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14 de Septiembre del 2021
Ideas
Lectura: 8 minutos
14 de Septiembre del 2021
Gonzalo Ordóñez

Es licenciado en Sociología y Ciencias Políticas por la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, Quito; Magíster en Comunicación, con mención en Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación por la Universidad Andina Simón Bolívar, Sede Ecuador.

Los antivacunas y los líderes políticos
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Las posturas radicales, como la desinformación, destruyen la democracia pues imponen opiniones e intereses de grupo como verdades del mundo, aceptar que se desconoce, demuestra humanidad y respeto por el aprendizaje y la investigación, es una ventana abierta al conocimiento y a la convivencia en democracia.

¿Qué tienen en común líderes políticos y los antivacunas? Elija la opción correcta:

1. Que son parientes.
2. Que son vegetarianos.
3. Sus posturas radicales.

Aunque la primera opción suele ocurrir a menudo, la correcta es la tercera. Líderes políticos y anti vacunas creen poseer el conocimiento acerca de cómo funciona el mundo y comparten su visión en redes sociales o cualquier espacio público o privado con la esperanza de que otros grupos los validen. Pero, la información que comparten solo se sirve en una pambamesa de ideas con la que se alimentan entre ellos.

No se debe confundir desinformación con desconocimiento. La desinformación se caracteriza por la intención: se conoce algo, pero se distorsiona o substituye por otra información. Conocer significa reconocer las causas, asociaciones y consecuencias de algo y actuar en consideración, la desinformación intenta incidir en esa decisión.

Desconocer significa aceptar un estado que puede cambiar: no sé algo, pero puedo aprenderlo, descubrirlo y validarlo con otros. 

El desconocimiento, como señala Daniel Innerarity, tiene que ver con la incertidumbre:

“La sociedad del conocimiento se caracteriza por el hecho de que un creciente número de actores dispone de un fondo también creciente de diversos saberes, por lo que estos actores informados están en condiciones de hacer valer el propio saber frente a las intenciones de los gobiernos. En lugar de un aumento de las certezas, lo que tenemos son una pluralidad de voces que discuten cacofónicamente sus pretensiones de saber y sus definiciones del no-saber” (La sociedad del desconocimiento).

Para los anti vacunas el no-saber es de los epidemiólogos, y el suyo, evidentemente el “saber”.

Por otra parte, la desinformación conduce a la destrucción del tejido social, pues socaba los saberes científicos, la democracia de consenso, la aceptación de la diversidad.

Es una inmensa paradoja, puesto que la equidad, libertad o justicia que promueven los líderes políticos y grupos antivacunas se garantizan en un sistema democrático. No se les puede pedir a los talibanes que respeten a las mujeres, a los chinos que no controlen las redes sociales o a los antivacunas que contrasten las estadísticas de muertes versus la de gente que salva tras ser vacunada, porque viven en un esquema de sociedad no-democrática.

El desconocimiento puede ser positivo si conduce al desarrollo de estrategias para la valoración de los riesgos, la gestión y la comunicación en contextos de incertidumbre.

El Centro de Operaciones de Emergencia Nacional (COE), por ejemplo, actúa como si conociera todo. Su falta de conocimiento de la psicología y antropología es arrogancia; no desconocimiento.

Por eso las fake news inundan las redes sociales, los grupos aprovechan el déficit de información para posicionar la desinformación.

El problema de fondo de las fake news, no es la falta de conocimiento, al contrario, existe mucha información; que se presenta con historias verosímiles, de forma que las personas, no adscritas a ningún grupo, repliquen la desinformación como si fuera un conocimiento real. 

Las posturas radicales, como la desinformación, destruyen la democracia pues imponen opiniones e intereses de grupo como verdades del mundo, aceptar que se desconoce, demuestra humanidad y respeto por el aprendizaje y la investigación, es una ventana abierta al conocimiento y a la convivencia en democracia

Para que una historia tenga verosimilitud se necesitan dos elementos: el primero es coherencia; por ejemplo, este dialogo entre un antivacunas y una persona a favor de las vacunas:

—Es una decisión personal, yo decido que entra a mi cuerpo y que no, el sistema no puede decidir en la soberanía de mi cuerpo.

—Claro, la decisión es personal, pero las consecuencias sociales, particularmente, son para los que se mueren.

—Las vacunas son un invento de las grandes transnacionales, existen otros métodos que sí curan, pero los ocultan.

—El último brote de viruela, en el mundo, ocurrió en Somalia en 1970, gracias a la vacunación.

—La comunidad científica está amarrada al mismo sistema de corrupción y poder de las élites. Lo que no les conviene, no es científico.

La estrategia de la persona antivacunas, en el diálogo, corresponde a una evaluación sesgada, que consiste en buscar fallos en las evidencias que refuten su posición y solo aceptar las evidencias que las respaldan.

El segundo elemento es la pertenencia a un grupo que se alimente del discurso de algún líder, influencer, médico, activista o cualquiera con la habilidad para tejer una compleja telaraña de ideas, entre reales y fantásticas; que, además, estimulen la habilidad colectiva para la evaluación sesgada.

Podríamos seguir aetérnum sin lograr que la persona antivacunas cambie su relato. Al final, aunque falso, es un discurso coherente e informado; debido a la mezcla de datos científicos, argumentos de ciencia política con mitos y ficción literaria, característico del discurso antivacunas.

Otro ejemplo: ¿algún lector cree que Jesucristo es Dios? En Marcos 16: 19 dice: “Después de hablarles, el Señor Jesús fue levantado al cielo y se sentó a la derecha de Dios”. Es un mito, pero el relato bíblico describe testimonios y lugares que existieron.

Lo importante es que exista un relato verosímil y un grupo de creyentes que lo reproduzcan y lo alimenten. En otro contexto esto se aplica, por ejemplo, a la justificacion del removido alcalde Jorge Yunda, sobre su anuncio, el mes de agosto, que los vehículos de transporte público y comercial tendrían que cumplir con solo una revisión técnica, amparados en las reformas a la Ley de Tránsito.

Lo que le falta a la explicación son las estadísticas sobre el deteriorio promedio de un transporte público por una mayor exigencia a los automotóres, el riesgo de que un vehículo circule con daños previsibles, que se pueden identificar con una revisión temprana, y en consecuencia desencadene un accidente.

Conocemos el apagón moral que sufren los choferes, para quienes la vida de sus pasajeros es una ruleta que se puede ganar o perder; no es extraño que apoyen a Yunda con esta enorme campaña de desinformación que los protege a ellos y nos deja en la indefensión a los quiteños.

Las posturas radicales, como la desinformación, destruyen la democracia pues imponen opiniones e intereses de grupo como verdades del mundo, aceptar que se desconoce,  demuestra humanidad y respeto por el aprendizaje y la investigación, es una ventana abierta al conocimiento y a la convivencia en democracia.

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