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6 de Enero del 2020
Ideas
Lectura: 7 minutos
6 de Enero del 2020
Rodrigo Tenorio Ambrossi

Doctor en Psicología Clínica, licenciado en filosofía y escritor.

Año nuevo: ¿qué pasa con la educación?
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La realidad virtual ni siquiera es tomada en cuenta en el sistema y menos todavía por quienes tienen a su cargo la educación del país a través del Ministerio. Es como si se ignorase que las interacciones con objetos virtuales prepararían mejor a las nuevas generaciones para afrontar su vida y su mundo en el futuro.

Dimos fin a una década y, sin hiato alguno, hemos iniciado el recorrido de un tramo más en la carrera de existencias personales y sociales. Porque somos multiplicidad y complejidad en un mundo cada vez más indescriptible y menos estable. Como nunca antes, nos hemos convertido en pura inestabilidad.

No siempre resulta fácil aceptar esta inestabilidad pues se contrapone a cualquier intento de organizar la vida social y personal desde proyectos rígidos. Probablemente sea esta inestabilidad aquello que más profundamente diferencia la contemporaneidad de lo que acontecía en otros tiempos. Ningún pasado fue mejor que nuestro presente. No se puede ni siquiera pretender volver al pasado sin correr el riesgo de convertirnos en estatuas de sal. 

Caducaron los mega-relatos sociales y políticos. En su lugar aparecen los aconteceres de una cotidianidad mutante. La mutabilidad provee de sentido a la existencia actual. Es el día a día vivido intensa, profundamente. Las nuevas generaciones habitan un mundo mágico que les permite vivir con un pie en lo real de hoy y el otro en lo virtual de mañana. Lo virtual ha dejado de ser pura ficción para convertirse en intensa condición de existencia. En consecuencia, el presente es la tecnología que crea mundos virtuales. Mañana es lo que vendrá no solo como respuesta sino fundamentalmente como espacio para nuevas preguntas. 

Se ha creado una inestabilidad absolutamente existencial y vivificadora. Para las nuevas generaciones, lo impredecible se habría convertido en la condición de su sentido de existencia. Generaciones que no quieren para sí un rígido proyecto de vida sino tan solo que se les provea de condiciones adecuadamente sólidas que les permitan armar sus propios proyectos. Para ellas es absurdo e incomprensible que los poderes se propongan armar su futuro desde la repetición. Para ellos, no hay repetición sino creatividad. 

Desde esta perspectiva, no cesan de cuestionar, por ejemplo, el sistema educativo que los encasilla, que trata a todos por igual, que obliga a la repetición y que poco tiene que ver con la fantasía y la creatividad. Se hallan absolutamente convencidos de que el sistema educativo no está configurado para incentivar la creatividad sino la repetición. Saben que en el aula no se crea nada, que ahí no se toma en cuenta ni se utilizan las nuevas tecnologías ni se prepara para las que están por llegar. El aula es el espacio privilegiado del sometimiento a lo trasmitido mas no espacio para la imaginación y la creación.

De hecho, quienes organizan y rigen la educación dan cuenta de posicionamientos mentales, sociales y éticos caducos. Siguen convencidos de que la renovación educativa es cuestión de manuales y de metodologías. De otras maneras de enseñar la misma matemática, la misma historia, la misma geografía. Mientras que ni siquiera se menciona lo virtual que aparece como pura fantasía o como lugar de una solemne pérdida de tiempo. Para el sistema educativo el futuro, es solo cuestión de tiempo, casi de mero calendario. No se piensa en un futuro que no solamente ya es posible simularlo sino también crearlo de tal modo que ya exige preparación para afrontarlo. 

quienes organizan y rigen la educación dan cuenta de posicionamientos mentales, sociales y éticos caducos. Siguen convencidos de que la renovación educativa es cuestión de manuales y de metodologías. De otras maneras de enseñar la misma matemática, la misma historia, la misma geografía.

Así se niegan los valores de las experiencias inmersivas en los procesos educativos contemporáneos. A las nuevas generaciones se les niega la posibilidad de formarse pensando en un mundo futuro en el que las realidades serán ciertamente otras a las que, sin embargo, ya es posible acceder mediante la simulación para así preparar respuestas tanto cognitivas cuanto actitudinales. 

En otras palabras, la realidad virtual ni siquiera es tomada en cuenta en el sistema y menos todavía por quienes tienen a su cargo la educación del país a través del Ministerio. Es como si se ignorase que las interacciones con objetos virtuales prepararían mejor a las nuevas generaciones para afrontar su vida y su mundo en el futuro. 

El tiempo pasa sobre el sistema educativo como agua sobre pluma de pato. Todavía la repetición prima sobre la creatividad que debería ser asumida como la única alternativa válida de toda educación. Quizás desde un cinismo atávico no cesamos de quejarnos del subdesarrollo y, sin embargo, hacemos muy poco para superarlo. Los países desarrollados se alejan cada vez más de nosotros. Como si esto fuese poco, en altos niveles de poder incluso se afirma que la educación de las nuevas generaciones debería basarse en nuestros orígenes étnicos y culturales. Pobre país manejado por pobres de espíritu.

En lo educativo, el nuestro es un Estado fallido. Comenzamos una nueva década sin una clara política educativa destinada a una renovación total del sistema y no solo a un supuesto aggiornamento de pura fantasíaLa nuestra es una educación anclada en la repetición que equivale a mediocridad pura. No se quiere mirar el futuro por desconocimiento y cobardía.

Pasan por el ministerio de Educación sujetos que ni siquiera se imaginan lo que implica la creatividad en la cotidianidad educativa porque están hechos para la repetición. Su ancestral adhesión al pasado les ha segado la capacidad de improvisar para crear. Han hecho de la tradición y de la repetición ídolo y alimento a la vez.

Empezamos a vivir la tercera década del siglo que nos lanza al futuro. En lo que concierne a la educación, tan solo será cuestión de un UNO rojo en el nuevo calendario. O a lo más, de un tiempo para lograr la perfección de la repetición. 

Para crear hace falta una gran dosis de imaginación y valentía. Algo que no se ve en quienes manejan la educación del país. Como nunca antes, el futuro es de los audaces. Y un equipo de audaces debería dirigir el Ministerio de Educación.

[PANAL DE IDEAS]

Carlos Rivera
Pablo Piedra Vivar
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Fernando López Milán
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Christian Escobar Jiménez
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