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24 de Agosto del 2015
Ideas
Lectura: 5 minutos
24 de Agosto del 2015
Natalia Sierra

Catedrática de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Católica de Quito 

Las Asambleas de los Pueblos versus el Diálogo del Uno Totalitario
Los correístas desquiciados ante su poder en declive, eufóricos, han emprendido una verborrea racista absolutamente nauseabunda, con la cual se ponen en evidencia como herederos directos del tristemente célebre conquistador Juan Ginés de Sepúlveda. No queda duda alguna que muchas, sino todas las indecentes creencias del conquistador son asumidas por la ideología correísta.

Es indudable que las jornadas de resistencia, que iniciaron el 2 de agosto con la marcha de los pueblos del sur y que continuaron con el levantamiento indígena y el paro del pueblo, ha mostrado la reconfiguración de la organización social de los pueblos ancestrales y de los que denomino históricos (trabajadores, mujeres, jóvenes, ecologistas, estudiantes, jubilados), sin decir con esto que los primeros no tejan junto a los otros su propia historia.

Este hecho es en sí mismo un triunfo para la resistencia social frente a la dominación política gubernamental, más aún si se toma en cuenta el sistemático ataque sufrido por las organizaciones sociales durante estos últimos ocho años de implementación de la autodenominada Revolución Ciudadana.

La tan anhelada alianza de la resistencia campo-ciudad empieza a conformarse, a pesar de todas las estrategias del Gobierno por dividir, enfrentar, debilitar y deslegitimar los acercamientos de las otredades oprimidas y explotadas. La represión simbólica y material que ha ejecutado el Gobierno en contra de los pueblos en resistencia no ha funcionado para que su lucha se legitime, no solo a nivel nacional sino internacional. Incluso la violencia racista obscenamente promovida y publicitada por el primer funcionario y replicada por sus huestes correístas, ha provocado en la sociedad ecuatoriana decente un rechazo mayor al mal gobierno, pues ha develado su farsa anticolonial.

El pez muere por su propia boca dice un adagio popular, que calza perfectamente en estos tiempos. Los correístas desquiciados ante su poder en declive, eufóricos, han emprendido una verborrea racista absolutamente nauseabunda, con la cual se ponen en evidencia como herederos directos del tristemente célebre conquistador Juan Ginés de Sepúlveda. Al decir de sus abyectos comentarios racistas no queda duda alguna que muchas, sino todas las indecentes creencias del conquistador son asumidas por la ideología correísta.

Al igual que Sepúlveda, los correístas y sobre todo su primer representante, por quien llevan esa penosa nominación, se creen en perfecto derecho de imperar sobre los pueblos ancestrales; porque igual que su mentor ideológico consideran, y así lo han expresado, que los indígenas son tan inferiores a ellos, de ahí las acusaciones de infantiles, emponchados, absurdos, adefesiosos, fracasados, etc.

En las últimas nefastas declaraciones de los correístas en contra de las movilizaciones de los pueblos en resistencia, se puede identificar la base ideológica colonialista que las sostienen.

Cuando lanzan sus ataques racistas parecen citar: "La primera [razón de la justicia de esta guerra de conquista] es que siendo por naturaleza bárbaros, incultos e inhumanos, se niegan a admitir el imperio de los que son más prudentes, poderosos y perfectos que ellos; imperio que les traería grandísimas utilidades, magnas comodidades, siendo además cosa justa por derecho natural que la materia obedezca a la forma". (Juan Ginés de Sepúlveda: De la justa causa de la guerra contra los indios) .

Con este racismo en aumento, ¿cómo se puede siquiera pensar que el gobierno de Alianza País tenga real voluntad de dialogar con la sociedad?, más aún si consideramos que el país encuentra su ser cultural profundo y diverso en los pueblos ancestrales que el correísmo desprecia. El racismo que el gobierno ha expuesto al mundo en estas últimas dos semanas, que valga decir es parte de una política que ya la dejó ver hace algunos años atrás, lo delata como régimen colonialista que busca imperar sobre los pueblos que quiere colonizar.

El colonizador no dialoga, no oye, no respeta. El colonizador impone, violenta, silencia, destruye. En este contexto de abierta neocolonización de la Revolución Ciudadana, el diálogo no puede ser sino el diálogo de la sociedad, el diálogo de las otredades, de las diversidades, de los diferentes, donde éstos de manera autónoma y libre traten sus asuntos en común.

Las Asambleas populares son ese espacio urgente que los pueblos en su diversidad requieren para resistir y luchar contra el poder totalitario del UNO, el poder del mal gobierno y su política autoritaria, racista, excluyente y depredadora.

Como dicen los hermanos-compañeros de los pueblos ancestrales Nunca de rodillas, siempre de pie, con dignidad y rebeldía.

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