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9 de Octubre del 2023
Ideas
Lectura: 7 minutos
9 de Octubre del 2023
María Amelia Espinosa Cordero

Abogada. Experta en derecho penitenciario y cuestión carcelaria. Activista por la erradicación de la tortura en cárceles. Directora de @Fundación_IR.

Al Estado le chorrea sangre
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La excusita de Los Choneros, Los Chone Killers, Los Lobos, Los Pipos, Los Tiguerones y quién sabe cuántos más, nos queda corta, no representa la podredumbre de un Estado al que nunca cacheamos, pero al que rozamos y le sale pus

Al mediodía del viernes, todos los noticieros anunciaban que los 60 días para recabar información dentro de la instrucción fiscal por el asesinato del periodista y excandidato presidencial Fernando Villavicencio terminaban al día siguiente, sábado 7.

Tres horas más tarde, sobre las 16:00, circulaba en redes información no oficial -o sea, verídica- sobre el asesinato de los implicados en el crimen: @soscarcelesec | […] Acaban de asesinar en la Penitenciaria [sic] del Litoral, al menos a 7 personas, entre ellos, a los sicarios de […] Villavicencio, quienes habían solicitado días atrás a la @FiscaliaEcuador y al @SNAI_Ec su traslado a una cárcel más segura […]

Cinco horas más tarde, sobre las 21:00, circulaba en redes información oficial -o sea, que confirmaba la no oficial- con el cinismo y tibieza característicos e indolentes de los pronunciamientos gubernamentales: @SNAI_Ec | […] Una vez que las instituciones encargadas del levantamiento de cuerpos realizaron las pericias de rigor, corresponde informar que las seis personas privadas de libertad (PPL) muertas [asesinadas sin el menor pudor] […] son de nacionalidad colombiana y estaban imputadas por el asesinato del expresidenciable [sic] […]

Diez horas más tarde, sobre las 07:00 del sábado 7, la información no oficial alertaba sobre el asesinato del séptimo implicado en el magnicidio: @jcarreraandrade | Este rato. Acaban de encontrar muerto a otro implicado en muerte de Villavicencio. Estaba detenido en CDP en Quito. Van 7 eliminados […]

Tres horas más tarde, sobre las 10:00, el ente rector de la política penitenciaria -o sea, el que [se supone] tiene el control y responsabilidad sobre la administración de los centros de privación de libertad-, continuaba informando: @SNAI_Ec | […] Personal de Criminalística realizó las diligencias tras el evento registrado […] que dejó como resultado la muerte de [otra persona] vinculad[a] en el caso del excandidato presidencial […]

La Penitenciaría del Litoral, nunca mejor nombrada, ha visto dentro de sus muros de cemento y puertas blindadas a discreción las peores masacres a las que hemos asistido con impavidez los últimos 19 meses. La Peni se ha cargado en sus entrañas más de 300 muertos de los 466 que contabilizo -probablemente se me escapen decenas-. El Centro de Detención Provisional de Pichincha se ha cargado dentro a 16.

En mi ninguna dote de actriz de Investigation Discovery -porque como ciudadana no puedo asumir ni exigir respuestas en este país- me pregunto qué carajo hacían estos sardinos internos en la cárcel más violenta del Ecuador, y qué hacía el séptimo en Quito…

¿Por qué el instante en que se acogieron al silencio o en cuanto pidieron ser trasladados a otro centro porque su vida corría peligro, no fueron puestos a buen recaudo?, ¿a cuántos agentes de seguridad y vigilancia penitenciaria y oficiales de la Policía Nacional que custodiaban ambas cárceles las jornadas del viernes y sábado se detuvo e interrogó ya?, ¿qué medidas de protección específica se tomaron una vez que el gobierno norteamericano ofreció US$ 5 millones de recompensa por información sobre el asesinato de Villavicencio?

¿Por qué en estos territorios de nadie y mazmorras de nuestro sistema carcelario, los manes pupis son los únicos inmortales, y en su reemplazo entran, se pudren y mueren los descartables, los marginales, los que se olvidan rápidamente y no califican para la categoría de “conmoción social”?

¿Qué garantías ofrece la cadena de custodia de una Policía de la cual se ha probado amplia corrupción y deficiencia, en el proceso de desmaterialización de teléfonos celulares de periodistas -cuyas fuentes son reservadas por principio, no por capricho de sus dueños- que llevaron adelante, precisamente, las investigaciones por las cuales se presume que asesinaron al excandidato y que implicarían a gente con pedigrí -o sea, esa que casi nunca entra a la cárcel-?

Y me sigo preguntando, ¿cuánta gente blanca de mediana edad, de estrato socioeconómico alto -si la plata nos creciera 10 centímetros-, de amplia exposición pública, denunciada abiertamente por Villavicencio cuando presidía la Comisión de Fiscalización y Control Político, tiene medidas cautelares de presentación periódica ante la autoridad fiscal o judicial, uso de grillete electrónico o prohibición de salida del país?

¿Por qué en estos territorios de nadie y mazmorras de nuestro sistema carcelario, los manes pupis son los únicos inmortales, y en su reemplazo entran, se pudren y mueren los descartables, los marginales, los que se olvidan rápidamente y no califican para la categoría de “conmoción social”?

Hágase un favor y lea a Juan Diego Quesada, en El País: Ito [uno de los asesinos materiales de Villavicencio] vivía en un barrio pobre, donde escasean las oportunidades. Los muchachos pasan el día en la calle, sin nada que hacer. Beben ron en unos vasitos pequeñitos y fantasean con tener dinero para comprarse una moto. Nadie les regala nada, no disfrutan de ninguna clase de privilegio, no tienen amigos importantes, por no tener muchos no tienen ni carné de identidad. No existen.

…Y yendo hacia atrás en el tiempo -porque esta inoperancia es de larga data-, me pregunto qué medidas de seguridad penitenciaria, dispuestas por la Corte Constitucional en fase de supervisión de cumplimiento de sus dictámenes y sentencias, tomó el gobierno al interior de los centros. ¿Qué otra cosa que confiscar armas y celulares -sin explicar cómo ingresan o cómo funcionan en entornos con inhibidores de señal- han hecho nuestros oficiales, que se precian de “retomar el control” de las cárceles centenas de muertos después, vez tras vez?

Presi, los +15 decretos de estado de excepción dictados al interior del [inexistente] Sistema Nacional de Rehabilitación Social -oxímoron de los der[s]echos humanos-, o en las provincias costeras por el aumento desproporcionado de la inseguridad y violencia, se han convertido en una broma de mal gusto para sus gobernados, un despilfarro de recursos que ha desviado la atención de los verdaderos actores y sectores de la cadena de valor de la economía del narcotráfico: altos funcionarios aduaneros y portuarios, alcaldes, autoridades de control, concejales, empresarios, fiscales, jueces, militares, policías…

La excusita de Los Choneros, Los Chone Killers, Los Lobos, Los Pipos, Los Tiguerones y quién sabe cuántos más, nos queda corta, no representa la podredumbre de un Estado al que nunca cacheamos, pero al que rozamos y le sale pus.

…O le chorrea sangre, porque desde febrero del 21, cuando nuestras cárceles suenan, cadáveres traen.

[PANAL DE IDEAS]

Julian Estrella López
Fernando López Milán
Alexis Oviedo
Rodrigo Tenorio Ambrossi
Patricio Moncayo
Alfredo Espinosa Rodríguez
Francisco Carrión Mena
Giovanni Carrión Cevallos

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