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20 de Marzo del 2014
Ideas
Lectura: 5 minutos
20 de Marzo del 2014
Fermín Vaca
Periodista político. Es editor de PLANV. Ha trabajado en los principales periódicos de Ecuador en la cobertura de política y actualidad. 
Aguilar y la política
La visión del asambleísta Ramiro Aguilar sobre el deber ser de la política opositora no deja de ser refrescante, en tiempos en que algunos opositores emergentes parecen operar con el libreto de los viejos "gurús" del pasado y su receta de negar todo y a todos.

En el páramo intelectual que parece ser cierta oposición, el testimonio del asambleísta Ramiro Aguilar sobre por qué se fue de SUMA, que publicó este portal, no deja de ser refrescante y esperanzador. 

Refrescante, porque estamos frente a un hombre que concibe la política con el claro norte de la honestidad intelectual y el pragmatismo.

Esperanzador, porque mientras Aguilar da sus razones contundentes sobre por qué alejarse de Mauricio Rodas, hay "asambleístas de oposición" de agenda errática, graduados de denunciólogos o dedicados a venganzas personales en broncas contra funcionarios cuyo origen ya nadie recuerda. 

Aguilar traza lúcidamente el escenario de la oposición en el Ecuador: si bien hay ciertas causas que aglutinan a diversos sectores, es necesario entender que esta oposición, si quiere ganarse el nombre, debe diferenciarse de manera inequívoca del gobierno y su forma de ver el mundo. Del gobierno y su lenguaje, mezcla de tecnocracia y economicismo mesiánico; del gobierno y sus valores, simple política conservadora del siglo XIX pasada por el microondas; del gobierno y la visión de país que –a punta de propaganda, cabildeo, juicios y sabatinas– han convertido en la infalible receta de un milagro.

Y en este ejercicio, de buscar una postura de oposición mínimamente honesta, Aguilar le dice no a lo que huele a la legua a un pacto político con esa forma de ver el país –la del correísmo– que demasiada gente parece estar combatiendo de labios –y demandas– para afuera; pero que, en el fondo, les parece la realización de sus sueños disciplinarios. 

Aguilar desentona entre los opositores emergentes que, con temor de dar algún paso en falso, se han apegado a los libretos de los viejos "gurús" de la consultoría política, que les han recomendado negar hasta a sus propias madres si conviene y se puede. Tan a pecho se tomaron la receta que ahora niegan hasta a los mismos gurús en todas las entrevistas, no les vayan a decir que no tienen cabeza propia. En Aguilar no se ve la lectura decadente de los manuales de los "gurús": el hombre rompe con Rodas porque Rodas, en su criterio, no está siendo consecuente con el voto protesta que capitalizó. Algún "gurú" le diría que es un error político atacar a un candidato popular en nombre de la honestidad y la decencia. 

Para Aguilar, la política –no nos equivoquemos– es confrontación. Una confrontación cuyo fin último es captar apoyo electoral para administrar el Estado. Entonces, al definir así a la política, el asambleísta descuelga a aquellos que se han declarado "derrotados electoral, pero no políticamente", lo cual es una linda forma de decir que nadie vota por ellos, o a aquellas que –ante su indigencia en las urnas que no les resultó proporcional a su sobreexposición en ciertos medios– declaran que se reservan, cual un mal vino, para el 2017, a ver si ahí ganan aunque sea para concejalas.

Pues no: el objetivo de la política, lo deja ver claramente Aguilar, es ganar las elecciones para administrar el Estado. Los triunfos morales hay que dejarlos para los reinos que no son de este mundo. 

Principios y consecuencia: dos aspectos que Aguilar desempolva en estos tiempos de doble moral rampante, donde los mismos periodistas que le echaban loas sin rubor alguno al presidente Mahuad se indignan porque otros se las echan ahora al presidente Correa. La vieja costumbre ecuatoriana de valorar de distinta forma los mismos hechos dependiendo de quién es el marchante. 

Hay, sin embargo, una idea que no comparto con Aguilar. Su cuadrícula de cuatro ejes según la cual uno puede ser conservador versus liberal en un eje y de derecha versus izquierda en otro. Para mí esa es la teoría del relativismo ideológico –la metáfora de las "check list" que insiste en graficar el presidente Correa cada vez que le preguntan sobre izquierda o derecha– que permite que cualquier pelmazo familiero y homófobico, ya porque anda en campaña por el Yasuní, se declare de la izquierda más extrema.

Y de esos, gente que no tiene convicciones sólidas, porque formarlas requiere trabajo intelectual, hay una legión en nuestro medio. 

 

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