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8 de Abril del 2019
Ideas
Lectura: 8 minutos
8 de Abril del 2019
Álex Ron

Escritor y catedrático universitario.

Apuntes sobre la izquierda bastarda
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Sin que Correa sea existencialista, ha trabajado con poderosos recursos subliminales esa sensación de abandono perpetuo.

Sartre hablaba de la bastardía como un elemento clave para entender la complejidad del ser humano. Para el filósofo existencialista francés hemos sido eyectados en un mundo donde cada instante tenemos que seguir construyendo nuestra realidad. Únicamente desde la orfandad nuestra vida adquiere sentido porque no hay ninguna fuerza sobrenatural que nos proteja o redima.

La izquierda bastarda sería aquella que conecta con la mayoría reflejando el espíritu de los seres desamparados, olvidados y ofendidos por gobernantes y grupos de poder. Es un movimiento, algo caótico, aunque sigue una cierta lógica,  por ello la similitud de los procesos políticos vividos en Latinoamérica durante finales del siglo XX e inicios del siglo XXI. Esta izquierda no tradicional, algo iconoclasta y muy contradictoria por su cercanía con lo religioso, incluso promueve ideas retrógradas como la penalización del aborto o enfrentar a grupos ecologistas. Es una verdadera fanesca política que varía de acuerdo a las diversas coyunturas y que gira alrededor de un caudillo.

Obviamente la bastardía de la izquierda no es reconocida por la izquierda ortodoxa que se sabe pura y esencialmente marxista. La izquierda bastarda, heterodoxa, populachera, levanta un discurso más accesible que genera vasos comunicadores con las masas eternamente dispersas y olvidadas. Tiene clara la necesidad de convertir al caudillo en un dios que va catalizando todas las emociones negativas de la mayoría para transformarlas en nuevas esperanzas. Esta condición ambigua, híbrida es la que le permite proclamarse desde guevarista y maoísta hasta defensora de los movimientos provida.

Las últimas elecciones seccionales demostraron que Rafael Correa sigue siendo el político más influyente en la historia ecuatoriana de los últimos trece años en Ecuador. El País de España considera que Correa ganó las últimas elecciones, es el único candidato que desde el exilio, con un partido político prestado y solo utilizando redes sociales ha podido ganar en electorados importantes de la sierra y la costa (Pichincha y Manabí).

El Mashi, nuevamente ha roto barreras regionales para aparecer como un líder nacional que  pese a la persecución mediática y jurídica conserva su capital político utilizando esa condición de bastardía existencial que lo identifica con la mayoría de ecuatorianos. Sin que Correa sea existencialista, ha trabajado con poderosos recursos subliminales esa sensación de abandono perpetuo. Sus mensajes lo hacen ver como un desterrado pese a las denuncias de corrupción, muchas reales, que se han hecho en su contra. En un vídeo aparece transido, meditabundo, caminando solo en una plaza de Lovaina, exuda esa condición del individuo solitario que enfrenta una desventura, provoca la “saudade” (nostalgia) en su pueblo que alguna vez lo vio eufórico hablar de la patria, como el territorio recuperado por los bastardos.

Después de conocer los resultados electorales, Correa sentenció: ha sido derrotado el FMI, Nebot, Moreno y la prensa. Hasta cierto punto sí, alcanzar entre el 22 y el 25% solo utilizando twitter y facebook, es un gran logro para este camaleónico líder.

Atrás quedaron los años de máximo esplendor y poder en los que Correa disponía de canales de televisión, radios, periódicos y otros espacios públicos para hacer campaña, no en vano se habló del Estado de propaganda. Ahora no. Bastó su frontalidad contra el actual presidente para conectarse nuevamente con millones de electores. Insisto, Correa gana sin sánduches, ni caravanas, ni CNE. Nada. Es un triunfo sin el respaldo del Estado, gana limpiamente, pese a la alta dispersión del electorado.

Pero…¿Cómo un político acusado de múltiples casos de corrupción puede alcanzar tal nivel de apoyo en el electorado? ¿Realmente están bien sustentadas las acusaciones en contra de Correa a nivel jurídico? ¿Existen dos, tres, países con diferentes identidades políticas que solo se encuentran para celebrar cuando gana un partido de fútbol la selección? ¿El ethos barroco se impone siempre sobre el ethos realista?

Definitivamente, somos una nación barroca que depende mucho de los mesías políticos. Lenin Boltaire Moreno no posee el feeling que esta nación barroca requiere. Sin emociones y capacidad iconoclasta no hay política. La mayoría de ecuatorianos necesita vértigo y dopamina para entender desde los extremos a una realidad excluyente.

El triunfo en Pichincha de Paola Pabón muestra la real magnitud de un fenómeno político que no es coyuntural, sigue las mismas coordenadas del velasquismo pero con algunos giros macroeconómicos y geopolíticos. El proyecto correísta es variopinto, barroco, poco lógico, porque planifica en algunas áreas y en otras es un desastre.

También hay un elemento clave: el giro económico que dio Moreno rompiendo el modelo de Estado benefactor que utilizaba Correa. Ésto exaspera a la ciudadanía, nadie, excepto las élites querían de vuelta al FMI y su manejo draconiano de la política económica. La mayoría esperaba transparencia, no más casos de corrupción, ni nuevos ricos. Lamentablemente cambiamos personajes obscuros como los Alvarados por otros más obscuros como Cuesta. O cambiamos a Fabricio por el hermanito de Lenín que aparece en los INA papers. Y el guión es el mismo: “yo no sabía”…

El triunfo en Pichincha de Paola Pabón muestra la real magnitud de un fenómeno político que no es coyuntural, sigue las mismas coordenadas del velasquismo pero con algunos giros macroeconómicos y geopolíticos. El proyecto correísta es variopinto, barroco, poco lógico, porque planifica en algunas áreas y en otras es un desastre como en la Refinería del Pacífico. Existen diferentes actores dentro del correísmo que van alternando entre posiciones de izquierda y curuchupismo de la peor especie.

Correa con su discurso cargado de epicidad, "vamos a recuperar la patria”, ha dejado claro que un cuarto de la población no lo ve como un prófugo sino como un perseguido, o un nuevo gran ausente. Además el radar político de Correa funciona a la perfección, sabe leer las carencias de representación de Lenín Moreno, quien simplemente ha optado por un regreso al modelo empresarial abanderado por el FMI.

Buscábamos transparencia con Moreno. Los nuevos casos de abuso de poder han generado desencanto, la respuesta está en los resultados de las últimas elecciones. CREO está muerto, Nebot no entra en Pichincha y Correa está cerca de una hazaña que nos acercaría más al eterno retorno del que hablaba Nietzsche para quien la historia no era evolutiva sino una colisión de hechos, la historia era caos y el Ecuador es caos.

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