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26 de Agosto del 2019
Ideas
Lectura: 5 minutos
26 de Agosto del 2019
Rodrigo Tenorio Ambrossi

Doctor en Psicología Clínica, licenciado en filosofía y escritor.

Amazonas: un crimen mundial
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Desolación. Iras. Vergüenza. Profunda tristeza. Estos y muchos otros sentimientos provoca ese incontenible incendio que rápidamente ha convertido en cenizas una parte importantísima del pulmón del mundo. 

Por de pronto, se desconocen los orígenes de esta catástrofe. Sin embargo, allí estarán presente, casi como siempre, el descuido, las malas intenciones y ese quemeimportismo que hace parte de la cultura de una buena parte de la población. Desde hace muchos años no se deja de hablar de la necesidad imperativa de preservar las selvas y en particular la amazónica casi como condición básica, fundamental, de la sobrevivencia del planeta. 

El presidente Macron, de Francia, acusa directamente al presidente Bolsonaro, no solo de despreocupación sino incluso de haber mentido al mundo, en la última reunión de G20 desarrollado en Osaka, sobre el clima, las condición de la Amazonía y sobre sus acciones políticas y administrativas en torno a la preservación de la selva amazónica. Macron señala que el presidente Bolsonaro “ha decidido no respetar sus compromisos que tienen que ver con el cambio climático, la protección de la biodiversidad y la protección de la selva amazónica.

Por ende, es preciso mirar el incendio en la Amazonía también como un problema de orden diplomático pues involucra no solo a Brasil sino a toda América y al mundo entero. Se trata, pues, de un problema planetario. La selva amazónica constituye el pulmón del mundo. Y esta selva ni comienza ni termina en Brasil. Atraviesa Perú, Ecuador, Colombia. 

¿Cuándo los poderes no engañan sobre los temas ecológicos particularmente cuando de por medio se hallan sus propios intereses económicos y políticos? Vale la pena preguntar al presidente Moreno sobre el estado en el que se hallan nuestra selva amazónica y en particular el Yasuní. En efecto, se oyen voces de alarma de personas muy entendidas en la materia y que frecuentemente visitan la zona. Se dice que de forma cada vez más acelerada, van despareciendo bajo el peso de la contaminación y explotación petrolera y maderera. 

Pero saberlo no le resta un minuto al profundo sueño de gobernantes y autoridades. El engaño y los silencios culposos se convierten en calla-conciencias y eficaces somníferos. Sin embargo, la realidad es cruelmente dura e inapelable. Datos publicados por el Instituto de Investigación Espacial de Brasil señalan que del 53% de los incendios que se producen en el país, el 84% corresponde a la selva amazónica. 

Si este incendio ha provocado fuertes críticas a las políticas de Brasil, no es posible que nosotros guardemos silencio sobre lo que acontece casa adentro.

La verdad es dura y muy alarmante. Entre nosotros, como en Brasil, no se toma en verdaderamente en serio el tema del cambio climático como para armar una política de prevención de incendios y de protección de selvas y de bosques. Nuestro país se desenvuelve con políticas precarias en las que la improvisación se convierte en el modus vivendi. Entonces, cuando aparecen las catástrofes, no cesan los ayes de dolor. Y solo entonces los poderes empiezan a habar de políticas de prevención. Casi siempre, sin embargo, políticas que se quedan en el papel y en los discursos de emocionados ministros. 

Macron, convertido en el vocero de la Comunidad Europea, dice que es nuestra casa la que arde en la Amazonía. Nuestra casa planetaria.

¡Pero para Bolsonaro esta actitud asumida por Francia y la Unión Europea representa una mentalidad colonialista! Ante tal respuesta a la absolutamente seria posición del mundo no queda nada que decir. No solamente Brasil sino todas las naciones merecen gobernantes que miren más allá de su plato de comida y de su vaso de agua. 

Mientras Bolsonaro recién alista grupos de las Fuerzas Armadas para que apoyen la lucha contra el fuego, no cesa de arder el pulmón del mundo. 

El presidente Moreno envió a Brasil un equipo de apoyo. Está bien. Pero es el momento de preguntarle qué real y fácticamente está haciendo su gobierno en torno al cuidado y protección de nuestras selvas. Si no existen en verdad proyectos en desarrollo sobre el tema, el país seguirá viviendo en la fatuidad de las palabras fofas. 

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