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15 de Junio del 2015
Ideas
Lectura: 9 minutos
15 de Junio del 2015
Gonzalo Ortiz Crespo

Escritor, historiador, periodista y editor. Ex vicealcalde de Quito. 

Banderas negras
Lo malo son las consecuencias. Aunque Correa retirara los proyectos, el daño ya está hecho. El Ecuador, como lo dijo el economista Ramiro Crespo en radio Democracia, es hoy “un país en venta”. Los inversionistas quieren vender y llevarse su dinero.

Los hechos en Quito.- Tras ocho años de un régimen que ha gobernado sin ninguna manifestación pública en su contra en la capital, de pronto, durante una semana seguida, del lunes 8 al domingo 14, hubo en Quito todos los días manifestaciones de rechazo a Rafael  Correa. Ni siquiera el fin de semana desaparecieron, cuando en otras ocasiones, como en los levantamientos populares en que se derrocó a Bucaram, Mahuad y Gutiérrez, se descansaba los sábados y domingos. Esta vez, el sábado centenares de mujeres de las clases populares marcharon desde el sur y se tomaron la Plaza de la Independencia y el domingo, una inmensa caravana de vehículos con gente de las clases medias y altas bloqueó la Ruta Viva y, luego de que se les impidiera el acceso al aeropuerto en el redondel de Tababela, regresaron a la avenida de Los Shyris, escenario de las protestas de lunes a viernes. El viernes incluso, aunque algún medio dijo equivocadamente que había disminuido la participación, se escenificó una marcha gigante, que cubrió varias cuadras y se desplazó de la Shyris a la Eloy Alfaro, hizo un plantón frente al Consejo Nacional Electoral, continuó por las avenidas 6 de diciembre, República, Amazonas y Naciones Unidas, y retornó a la Shyris. Probablemente el despistado reportero que habló de menor participación solo vio al grupo de unos pocos centenares personas que permaneció en los alrededores de la tribuna de la Shyris, y no la marcha en que hubo fácil diez mil personas.

Durante los días de semana hubo también manifestaciones en otros puntos de Quito, como La Floresta y el sur, que no merecieron cobertura de los grandes medios.

Los hechos en el país.- También en muchas ciudades del país ––Guayaquil, Cuenca, Portoviejo, Machala, Ambato, Riobamba, Ibarra–– se dieron manifestaciones esta semana, en algunas mucho más nutridas que en otras. En Galápagos  las hubo también y se llegó a cortar carreteras y a paralizar Puerto Ayora y Puerto Baquerizo, aunque la causa de los disturbios en el archipiélago es más puntual: la reforma a la Ley Especial de Galápagos.

Los símbolos.- El principal símbolo visual de estas manifestaciones ha sido la bandera negra. Esta se ha adoptado también en las redes sociales, con algunas variaciones de diseño. El negro implica luto y rechazo frontal al mandatario y a su régimen. También el tricolor nacional y cartelones con letreros como #FueraCorreaFuera, #YaBasta y #YoTrabajoParaMisHijos han proliferado en las manifestaciones, y han sido también hashtags para reenviar mensajes en Twitter y para convertirse en los gritos más abundantes en las manifestaciones. Es verdad que las banderas negras adquirieron un mal nombre cuando Febres Cordero organizó en Guayaquil aquella marcha de respaldo al dueño del Banco del Progreso, Fernando Aspiazu, en 1999, de manera tan equivocada y regionalista. Pero el negro como símbolo del luto es multisecular, y la gente lo ha adoptado como señal de protesta y, sea lo que sea, jamás se vio en Quito tantas banderas negras como este domingo en la Ruta Viva.

La respuesta gubernamental.- También hubo manifestaciones a favor del gobierno. En Quito, frente a su local en la avenida de Los Shyris, pero más pequeñas que las de la oposición, a pesar de que, como nos consta personalmente, muchos manifestantes fueron traídos en buses desde provincias, y a pesar de que se ordenó a los funcionarios públicos salir por obligación a estas manifestaciones correístas, como lo comprueban audios y circulares que se ha compartido en las redes sociales.

En algunas ciudades del país, el gobierno organizó sus propias manifestaciones, y en algún día en algunas de ellas (un día en Cuenca, otro en Guayaquil) logró equilibrar el número de manifestantes, pero la mayoría de las ocasiones los que protestaban contra el gobierno fueron más numerosos que los que le defendían.

Tras llegar al país de regreso de su gira por Europa, a donde tuvo la desfachatez de llevar a 41 personas en su séquito, algunas sin otro mérito que su militancia en Alianza País, el gobernante ha ampliado las distorsiones conceptuales que ya sus adláteres habían empezado durante la semana. La principal es que esas protestas fueron violentas, cuando la inmensa mayoría fue pacífica, y si hubo violencia, al menos en Quito, fue provocada por la gente traída de provincias a favor del régimen. Otra es que esas manifestaciones han sido manejadas y, para mayor avilantez, financiadas por la derecha, cuando todos los que salieron lo hicieron por convicción personal.

Las causas de fondo.- No se sabe si es autoengaño o mera estrategia propagandística esta absoluta falta de sensibilidad de parte de Correa y del gobierno a las causas profundas de las manifestaciones. La razón de fondo no es el envío de la llamada “Ley de Redistribución de la Riqueza”, que sube el impuesto a la herencia, y del “Impuesto a las Ganancias Extraordinarias”, que dispara el de la plusvalía, que a lo más son las gotas que hicieron que el vaso rebose. Lo de fondo es que la gente se hartó. Se hartó de la prepotencia, de los insultos, de la falta de libertad, de la acumulación de impuestos, regulaciones y controles; de la manipulación de la justicia; de la ineficiencia en la salud; de la imposición en temas de educación y de conciencia. Por eso el gobierno no pudo poner entre semana los 15.000 funcionarios públicos que se propuso colocar en la Shyris: porque también ellos se hartaron de tanta indignidad.

Lo malo son las consecuencias. Aunque Correa retirara los proyectos, el daño ya está hecho. El Ecuador, como lo dijo el economista Ramiro Crespo en radio Democracia, es hoy “un país en venta”. Los inversionistas quieren vender y llevarse su dinero. 

Esa “conspiración en marcha” que se inventó Correa, no es más que su estrategia para poder justificar la represión y para eternizarse en el poder. Hay quienes creen que estas funestas leyes económicas son una maniobra de distracción para pasar de agache las reformas a la Constitución. Confirmaría esa línea de pensamiento la exageración del discurso de Correa de este lunes en el cambio de guardia en el que denunció, hasta quebrársele la voz, que se busca un nuevo 30-S. De nuevo la victimización, hasta risible, de que la oposición es la que ejerce la violencia y recursos ilimitados cuando el monopolio de esa violencia es del Estado, requete comprobado a lo largo de estos años con la represión de las manifestaciones pacíficas y la clausura de toda la esfera pública, de la que se ha expulsado a la sociedad civil, a los partidos, a los medios más críticos y donde la única voz que debe escucharse es la del régimen, mientras todos las demás han de callarse, perseguidas, prohibidas, castigadas y reprimidas.

Como para comprobarlo, esta semana de las marchas y las banderas negras vino una nueva sanción al diario El Universo, con una multa demente, que bordearía los $ 350.000, tras declararse en rebeldía ante la indefensión en la causa seguida en su contra por negarse a que, a pretexto de rectificación, se le impusieran titulares y contenidos.

Pero, me parece, las banderas negras no van a desaparecer tan fácilmente y, si el gobierno opta por la represión, como se entrevió en el exaltado discurso del cambio de guardia, fomentará aún más el desprestigio en que ha caído y el hartazgo que provoca. Las protestas deben mantenerse pacíficas y no caer en el lazo de las provocaciones. Su objetivo, por supuesto, no es que caiga Correa: es dejar que se cocine en su propia salsa hasta cuando lleguen las elecciones.

[PANAL DE IDEAS]

Rodrigo Tenorio Ambrossi
María Fernanda Solíz
Carlos Rivera
Fernando López Milán
Patricio Moncayo
Fanny Zamudio
Alexis Oviedo
Giovanni Carrión Cevallos
Patricio Crespo Coello

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