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15 de Julio del 2022
Ideas
Lectura: 8 minutos
15 de Julio del 2022
Patricio Moncayo

PhD. Sociólogo. Catedratico universitario y autor de numerosos estudios políticos.

Balance estratégico del paro indígena
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El problema de la CONAIE, o de su dirigencia, por tanto, no es estar a favor o en contra del neoliberalismo, sino dar las espaldas a la realidad: a su propia realidad. Ello le conduce a impulsar una política contraria a sus propios intereses, en lugar de situar en el debate público las reivindicaciones sociales y culturales capaces de sacar a los indígenas de su exclusión.

El poder indígena manifestado en los paros, ha puesto en debate la solidez de la democracia y su capacidad para defender sus intereses. En la guerra que desató la CONAIE, la testarudez fue notable.  Esquilmó a toda una población de cuya actividad productiva, comercial, financiera y estatal dependen los manifestantes para sobrevivir.  Las pérdidas ocasionadas por el paro superan los mil millones de dólares. Tal monstruosa suma golpeó a todos y deberá ser pagada igualmente por todos. Los recursos de una acción deben guardar concordancia con los objetivos perseguidos. Nuevamente se constata la incoherencia. Los diez puntos planteados no tienen mayor alcance en la lucha contra la pobreza. Sin embargo, la dimensión de la protesta parecía columbrar una revolución social.  No se sabía quienes eran los enemigos, contra qué se luchaba y qué se esperaba conseguir. “Mucho ruido y pocas nueces”.

El costo que tendrá la atención gubernamental a estos reclamos drenará los limitados recursos de la caja fiscal, lo que representa un escenario desfavorable para la reactivación económica, lo cual nuevamente terminará afectando a la masa protestante.

Las revoluciones, sostiene la historiadora Barbara Tuchman, no siempre logran sus objetivos y más bien perjudican a las sociedades. Cita como ejemplos, la llamada revolución cultural, liderada por Mao Tse-tung, en China, que se proponía desterrar el arte y la cultura occidentales de esa sociedad. La revolución del proletariado en Rusia, que aspiraba a colocar en el poder político a la clase obrera, terminó encaramando en el mando a una oligarquía en la que ahora se apoya Putin. La propia revolución francesa “pronto volvió a la autocracia en cuanto encontró un buen administrador”, en palabras de Tuchman.

En Cuba, en 62 años de revolución, las condiciones sociales no han podido ser mejoradas. 140.000 cubanos han abandonado su patria, en ocho meses, según el diario El País de España, el mayor éxodo producido desde el inicio de la revolución.  La última zafra azucarera fue la peor en más de un siglo, ni siquiera garantizará las necesidades internas.

Los cubanos que participaron en las protestas del 11- J, el año pasado, son para Miguel Díaz Canel, presidente cubano, hordas de vándalos y salvajes.  Con este espíritu celebró el primer aniversario de la derrota de lo que denominó un golpe de estado vandálico, tramado por el imperialismo.       

Lo mismo podría decirse de las llamadas revoluciones del socialismo del siglo XXI. El caso de Venezuela es paradigmático. Maduro, el revolucionario, subió en 2016 el precio de la gasolina por primera vez en más de veinte años. Y ahora, está adoptando medidas neoliberales para frenar el colapso económico y seguir en el cargo.  Por ello y para mantenerse en el poder, cambió la vieja guardia por tecnócratas hábiles.

Rafael Correa en una entrevista en Radio Francia Internacional se jacta de no haber sido sometido por la CONAIE, dado el apoyo del que gozaba su gobierno. Pero no puede vanagloriarse de haber enfrentado las causas estructurales del malestar indígena. Su revolución ciudadana excluía a los indios.

El neoliberalismo, per se, no es bueno ni malo. Maduro está convaleciendo políticamente gracias a la aplicación de medidas neoliberales. China optó por una economía de mercado y ello le catapultó convirtiéndose en una gran potencia. Entonces, estar a favor o en contra del neoliberalismo es un problema más de creencia que de orden práctico. La realidad no admite fórmulas abstractas. Lo que cuenta es la capacidad de los gobiernos para resolver los problemas que le afectan a la población. Y esta capacidad no depende de las ideologías. Ni el estado de bienestar ni la economía de mercado son la panacea.

El  problema de la CONAIE, o de su dirigencia, por tanto, no es estar a favor o en contra del neoliberalismo, sino dar las espaldas a la realidad: a su propia realidad. Ello le conduce a impulsar una política contraria a sus propios intereses, en lugar de situar en el debate público las reivindicaciones sociales y culturales capaces de sacar a los indígenas de su exclusión.

El  problema de la CONAIE, o de su dirigencia, por tanto, no es estar a favor o en contra del neoliberalismo, sino dar las espaldas a la realidad: a su propia realidad. Ello le conduce a impulsar una política contraria a sus propios intereses, en lugar de situar en el debate público las reivindicaciones sociales y culturales capaces de sacar a los indígenas de su exclusión.  

Tuchman define la testarudez como la necedad de evaluar una situación de acuerdo con ideas fijas, preconcebidas, “mientras se pasan por alto o se rechazan todas las señales contrarias”.       

Echar abajo la gobernabilidad democrática se ha convertido en un objetivo revolucionario, para cuya consecución son válidos todos los medios.  El derrocamiento de varios gobiernos legítimamente electos se constituyó en un timbre de orgullo para el movimiento indígena, sin importar si lo que estaban haciendo tales gobiernos era positivo o negativo para el país. Más importaba el tumulto que la causa.

Ahora, en junio de 2022, la CONAIE quiso reeditar esas prácticas con Lasso, a quien percibe como débil por el respeto del presidente al sistema democrático. Esta baja gobernabilidad de Lasso quiso ser ahondada con el intento de destituirlo y de ir a la muerte cruzada. Esta sincronización entre tal iniciativa del correísmo y la arremetida indígena no cabe considerarla como una coincidencia o un hecho fortuito.   
 
A la luz de este caso específico se aclara el concepto de estrategia. No parece que la CONAIE estuviera trabajando por los objetivos históricos de las nacionalidades indígenas. Convertir la rebaja del precio de los combustibles en la bandera emblemática del movimiento desfigura la causa de la justicia social como fundamento de la protesta enardecida que paralizó al país durante 18 días.

El arte de la estrategia es un ejercicio no solo teórico sino práctico, también moral. En él se conjugan muchas variables, unas mensurables, otras más ligadas a la aceptabilidad social que es de naturaleza variable. El cálculo estratégico es de carácter nebuloso y en esta medida no admite predicciones. Definir tal o cual estrategia implica conjugar creativamente los principios con la realidad en un juego interactivo con insospechados desenlaces. La CONAIE, al admitir que una política determinada está dañando su propio interés está actuando estratégicamente. Las mesas de diálogo son el espacio para invertir tal política y liberar al movimiento indígena del estigma de una falta de apertura.

[PANAL DE IDEAS]

Pablo Piedra Vivar
Mariana Neira
Carlos Arcos Cabrera
Rodrigo Tenorio Ambrossi
Andrés Quishpe
Alfredo Espinosa Rodríguez
Giovanni Carrión Cevallos
Fernando López Milán
Rubén Darío Buitrón
Patricio Moncayo

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