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3 de Febrero del 2020
Ideas
Lectura: 5 minutos
3 de Febrero del 2020
Álex Ron

Escritor y catedrático universitario.

Bandazo
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Mientras vivamos del bandazo seguiremos siendo periferia, tercer mundo. No podremos generar un debate político transformador, sin ideas consistentes, no existirán proyectos nacionales bien articulado.

Bandazo es una palabra muy utilizada por los jugadores de billar, la Real Academia de la Lengua Española la define como “cambio brusco de rumbo o de actitud”, y creo que el bandazo, a nivel político, es una de las conductas más recurrentes en Ecuador. Esos cambios bruscos, de extremo a extremo respecto a cómo entendemos la realidad han terminado caotizando más a nuestra sociedad. La inestabilidad económica genera inestabilidad ideológica pauperizando cualquier debate político.

El caso más emblemático del bandazo es el del actual presidente Lenín Moreno quien pasó de ser un militante activo y fanático de la llamada Revolución Ciudadana hasta convertirse en el más avezado enemigo político del caudillo Rafael Correa. Correa siempre prefirió rodearse de círculos de gente totalmente sumisa y manipulable, sin ningún espíritu crítico. Por ello el mismo Correa fue perdiendo la dimensión real del poder, fue una metáfora inversa a la de los generales romanos que desfilaban triunfantes después de una batalla y que eran acompañados por un súbdito que repetía en su oído “memento mori” (recuerda que vas a morir). Correa prefería ser alabado y vitoreado a recibir un baño de realidad sobre infinitud de temas en los que su gobierno cometió graves errores.

Dentro del séquito de admiradores de tanto “esplendor revolucionario” estuvo Moreno quien no dudó un minuto en expresar en público su infinita gratitud al líder salvífico que supuestamente había refundado la patria. Por ello ver a Moreno tan cercano a Nebot y a la derecha más rancia de Ecuador solo refleja su capacidad camaleónica para mutar de acuerdo a los diversos escenarios que se le presentan y por otro lado muestra el absoluto deterioro de la política como un ejercicio basado en la coherencia entre discurso y práctica.

Nuestros supuestos líderes cargados de inconsistencias hasta la médula jamás podrán constituirse en referentes a seguir para las nuevas generaciones, simplemente porque no defienden una ideología organizada y estructurada que interprete a la realidad e intente transformarla. No hay brújula, sólo hambre de dinero y poder. Los vacíos de representación son profundos, tal vez los actores políticos más auténticos en este momento de contradicciones y bandazos sean los indígenas con su movimiento, el tiempo lo dirá.

Mientras vivamos del bandazo seguiremos siendo periferia, tercer mundo. No podremos generar un debate político transformador, sin ideas consistentes, no existirán proyectos nacionales bien articulado.

Los mestizos seguimos cargando fardos ajenos y frente a una realidad donde los paradigmas colapsan preferimos decir como en la canción de la banda francesa Noir desir El viento nos llevará. Optamos por conductas políticas veletas. Totalmente acomodaticios, asumimos naturalezas camaleónicas.

Algunos me dirán que es bueno cambiar y evolucionar. Yo respondo sí, pero pasar de un espíritu absolutamente marxista a convicciones ultra neoliberales, al estilo Gloria Álvarez, disculpen pero es haber perdido todo tipo de identidad ideológica. Álvarez dice que Marx no creó riqueza y que fue un vago, mantenido por Engels. Para esta joven escribir textos como el Manifiesto del Partido Comunista o Los manuscritos filosóficos son pérdidas de tiempo o simplemente lapsus de un ser atormentado.

Cuánta vigencia tiene la frase de Marx: “los filósofos se han limitado a interpretar el mundo de diversas maneras, de lo que se trata es de transformarlo”. ¿Marx sigue vigente? por supuesto. Si han existido partidos y políticos que disfrazándose de marxistas han utilizado su ideología para alcanzar poder esto no deslegitima el valor interpretativo del pensamiento generado por Marx, su crítica al capitalismo tiene absoluta vigencia.

Mientras vivamos del bandazo seguiremos siendo periferia, tercer mundo. No podremos generar un debate político transformador, sin ideas consistentes, no existirán proyectos nacionales bien articulados: un día estará bien el examen “ser bachiller” y al día siguiente nos parecerá una pérdida de tiempo. Obviamente existen razones de peso para defender el examen de ingreso a las universidades porque la educación pública no puede ser una mercancía que dependa de los caprichos de una élite empresarial, debe responder a necesidades de todo un país. En Estados Unidos se llama SAT al examen de ingreso y se mantiene porque allí tienen claro que hay temas de interés nacional donde no interviene la política.

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