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30 de Mayo del 2016
Ideas
Lectura: 10 minutos
30 de Mayo del 2016
Patricio Moncayo

PhD. Sociólogo. Catedratico universitario y autor de numerosos estudios políticos.

Al cierre del telón
La apropiación del trabajo colectivo, del valor que éste produce, ¿no es igual a la apropiación del excedente por el capital? ¿Puede un gobierno que se autocalifica de socialista apropiarse del excedente social de una colectividad que trabaja silenciosamente en sus lugares de trabajo sin aspavientos ni pretensiones de grandeza?

El acto en el que el presidente leyó su informe a la nación fue un espectáculo que mostró los rasgos de su gobierno. Al parecer necesitó refugiarse en su entorno íntimo para soportar la declinación de su administración. “El país necesita descansar de mí y yo del país”. Semejante confesión revela la enorme carga que puso en sus espaldas durante casi una década. "Subir una pendiente con la carga de todos” no es lo mismo que subir al Everest, como lo hizo la compatriota Carla Pérez. Esa es la diferencia entre un gobernante y un ciudadano común. Ello, por cierto, no le quita ningún mérito a la compatriota; se probó a sí misma tras una intensa preparación de seis meses durante los cuales subió 50 veces al volcán Pichincha. Logró subir sin oxígeno llevando en las espaldas su propia carga, de nadie más.

El gobernante, en teoría, se hace cargo de los problemas de “medio mundo”, y no por ello recibe siempre reconocimiento; en unos casos, es vituperado, en otros interesada y desmedidamente elogiado. “Hay los amigos de la amistad, y los amigos del poder”; también los oponentes suelen aprovechar de los errores del gobernante y son poco generosos para reconocer sus aciertos.

Rafael Correa, a diferencia de Carla Pérez, no “subió 50 veces al volcán Pichincha” antes de su  elección como presidente. Careció de la preparación necesaria para ascender “una pendiente abrupta en un tiempo limitado de gobierno”. Es necesario, entonces, ver ¿cómo lo hizo?;  ¿con qué herramientas de trabajo contó?  ¿Qué ayuda recibió de sus colaboradores? Tras diez años de ejercicio del poder, seguramente él se preguntará ¿"Pude haber hecho las cosas de otra manera”?

Si hubiera sabido diez años atrás lo que sucedería en el país, en la región  y en su entorno ¿habría tomado las mismas decisiones? ¿Hubiera cometido los mismos errores? Si volviera a ser presidente ¿actuaría de la misma manera? Alan García en el Perú, en su segundo período, hizo un gobierno completamente distinto del primero. ¿Cómo mirará Correa su gobierno a la distancia, una vez que concluya su mandato y pase a ser un ciudadano común y corriente?

En cuanto a su círculo íntimo o más cercano ¿cómo ellos habrían podido contribuir a un mejor desempeño de su gobierno? ¿Pudo haber contado con otra calidad de colaboradores? ¿Bajo qué criterios los seleccionó? ¿Fidelidad o preparación? Una vez lejos del “círculo íntimo”, recobrada su libertad y sin la venda de los adulos en sus ojos, ¿será capaz de ver lo que el cerco del oportunismo cortesano le impidió ver?

En su círculo íntimo prevalecieron  la devoción leal, la complicidad, los apetitos del poder.  Esto nuevamente se manifestó en la lectura del Informe; se advirtió una competencia por agradarle, por llamar su atención, los pretendientes a sucederlo no escatimaron esfuerzos por  halagarle, cebar su vanidad. En este clima servil, un gobernante no puede precaverse de sus errores. ¡Cuán responsables son quienes medran de la “gloria” pasajera del líder!

Los hábiles artífices de la imagen pública del presidente fueron sus principales enemigos; engañaron al presidente y mintieron al país; ¿"Una década ganada”? ¿"Avanzamos patria”? son creaciones de la propaganda fácilmente desmentidas por la realidad. ¿Qué valor efectivo tienen?  ¿Qué valor tienen las estadísticas de instituciones totalmente subordinadas al interés gubernamental; éstas deben corroborar la “verdad” oficial ¿Por qué cierta información es reservada? ¿Qué se pretende ocultar? ¿Qué peso tuvieron las recomendaciones de los tecnócratas? ¿Jugó algún papel la Senplades en la toma de decisiones? ¿Cuál fue la Agenda del presidente en estos diez años? ¿Cuánto incidieron  los problemas menores frente a los grandes?¿A qué cosas dio preferente atención el presidente?¿En qué medida el presidente realmente marcó la agenda, o esta respondió más bien a acontecimientos que hicieron “ruido”, que captaron su atención  pero que terminaron siendo de poca importancia?¿En qué medida las encuestas de opinión determinaron su agenda más que el análisis frío de la realidad, cuya complejidad escapa la comprensión de los encuestados?

Los proyectos emblemáticos del gobierno, como las centrales hidroeléctricas y la “Ciudad del Conocimiento” ¿cuánto han contribuido al cambio de la matriz productiva? ¿Qué proyectos productivos han sido diseñados una vez que entre en funcionamiento el Coca Codo Sinclair? ¿Se justifica el costo millonario de Yachay? ¿Cuánto ha contribuido la “Ciudad del Conocimiento” al “Buen Vivir”?    El puente Bahía/San Vicente sí amenguó el impacto del terremoto en Manabí; no fue construido con ese fin. Las carreteras no traen por sí solas progreso, si no hay un plan productivo detrás. 

De otro lado, ¿cuánto pesó su aislamiento del entorno social no ligado al régimen? Sus aparentes victorias sobre la oposición y las voces críticas al gobierno le privaron del concurso de gente capacitada, cuya experiencia y versación sobre temas complejos no debían ser ignoradas. Igual que con el tema del terremoto, el gobierno pretendió copar el campo de acción en todas las áreas de la gestión pública, sin compartir esa responsabilidad con nadie, so pena de que le arrebaten el crédito de lo alcanzado. La apropiación del trabajo colectivo, del valor que éste produce, ¿no es igual a la apropiación del excedente por el capital? ¿Puede un gobierno que se autocalifica de socialista apropiarse del excedente social de una colectividad que trabaja silenciosamente en sus lugares de trabajo sin aspavientos ni pretensiones de grandeza?

La figura del “avión presidencial” aclara muchísimas cosas; periodistas allegados al gobierno intentan refutar la demanda colectiva de venderlo como parte del “ajuste” de gastos del erario nacional. Afirman que gracias a ese avión el presidente puede trasladarse de un lado al otro para atender con prontitud los problemas de orden estatal.

Ocurre, sin embargo, que ahí está la raíz del mal. La movilidad del presidente conspira contra su tarea fundamental de “sentarse” para reflexionar antes de actuar. “La sobrecarga del trabajo del presidente refuerza su mal uso del tiempo”. En vez de gobernar se dedica a viajar, a mirar superficialmente los problemas, y a ojo de buen cubero, por ejemplo, dar una cifra sobre el costo de la reconstrucción de las zonas devastadas por el terremoto. Las sabatinas, por su parte, son un desperdicio no sólo de dinero sino de tiempo. El estilo itinerante de gobierno no le permite jerarquizar las decisiones ni priorizar las acciones a desarrollar.  Se ve “asediado por problemas en crudo” a los que responde con herramientas primitivas de gobierno.        

Correa es una mezcla de intelectual y cabecilla; un economista que conjugó la teoría con una práctica poco sofisticada y consistente. De ahí que la diferencia entre una sabatina y sus intervenciones en foros internacionales ha estado más en la forma que en el contenido. En ambos casos el presidente formula “expresiones”, cuando más “declaraciones” de escaso valor práctico; su pensamiento teórico está disociado de su práctica; ello le trae réditos electorales pero le resta eficacia operacional.

La experiencia de Correa como presidente podría dejar algunas lecciones pertinentes para la construcción de un liderazgo más comprometido con el país: 1)  la realidad es más compleja que las teorías y herramientas de las que dispone el gobernante; 2) el mal uso del tiempo tiene que ver con la sobrecarga de trabajo y con el déficit de asesoría técnica que debe tener suficiente autonomía para llamar la atención del gobernante sobre los problemas de mayor valor que deben prevalecer en su Agenda; 3) el gobernante no puede tomar decisiones “en caliente”, requiere conjugar la pasión con la razón, y ello exige reflexión y menos exposición pública; la propaganda conspira en contra de una acertada administración de la Agenda, los problemas de menor cuantía desplazan a los que pueden dar éxitos duraderos a la gestión de gobierno; 4) el presidente no puede refugiarse en el “soporte afectivo” de su círculo íntimo, debe tomar distancia del adulo, de la devoción “leal pero enfermiza”; 5) Debe escuchar a la sociedad, a quienes no concuerdan con su pensamiento y su práctica; 6) Debe rodearse de colaboradores, seleccionados por su preparación probada, su integridad, su autonomía, su sensatez, madurez y responsabilidad. 

Todo esto le garantizará no quedarse sin oxígeno al terminar su mandato.

[PANAL DE IDEAS]

Francisco Chamorro
Mauricio Alarcón Salvador
Ramiro García Falconí
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