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15 de Marzo del 2016
Ideas
Lectura: 5 minutos
15 de Marzo del 2016
Juan Cuvi

Master en Desarrollo Local. Director de la Fundación Donum, Cuenca. Exdirigente de Alfaro Vive Carajo.

Ay Pame y la debacle del correísmo
A diferencia de la amenaza de candidatizar a Lenin Moreno a la Presidencia de la República, que en efecto aparece como el arma secreta del oficialismo, la eventual derogatoria de la transitoria que impide la reelección de Correa no es más que un simulacro. Juegos pirotécnicos para distraer a la audiencia y aparentar un ambiente de guerra. Recurso chimbo para mantener la cohesión interna. Cuña para sostener una estantería que se desploma. Pero, sobre todo, estrategia para polarizar al electorado.

La iniciativa del grupo “Rafael contigo siempre” es demasiado burda como para ser tomada en serio. Si no fuera porque Pamela Aguirre tiene cédula de identidad, podría ser equiparada con la Megan; es decir, una invención, un mal producto publicitario del régimen. Bastó que se hicieran públicos los antecedentes laborales de la proponente para que la tramoya saltara a la luz. Es como mandarse uno mismo una tarjeta de cumpleaños.

Y es porque el tema de la reelección de Correa no tiene que ver con condiciones jurídicas, sino electorales. Es la falta de votos, más no de subterfugios jurídicos, lo que frena la angurria por perpetuarse en el poder.

En diez años de atropello a las leyes y a la Constitución, Alianza Pais ha aprendido que mientras el pueblo tolere, las leguleyadas rinden. Si los correístas realmente quisieran la reelección del caudillo en 2017, no habrían dado semejante rodeo. Mucho menos con una coartada tan notoria.

Probablemente se habrían inventado un colectivo ad-hoc, con una imagen de independencia medianamente vendible para proponer la consulta. O, simplemente, habrían hecho lo que suelen hacer: pedirle al doctor Mera un atajo jurídico. Para ello tienen una Corte Constitucional y una Asamblea Nacional completamente sumisas.

A diferencia de la amenaza de candidatizar a Lenin Moreno a la Presidencia de la República, que en efecto aparece como el arma secreta del oficialismo, la eventual derogatoria de la transitoria que impide la reelección de Correa no es más que un simulacro. Juegos pirotécnicos para distraer a la audiencia y aparentar un ambiente de guerra. Recurso chimbo para mantener la cohesión interna. Cuña para sostener una estantería que se desploma. Pero, sobre todo, estrategia para polarizar al electorado.

Veamos. Quienes más han alborotado el avispero con la posibilidad de una candidatura del caudillo son los sectores de la derecha interesados en una alianza anti-correísta nacional. Suponen que la alarma sobre la continuidad provocará, automáticamente, la convergencia –siempre a la cola– de todos los sectores interesados en terminar con el despotismo.

Y como el gobierno opera con la misma lógica, abona a la incertidumbre: también pretende alinear tras de sí a quienes prefieren a la derecha moderada y moderna de Correa antes que a la vieja derecha oligárquica. Es la tesis del mal menor. Únicamente así podrá salvar los muebles en 2017. Pero a lo que ambos sectores juegan es a neutralizar una tercera opción que se salga del libreto. El amarre antes que la alternativa, es la consigna.

No obstante, a pesar de los desvaríos que le provoca su incapacidad para manejar la crisis, Correa está consciente de que su tiempo se agotó. Game over. Al menos en eso todavía tiene un cable a tierra. Las encuestas reservadas no mienten. Y lo que no está dispuesto a apostar es el escaso capital publicitario que le quedará luego del descalabro de la economía. Porque ahí se está jugando, además, su condición de economista. Corre el riesgo de no quedar ni para dictar conferencias.

Que otro candidato de Alianza País sea derrotado en 2017 es manejable. Pero no él. Inclusive para no volver jamás a la arena política y conservar un halo de invencible, de imprescindible. El infierno del rechazo popular arde más que el aburrimiento del exilio. Su drama, entonces, se centra en hacer lo imposible para que la derrota de Alianza Pais no sea tan apabullante como se anticipa. Pero sin quemarse. Y de paso, ayudar a los correístas a cubrirse las espaldas.

Por eso la iniciativa para favorecer la reelección de Correa es absurda. Si llaman a una consulta popular, de seguro pierden; si aprueban un trámite amañado en la Corte Constitucional, el tiro les sale por la culata. El desastre en las próximas elecciones podría ser mayor. Y el chuchaqui monstruoso. ¡Ay, Pame!, lo que puedes mover a partir de 2017 es una montaña de juicios en contra de los funcionarios del régimen.

[PANAL DE IDEAS]

Mauricio Alarcón Salvador
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