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5 de Abril del 2021
Ideas
Lectura: 5 minutos
5 de Abril del 2021
Natalia Sierra

Catedrática de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Católica de Quito 

Los argumentos no se imponen con violencia
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Hay que salir de la enajenación electoral y comprender que las organizaciones y personas que decidimos votar nulo no somos responsables de los 25 años de catástrofe neoliberal, ni de los 10 años de fraude progresista, ni de los cuatro años de desastre morenista, en el que se articularon liberales y progresistas. Tampoco seremos responsables del retorno del progresismo conservador o del liberalismo conservador.

La disputa electoral ha llegado a su nivel más enajenante. Los defensores de los liberales y de los progresistas han desviado su violento ataque hacia las organizaciones sociales que han decido por el voto nulo.

Al parecer para los liberales, si gana Arauz y con él vuelve "el infierno correísta", la culpa será de los que votamos nulo. Han perdido la memoria y el principio de realidad. Parece que olvidaron que durante 25 años los neoliberales que defienden desvalijaron el mínimo Estado de bienestar, se feriaron las empresas estatales, destruyeron la salud y la educación pública, persiguieron, encarcelaron y asesinaron a los y las disidentes políticas (la última vez en octubre del 2019, 10 asesinados y varios arrebatados el ojo), obligaron a pagar a toda la sociedad la deuda de privados con la sucretización, atracaron cínicamente los ahorros de los depositantes con el feriado bancario, obligaron a miles de ecuatorianos a emigrar, han gobernado para el gran capital exportador-importador y financiero en contra del pueblo, entregaron el país a las corporaciones del capital occidental, han destruido la naturaleza y los territorios, han sido racistas, machistas, explotadores y corruptos, y un largo etcétera que explica por qué la sociedad no los quería más y expulsó consecutivamente a tres de sus gobiernos.

Los sectores de la sociedad que decidimos no votar por los liberales, tenemos memoria y somos conscientes del daño que nos han causado. No somos responsables de que el progresismo haya llegado al gobierno, ni que pueda volver; son ellos y sus políticas antipopulares las responsables del desprecio que les tiene gran parte de la sociedad.

Para los defensores del progresismo, si gana Lasso la culpa será de las organizaciones que optaron por el voto nulo. Pronto olvidaron que durante 10 años, el gobierno correísta aplicó una política sistemática de destrucción de las organizaciones sociales, acabaron con la educación comunitaria indígena, persiguieron, criminalizaron y judicializaron la disidencia política (jóvenes, estudiantes , maestros, campesinos, trabajadores, mujeres, pueblos indígenas, periodistas, los 10 de Luluncoto, Dayuma, el asesinato del Edison Cosios, Freddy Taish, Bosco Wisum, José Tendetza... ), ampliaron el extractivismo, destruyeron el medio ambiente y los territorios, despidieron miles de trabajadores, desvalijaron el IESS, saquearon la riqueza social con negocios espurios con las empresas corruptas, fortalecieron los aparatos represivos del Estado y el COIP para control político, ideológico y judicial de la sociedad, transfirieron el capital del petróleo a las corporaciones corruptas de Occidente y Asia, hicieron ganar más a la banca, a las grandes comercializadoras, a las telefónicas, a los importadores y exportadores, fueron racistas, machistas, conservadores, neocoloniales y un largo etcétera que no hemos olvidado.

Hay que salir de la enajenación electoral y comprender que las organizaciones y personas que decidimos votar nulo no somos responsables de los 25 años de catástrofe neoliberal, ni de los 10 años de fraude progresista, ni de los cuatro años de desastre morenista, en el que se articularon liberales y progresistas

Los sectores de la sociedad que decidimos no votar por los progresistas, tenemos presente el daño que hicieron a las organizaciones sociales y a la esperanza de millones de personas que creyeron en su proyecto. No somos responsables de que el liberalismo se haya recuperado de su muerte política con el gobierno de Lenin Moreno, que los progresistas patrocinaron con el mismo discurso con el que ahora patrocinan a Arauz.

Hay que salir de la enajenación electoral y comprender que las organizaciones y personas que decidimos votar nulo no somos responsables de los 25 años de catástrofe neoliberal, ni de los 10 años de fraude progresista, ni de los cuatro años de desastre morenista, en el que se articularon liberales y progresistas. Tampoco seremos responsables del retorno del progresismo conservador o del liberalismo conservador.

Los que decidan votar por Lasso deben hacerse responsables de su decisión, lo mismo para aquellos que decidan votar por Arauz. Lo que no es correcto es querer que los que deciden votar nulo asuman los proyectos que no apoyan.

La decisión de votar nulo, o no ir a votar es tan legítima como legítima es la decisión del voto por Arauz o Lasso, siempre y cuando se asuma las consecuencias de esa decisión. Lo que no es legítimo es proyectar responsabilidades en otros, o querer con violencia obligar a la otra persona u organización a aceptar argumentos que no logran convencer.

El voto nulo tiene, creo, una responsabilidad que debe asumir: independientemente de quién gane hay que seguir impulsando la autonomía desde los pueblos en la construcción de su destino.

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