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16 de Julio del 2018
Ideas
Lectura: 6 minutos
16 de Julio del 2018
Rodrigo Tenorio Ambrossi

Doctor en Psicología Clínica, licenciado en filosofía y escritor.

De basuras, políticas y reelecciones
¿Cómo dudar del entusiasmo y dedicación de Rodas? Su compromiso con el metro es solo un ejemplo. Pero le faltó alguien que le asesore adecuada y oportunamente, no precisamente sobre el manejo de la basura, sino de la oposición en el cabildo. Quizás sin darse cuenta, el alcalde permitió que esa oposición recalcitrante y quizás hasta medio perversa termine convertida en una suerte de poder oscuro y ciego pues su destino no era otro que hacer que a toda costa fracase la administración Rodas. Es decir, que se acrecienten y no se resuelvan los problemas de la ciudad.

Probablemente sean muchas las razones que han determinado que el alcalde Rodas, a diferencia de sus antecesores, haya decidido no optar por la reelección. Es cierto que, utilizando incluso los más bajos medios, ese grupo de concejales barreristas-correístas-quemeimportistas ante lo social real le hicieron la vida imposible. Ese grupo que se trasladaba de forma reiterativa a las comunidades y barrios en los que se iban a ejecutar ciertos proyectos, como quito-cables, y no tenían el más mínimo pudor social para mentir y engañar a la ciudadanía sobre los daños comunitarios, ambientales y económicos que ocasionaría el proyecto. Ese grupo jamás intentó curarse de la profunda herida a su narcisismo provocada no precisamente por el alcalde Rodas sino por la misma ciudad que fuera víctima de la inoperancia del exalcalde Barrera al que rechazó al no reelegirlo. Ni el omnímodo poder de Correa, de quien dependía directamente el alcalde Barrera, fue capaz de enceguecer a la ciudad que no quiso saber nada de él. 

El alcalde Rodas no ha parado de dar explicaciones sobre algunas realidades que no demandan precisamente explicaciones sino acciones. Los baches en las calles son insoportables, además  mientras se cierran unos se abren otros como parte de un proceso kafkiano que nadie puede detener. Por supuesto que este constituye un antiguo problema de la ciudad mal asfaltada y pésimamente mantenida. Mientras en las grandes ciudades y capitales ya no se usa asfalto sino cemento, que sí dura, en Quito se persiste en mantener el asfalto que no resiste  ni verano ni invierno, ni lluvia ni calor. Además, los barrios que padecen con sus propios baches no se contentan sabiendo  que en algún otro lugar de la ciudad ya no los hay. 

Esta labilidad urbana se ha agravado ostensiblemente con los fenómenos migratorios tanto internos como externos. De manera permanente e incontenible llegan a la capital migrantes  de todo el territorio nacional que acrecientan las demandas de múltiples servicios que no siempre son respondidos de manera oportuna y adecuada por el municipio. Antes fueron los haitianos y cubanos encandilados por las falaces ofertas lanzadas por el gobierno de Correa. Hoy son quienes llegan huyendo del perverso régimen venezolano. ¿Se rezagan los municipios que no se han preparado para este flujo de ciudadanos pese a su patética evidencia? Dejemos a un lado el tema candente de los flujos migratorios para volver al del manejo de la basura. 

¿Cómo soportar la basura desparramada en aceras y calles? ¿Quién se hace cargo de esos olores nauseabundos? ¿Quién detiene a los innumerables perros callejeros que agravan aun más esta problemática? ¿Quién se hace cargo de esa escasa corresponsabilidad de una buena parte de los habitantes de la ciudad a quienes ni les va ni les viene su cuidado y buena presencia?

Obras son amores y no buenas razones. ¿Cómo dudar del entusiasmo y dedicación de Rodas? Su compromiso con el metro es solo un ejemplo. Pero le faltó alguien que le asesore adecuada y oportunamente, no precisamente sobre el manejo de la basura, sino de la oposición en el cabildo. Quizás sin darse cuenta, el alcalde permitió que esa oposición recalcitrante y quizás hasta  medio perversa termine convertida  en una suerte de poder oscuro y ciego pues su destino no era otro que hacer que a toda costa fracase la administración Rodas. Es decir, que se acrecienten y no se resuelvan los problemas de la ciudad.

Sin embargo, es preciso reconocer  que con el tema de la basura no existen medias tintas. O la ciudad está siempre limpia o no. Y por más justas que pudiesen aparecer las razones que lo expliquen, la ciudadanía es absolutamente  alérgica a tolerar este macro desaseo. Para un barrio o una casa cualquiera hay dos problemas absolutamente insoportables: la falta de agua y la presencia de la basura. Todo lo demás es manejable hasta la oscuridad por falta de energía eléctrica que se va pero que luego regresa. Pero frente a la basura acumulada no hay nada que hacer porque cada minuto que pasa se agrava el problema en una ciudad sanitariamente lábil como nuestra capital. Por cierto, una labilidad no circunstancial sino atávica que no necesariamente es el resultado de la sumatoria de ineptitudes administrativas sino de un  posicionamiento mental y actitudinal ante el desarrollo y la modernidad. El proyecto del metro constituye un  paradigmático ejemplo de pensamiento futurista.

Con la seguridad que le otorga estar fuera de la alcaldía, el ex alcalde Barrera no ha cesado de pontificar sobre lo que constituye el ejercicio de la alcaldía de Quito, sobre las necesidades prioritarias de la ciudad y sobre las políticas para solucionarlas. Si de suyo es tan visionario, lógico y activo, ¿por qué sería, entonces, que la ciudad no lo reeligió? Él desde fuera y con su grupo desde dentro de la alcaldía hizo todo lo posible para que fracasen no pocos proyectos del  actual régimen municipal.  

Parecería que, al revés de lo que ha sucedido con la basura, las incomodidades provocadas por su construcción, el proyecto del metro se sostiene y avanza de conformidad a lo programado. Y la comunidad tolera con un alto índice de benignidad las incomodidades que provoca. Pero el metro, por desgracia, no tapa la basura con la que nadie puede convivir. 

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