o seguía recibiendo hasta hace poco pagos anuales), votó como congresista de Wyoming entre 1979-89 por la ayuda militar a la Contra nicaragüense (enemiga del proceso Sandinista, del cual también dicen ser cercanos) y el apoyo a los grupos armados que se rebelaron ante el gobierno pro-soviético en Afganistán, que luego se transformarían en las milicias Talibanes y en Al-Qaeda. ¿Qué no vieron Rambo III en el cine? ¡Lean al menos Wikipedia! En toda esta historia de múltiples relaciones que se proyectan hasta el presente, basta resumir que en los sucedáneos desastres  de política exterior de los Estados Unidos y las intervenciones militares imperiales en medio oriente y en el corazón de Asia, guiadas ellas por ambiciones geopolíticas ligadas a la energía e industria hidrocarburífera, Cheney y Halliburton tuvieron mucho, mucho que ver.

Como decíamos, esos grupos armados por cuyo apoyo militar votó Cheney cuando congresista luego se convertirían en Al-Qaeda. En el 2001 ocasionaron el mayor ataque contra suelo de los Estados Unidos desde Pearl Harbor, aunque la veracidad de este relato está en disputa y se habla de una operación de bandera falsa. Cheney, ex secretario de defensa y ex presidente ejecutivo de Halliburton, diseña junto a su equipo la doctrina anti terrorista de la guerra preventiva. Estados Unidos invade Afganistán en el 2001 y posteriormente Irak en el 2003. Halliburton se beneficia ostensiblemente de contratos de servicios y muchos denuncian conflictos de interés, a razón de la cercanía de Cheney con la empresa. En lo posterior a la invasión, se genera un vacío de poder interno en Irak que perdura hasta hoy y crece la confrontación sectaria entre Chiíes y Suníes.

La rama iraquí de Al-Qaeda se radicaliza y su lider, Abu Mus‘ab al-Zarqawi, que había participado en el conflicto afgano desde finales de los ochenta, funda el grupo Jamāʿat al-Tawḥīd wa l-Jihād. Este grupo se convierte en uno de los pilares fundamentales del actual Estado Islámico, ISIS o Daesh, aún más radical que Al-Qaeda por la lectura fundamentalista contraria a los principios del Islam, así como por la brutalidad de sus procedimientos. Con el inicio de la guerra civil en Siria (en la cual los Estados Unidos y sus intereses también tienen que ver), el Estado Islámico alcanza el control de vastas porciones de territorio dentro de Irak y el Levante. Como se sabe, es autor de innumerables actos de barbarie, acaba de derribar con una bomba un avión ruso cargado de turistas que vacacionaban en Egipto y de atentar la semana pasada contra civiles inocentes tanto en Beirut como en París. Como es obvio, el Estado Islámico no apareció de la nada.

Halliburton es una de las cinco multinacionales más poderosas de Estados Unidos. Su historia, más que oscura, le ata de formas directas e indirectas con la cruel industria de la guerra que ha llevado actualmente al mundo a la situación casi apocalíptica en la que se encuentra. Como proveedora de servicios petroleros, poco le ha importado con quien hace negocios, sea Irak, Irán o Libia, con regímenes que el propio gobierno de los EE.UU. ha clasificado como terroristas. Tampoco le importa un comino el ambiente, como se probó en su rol en la catástrofe ambiental del derrame de la plataforma de BP en el Golfo de México, por el cual fue sancionada. Y podríamos seguir enunciando investigaciones por escandalos de corrupción en Nigeria o de la Corte Suprema de Justicia de los Estados Unidos, pero ahí está Google para quien tenga interés.  

La pregunta más importante es cómo -¡por todos los dioses!-, se le ocurre a la gente de Yachay (quizá académicos del más alto nivel con publicaciones indexadas y todas esas mamadas, pero unos completos asnos en cuanto a la historia reciente del mundo y poco preocupados por consideraciones éticas y políticas); cómo -insisto-, se les ocurre firmar un acuerdo con una empresa como esta. El acuerdo, que enlaza academia con extractivismo, permitirá -cito- “la vinculación de estudiantes y docentes con el sector privado, conduciendo a la creación de proyectos que prometen ser de beneficio para la región ya que las dos partes aspiran a ser líderes en innovación, desarrollo tecnológico y en la administración responsable de los recursos globales.” 

Teniendo en mente Afganistán, Bosnia y Kosovo, Irak, Siria o el Golfo de México, y llevando en la memoria las víctimas de todas las guerras provocadas por el capitalismo imperial y el fascismo religioso que también le hace el juego, donde quiera que estén aquellas víctimas, sea en Beirut, en París o en nuestro caso también en la amazonía ecuatoriana;  imaginamos ya hacía qué clase de proyectos “innovadores” están llevando a nuestros estudiantes, de cuál “desarrollo tecnológico” se trata y de qué tipo de “administración responsable de los recursos globales” estamos hablando. ¿Será trabajar para empresas como Halliburton el triste destino de las y los mejores estudiantes ecuatorianos? ¿Tan desesperados están por lograr financiamiento que ya no importa con quién?

Yachay era el proyecto emblemático de la “revolución ciudadana” y fue formulado desde un ala que se ha auto representado como la “izquierda” dentro del gobierno. En la narrativa oficial, se presentó como uno “que por su visión, magnitud y potencial, desafía la imaginación de las mentes académicas que buscan revolucionar el mundo y causar un impacto trascendental y duradero en la sociedad”. Tras los últimos escándalos al que se suma la firma del acuerdo con Halliburton, todo eso parece haberse ido al garete y Yachay es ahora quizá la imagen más emblemática del grado de impostura política y descomposición ética de todo un proceso.

Cancelen este convenio inmoral. Cuanto antes.   

 

[PANAL DE IDEAS]

Fernando López Milán
Hugo Cahueñas Muñoz
Rodrigo Tenorio Ambrossi
Carlos Arcos Cabrera
Francisco Chamorro
Gabriel Hidalgo Andrade
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