
Habitualmente, una joven periodista se convierte en tendencia en las redes sociales. Se llama Alondra Santiago, nació en Cuba y se encuentra radicada en Ecuador. Actualmente ejerce la comunicación social, pero además se presenta como actriz y feminista.
Hace poco, Alondra Santiago criticó el primer discurso público del electo presidente Guillermo Lasso. El mandatario electo dijo, refiriéndose a la maternidad infantil, que “María de Lourdes y yo seremos sus padres”. La periodista contestó “no necesitamos que sean nuestros padres, necesitamos poder decidir” y agregó “en una sociedad tan patriarcal no necesitamos que nos sigan cuidando, necesitamos poder elegir”.
Desde entonces la lluvia de críticas e insultos persisten durante varios días. En todo caso, el problema estriba en la crítica de Santiago al enfoque de la política planteado en su discurso por el presidente electo y a su militancia feminista. ¿Algo de esto es atentatorio a una sociedad democrática o a los cimientos de esta nación?
Muchas de las críticas a la periodista tienen una premisa válida pero una conclusión falsa. Que si dijera lo mismo en Cuba ya estaría tras las rejas. Eso es cierto, pero ella no está en Cuba, está en Ecuador y aquí sus declaraciones son absolutamente válidas. Entonces, no se critica lo que dijo la periodista, sino lo que ella representa como persona.
Nadie ha intentado refutar a Santiago en su punto central. Según la pirámide de la argumentación de Paul Graham, en el nivel más precario de la argumentación está el insulto, después está el ataque a las características del interlocutor y después al tono de su mensaje. Que Santiago es una espía comunista, que es una extranjera que debería estar agradecida con este país o que dice lo que dijo para ser candidata, le responden sus contradictores, pero ahí no hay un solo argumento válido, solo tonterías.
Ese es precisamente el problema, que no hablamos sobre ideas, sino sobre personas. Como decía Eleanor Roosevelt “Las grandes mentes discuten ideas; las mentes promedio discuten acontecimientos; las mentes pequeñas discuten sobre la gente”. Así es como una manada de intolerantes digitales intentan imponernos la discusión sobre la gente y no sobre las ideas. Si queremos posibilitar una sociedad de grandes mentes debemos empezar a discutir sobre las ideas, no sobre las personas.
Muchas de las críticas a la periodista tienen una premisa válida pero una conclusión falsa. Que si dijera lo mismo en Cuba ya estaría tras las rejas. Eso es cierto, pero ella no está en Cuba, está en Ecuador y aquí sus declaraciones son absolutamente válidas.
Ándate a Cuba, le dicen frenética y frecuentemente a Alondra Santiago, además de otros insultos sexistas y xenófobos. ¿Por qué habría de hacerlo? Acaso no tiene derecho a quedarse en su país como todos nosotros. Acaso nosotros no tendríamos derecho a quedarnos, como nos hemos quedado algunos, en el país que hemos hecho nuestro. ¿A quién ha irrespetado la periodista tras manifestarse a favor de una de las causas del feminismo? Si tanto les molesta, debatan sobre las ideas del feminismo, no sobre la persona que las dice.
Todo esto es el síntoma de una sociedad polarizada. Después de 25 años de populismos de distintas caras y de 14 años de autoritarismo y corrupción, para una sociedad como esta será muy difícil desintoxicarse de tanto político gritón y deslenguado. Por eso es impensable creer que las agresiones en contra de la periodista respondan a una campaña organizada de un sector del novel gobierno, sino que se explican en una parte de la sociedad que naturalizó la vulgaridad como la única forma de expresión pública.
Por eso también hago una advertencia: los generadores de opinión de los perdedores del balotaje querrán instalar la idea de que son perseguidos por sus ideas. Los periodistas digitales, los columnistas, los analistas, los influencers del correísmo dirán que los demócratas, pacifistas y conciliadores del nuevo gobierno no han sido tal y que todo resultó en una mentira. Entonces buscarán polarizar el debate y entregarse al escarnio público a través de declaraciones polémicas con tal de martirizarse para conseguir atención. El fin de esta maniobra consistirá en hacer creer que los próximos años serán de agresión, no de encuentro, como si estuviéramos en alguna de las variantes del modelo político que defienden todavía. Pero creo que este no es el caso de Alondra Santiago.
Lo que no se puede permitir es que se intente imponer dogmas que ya fracasaron en otras partes del mundo. Pero para eso no se tiene que agredir, menoscabar o violentar a los otros como si estuviéramos viviendo todavía en ese modelo que nos hemos propuesto superar. Aceptemos el debate tolerante, respetuoso e incluso cordial de ideas como la única forma de entendernos. No nos convirtamos en eso que hemos jurado destruir.
@ghidalgoandrade
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