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20 de Junio del 2016
Ideas
Lectura: 5 minutos
20 de Junio del 2016
Gabriel Hidalgo Andrade

Politólogo y abogado. Docente universitario.

Agente de la CIA
Las acusaciones de Telesur, del diario El Telégrafo y de otros aparatos de propaganda correísta acompañadas de las confirmaciones hechas por el mismo presidente Correa revalidan los intentos trasnochados de incriminar a los críticos en trabajos espionaje para la CIA. Esto delata la textura de un estilo político antidemocrático y el intento de ejecutar moralmente a los opositores.

Son viejas las acusaciones de espionaje a favor de agencias estadounidenses. Hoy es el recurso más manoseado de los partidos y gobiernos populistas.

En 1964, el poeta salvadoreño Roque Dalton fue ejecutado en un proceso extrajudicial bajo la acusación de pertenecer a la CIA. La comprobación de su filiación supuestamente indigna consistió en adjuntar a su enjuiciamiento un poemario en donde Dalton relataba un interrogatorio al que fue sometido ante un agente estadounidense. Esta barbarie acabó con el poeta social centroamericano más universal de la época.

Para Sergio Ramírez en su libro “Señor de los tristes: sobre escritores y escritura”, publicado en San Juan en el año 2006, “esa era la textura real de aquella región, en donde la lucha contra la opresión chocaba en el camino con la conducta de quienes, desde las catacumbas, ensayaban ya la conducta de sus opresores, asesinando a un poeta, uno de los mejores de Centroamérica, bajo la acusación más terrible que pudiera haber en aquel entonces entre revolucionarios. La acusación de ser agente de la CIA iba más allá de la ejecución física. Pretendía también la ejecución moral”.

¿Qué pudo justificar la aniquilación del literato izquierdista a manos de sus propios compañeros de lucha? ¿Cuáles son los elementos de esta barbarie que se reproducen todavía el día de hoy?

La ejecución moral, de la que habla Ramírez, es el golpe de reacción de los populismos modernos.

En Ecuador, solamente algunos pueden cantar “Comandante Che Guevara” sin consecuencias. Los 10 de Luluncoto, sobre quienes pesó una acusación de terrorismo bajo las pruebas de posesión de manuales que honraban al mismo Ernesto Guevara de la canción de Víctor Jara, eran considerados como extremistas para este gobierno que usa idénticos símbolos en sus constantes mítines electorales. Las víctimas de persecución de Luluncoto fueron sobreseídas de las acusaciones a dos años del inicio de su encierro injustificado.

No tuvo la misma suerte Luisa Lozano y Amable Angamarca, indígenas de Saraguro que fueron sentenciados a cuatro años de cárcel por protestar en contra del gobierno del presidente Correa. Las pruebas presentadas consistían en los testimonios de los policías presentes en la represión de los manifestantes. Las pruebas videográficas, fotográficas y testimoniales de la brutal agresión policial y militar ordenada por el ejecutivo no sirvieron de nada al intentar defender a las víctimas de esta represión. 

Esa es la textura real de los grupos que se sujetan desesperadamente al poder cuando se ven perdidos. Las acusaciones más inverosímiles de terrorismo, traición a la patria y espionaje buscan invalidar al interlocutor político, negando todas sus demandas. La única moralidad pública, verticalmente descendiente del régimen, corresponde al partido de gobierno y a la ideología de su gran líder. De esta forma se produce una “ejecución moral” del contradictor ideológico a través del uso continuado de una escala de insultos proferidos públicamente, que va desde las injurias no calumniosas, a las falsas imputaciones de delitos. 

Las acusaciones de Telesur, del diario El Telégrafo y de otros aparatos de propaganda correísta acompañadas de las confirmaciones hechas por el mismo presidente Correa revalidan los intentos trasnochados de incriminar a los críticos en trabajos espionaje para la CIA. Esto delata la textura de un estilo político antidemocrático y el intento de ejecutar moralmente a los opositores.

Estas son las consecuencias de una justicia dependiente del poder político. Toda denuncia presentada es y ha sido ventilada bajo las órdenes del mandamás. Las acusaciones de terrorismo, traición a la patria y espionaje jamás serán aclaradas porque al correísmo no le interesa más que descalificar en unos casos y en otros encarcelar. Las denuncias de corrupción, enriquecimiento ilícito y malversación de fondos de ciertos actores del correismo tampoco tendrán otro destino que el escándalo. Nada de esa información tendrá un procesamiento político y judicial con un debido proceso.

Los jueces, fiscales y fiscalizadores políticos serán recordados como lo más vergonzoso de esta época. Hemos perdido la posibilidad histórica de tener un gobierno respetado en el contexto internacional porque sus ideólogos prefieren perderse en los laberintos del conspiracionismo, del imperialismo y de una central de inteligencia sacada de los amarillentos manuales marxistas de la década del 70.

@ghidalgoandrade

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