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18 de Marzo del 2015
Ideas
Lectura: 9 minutos
18 de Marzo del 2015
Cristina Burneo Salazar

Docente de la Universidad Andina Simón Bolívar. Trabaja en Letras, género y traducción.

Alexis Mera, inagotable
La mujer “mal culeada”, como usted supuestamente llamó a sus colegas, no se hace cargo de su insatisfacción porque no gobierna sobre su cuerpo ni sobre su placer. Por tanto, es su destino ser una persona “mal culeada”. Entonces, señor Mera, ¿cómo actuaría, según usted, una mujer correctamente culeada?

Voz pasiva

Usted piensa que una mujer que expresa su opinión es una “mal culeada”. Es decir, usted cree que una mujer con una opinión propia sufre de insatisfacción sexual.

Eso dice mucho de lo que usted piensa que es una mujer: sólo concebible a partir del sexo; sexo en que ella es un ser pasivo que sufre; y que, como sufre, se queja. Eso dice lo que piensa usted de sus colegas mujeres dentro del gobierno, las servidoras públicas y las mujeres que, en general...piensan. Esas opiniones, colijo de su elección de palabras, provendrían de la frustración por no poder ser una bien culeada, así, en voz pasiva. Además de todo, la mujer “mal culeada”, como usted supuestamente llamó a sus colegas, no se hace cargo de su insatisfacción porque no gobierna sobre su cuerpo ni sobre su placer. Por tanto, es su destino ser una persona “mal culeada”. Entonces, señor Mera, ¿cómo actuaría, según usted, una mujer correctamente culeada?

Así dejó usted por escrito su misiva del viernes 13 de diciembre de 2013, al parecer en comunicación oficial firmada: “Alexis Mera, secretario nacional jurídico”. Así se refirió usted a las mujeres y hombres involucrados en la defensa de los derechos de las mujeres durante los debates en torno al COIP. Cuando estas personas, empujadas por los movimientos feministas y de la sociedad civil, defendieron los derechos de las mujeres, usted lo expresó así: “Los puntos neurálgicos que vamos a tener problema con el Código (además de los temas de siempre de las mal culeadas, que siguen insistiendo), son los siguientes...”, y prosiguió a listar, entre otros, esto: “ 2. Tampoco quieren aceptar la prisión preventiva para las mujeres embarazadas.”

¿A esas mujeres a las que usted se refiere también les ordenaría el Estado que posterguen el inicio de su vida sexual o esas órdenes sólo las da el Estado a las niñas que sufren de violencia sexual, bloqueo de información, embarazos forzados, matrimonios obligados?  ¿O eso va para las mujeres que el Estado ha encarcelado acusadas de abortar?

Apología de la obediencia

Hoy, usted parece haber recibido abundante asesoría para poder hablar. En su entrevista con El Comercio, que ha causado casi más indignación que las salvaguardias, y eso es bastante decir (decenas de artículos, blogs, posts en redes sociales y comentarios en la calle le han respondido en un solo día y más de 45.000 personas que leyeron su entrevista en menos de 24 horas lo recordarán por esto. Esta será su fama), usa usted unas máximas de la corrección política que casi le creemos, como “El Estado es laico”; “Ese es también rol del Estado: educar para evitar la violencia intrafamiliar.” Lo que escandaliza aquí es lo que usted concibe como educación. Para usted, uno de los funcionarios de mayor rango dentro del Estado, que habla por el Estado, educar no es formar para la libertad. Educar para usted es instruir para la obediencia.

Usted usa la palabra “educar” en donde, en realidad, está hablando de controlar: “El papel del Estado es educar a la sociedad pero la educación debe ser integral: biológica, psicológica y social.” Sustituyo: “El papel del Estado es controlar a la sociedad pero el control debe ser integral: biológico, psicológico y social”. El conejo sale del sombrero. Eso ya lo sabíamos, usted lo ha hecho más explícito. Volviendo a 2013, el COIP daba los pasos más seguros hacia esto: persecución, criminalización de la protesta social, puntos dos y tres de su entrevista de hoy. Faltaba el punto uno. Se empezó por la criminalización de la pobreza en el caso de las mujeres que deben mantener embarazos forzados y abortar clandestinamente en los sectores más pauperizados de este país.

La cuestión de los valores

Se ha citado cientos de veces su frase célebre: “(...) las mujeres no se valoran adecuadamente, porque se dejan violentar”. Decir esto es terriblemente violento, misógino e ignorante de la realidad del país que cogobierna. Las mujeres son las culpables de la violencia que se ejerce contra ellas, dice usted. ¿Quién viola a las mujeres, señor Mera? ¿Quién las condena a embarazos no deseados? ¿Quién tiene acceso no consentido a los cuerpos inofensivos de las niñas que son sus hijas, nietas, sobrinas, alumnas, vecinas o pacientes? Siempre, siempre, será una persona concreta, con nombre y apellido. ¿Quién perpetúa esta violencia al poner toda la responsabilidad sobre las mujeres y las niñas, como la “niña de 12 años que va a un centro de salud a pedir anticonceptivos”? Aquí, ahora, es el Estado. El Estado es cómplice de encubrimiento, porque ni usted, ni Mónica Hernández, ni Rafael Correa, ni Cecilia Vaca, ni Carina Vance, con un largo etc. dentro del gobierno, han nombrado a los violadores para hablar en este contexto.

Pongamos el caso de Jorge Glas Viejó, encontrado culpable de violar a una alumna menor de edad. Pongamos el ejemplo de José Luis Álava Alvarado, nieto de Daysi de Alvarado, embajadora de Ecuador en Costa Rica, y sobrino de Vinicio Alvarado, secretario de la Administración, acusado de violación en 2008 y encontrado culpable en 2011. La víctima fue una niña de 5 años. Una niña de 5 años... ¿que no se valora?

De sus afirmaciones no nos distanciamos inmediatamente sólo las mujeres. También lo hacen los hombres que no quieren verse a sí mismos como potenciales agresores por encontrarse frente a “una mujer que no se valora” y a quien, por tanto, pueden violentar. Eso dice mucho, también, de lo que usted concibe como un hombre, al que iguala con un agresor sin responsabilidad ni autocontrol. Ahora, habría que preguntarle cómo es una mujer que “se valora”, porque usted parece tener varias definiciones para hablar de lo que es una mujer. Lo que no logramos ver es cómo una niña de cinco años violada en una Embajada ecuatoriana tiene la culpa de ser violada por no valorarse. Para usted, los Jorge Glas Viejó y los José Luis Álava Alvarado deben ser encubiertos.

Junto con eso, cabe contextualizar su afirmación de manera más amplia. Su frase responde a la pregunta de su entrevistador cuando él se enfoca en la cuestión de los valores propuesta por Mónica Hernández en el Plan Familia. Él pregunta: “¿Por qué es un problema de valores?” Usted responde: “En que las mujeres no se valoran adecuadamente...” Y aquí nos deja su respuesta servida en bandeja de plata. Tanto que la pobre Hernández había luchado por poner “los valores” en primer plano y a usted se le van por la borda en unas pocas palabras: es una cuestión de valores porque la mujer no se valora. ¿Y los valores? Los de Hernández, digamos, los morales, etc. Se esfumaron en su afirmación misógina, claro, y también un poquito cantinflesca, disculpe que mencione el humor.

Varias mujeres en la Asamblea y en el gobierno han rechazado sus afirmaciones, señor Mera. Esperamos que ese rechazo no sea retórico, oportunista ni tímido. Si retoman la agenda de los derechos de las mujeres que alguna vez tuvieron, veremos si su discurso es coherente con su accionar político. Hasta el ministro Augusto Espinosa ha tuiteado en rechazo, lo cual desconcierta, porque recién decía que las muchachas se embarazan “por cosas de la vida”, porque “cometen errores”. Veremos hasta dónde llega este supuesto cuestionamiento, dudoso por el discurso de Espinosa. Mientras tanto, señor Mera, y ante su desafortunado oficio de 2013 y esta entrevista impresa y grabada en la memoria de miles de personas, postergue usted su vida intelectual lo que más pueda.

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