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3 de Marzo del 2020
Ideas
Lectura: 9 minutos
3 de Marzo del 2020
Alexis Oviedo

PhD en Educación por la Universidad Católica de Lovaina, Maestro en Estudios Culturales y Desarrollo, Graduado en Economía. Ex gerente del Proyecto de Pensamiento Político de la SNGP. Docente universitario.

Belcebú, Satanás,… ¡Sanders!
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La agenda de Sanders es una alternativa al discurso oficial vendido al pueblo gringo, en especial desde la era Reagan, por el cual excesivos beneficios sociales acercaban al Tío Sam a ese cuco como niños llamado comunismo.

Hasta la semana pasada, para los grandes medios de comunicación el apellido Sanders era otro nombre del diablo. Ante el vertiginoso ascenso del ascenso del anciano político, en las asambleas de Iowa, New Hampshire y Nevada, medios de comunicación tan famosos como The New York Times o la revista The Economist, arremetieron frontalmente contra él, mostrándolo como la reencarnación del “anticristo” de la libertad y la democracia. Mientras el famoso periódico traía un titular: “No, No Sanders, Nunca”; la popular revista de economía dedicó al precandidato una caricatura en la que se lo ve junto a Trump vociferantes, frente a un Tío Sam que no puede dormir.  Dibujo que era el preámbulo del artículo “Bernie Sanders, nominado”. Ya se sabe que una imagen vale más que mil palabras, pero The Economist se aseguró con el siguiente subtítulo: El senador de Vermont (Sanders) le presentaría a Estados Unidos una terrible elección. 

En ese estilo, llenos de espanto, como si el más feroz de los jinetes del apocalipsis hubiera comenzado su cabalgata, los diferentes medios de comunicación de diversas latitudes emplearon galones de tinta (¿o debería decir gigas de bites?) en “alertar” a los estadounidenses. Las tres asambleas daban a Sanders una gran ventaja y le iban colocando como contendor del presidente Trump. ¿Por qué el senador Bernie Sanders inspira tanto pánico? incluso llegando a mencionar que él sería el origen de una implosión: “Líderes demócratas dispuestos a arriesgarse a dañar al partido para detener a Bernie Sanders” (NY Times) o la sumisión total al temido Putin: “Los medios del Kremlin gustan de Sanders, porque ellos aman a Trump”, desde un “pop” pero leído The Daily Beast. La respuesta tiene que ver con la radicalidad de las propuestas del candidato autoproclamado socialista democrático. 

En efecto, sus propuestas son radicales si se miran desde el origen de la palabra: raíz. Propuestas que irían a atacar el origen de muchas inequidades de la sociedad norteamericana. Dentro del mismo esquema capitalista, faltaba más, pero cuestionando un programa propuesto por las élites, sean liberales o conservadoras.  La agenda de Sanders es una alternativa al discurso oficial vendido al pueblo gringo, en especial desde la era Reagan, por el cual excesivos beneficios sociales acercaban al Tío Sam a ese cuco come niños llamado comunismo. 

Entre las medidas propuestas, una de las más importantes, es el brindar sanidad gratuita para todos, enfrentando un tema crucial para los estadounidenses. Una medida que ha tenido una férrea e histórica oposición por parte de las compañías aseguradoras que lucran despiadadamente de la enfermedad y que ha dejado a no pocos ciudadanos del norte en la calle (miren el documental de Michael Moore: Sicko). Es que ya lo dijo Reagan, aun antes de ser presidente: “la medicina socializada, restringiría la libertad de los estadounidenses”… y con la ayuda de los grandes medios de comunicación – esos que hoy denostan a Sanders-  los norteamericanos le creyeron.

Si el nominado en las primarias no es Sanders, el mundo tendrá que soportar otros cuatro años más de Donald Trump. Si lo es, hay esperanza y según reza su programa para la política internacional, no solo para los estadounidenses.

Como esta, hay varias propuestas, que de llegar al poder el senador de New Hampshire, significarían cambios importantes en una sociedad que para enero del 2019 tenía 41 millones de pobres y más de medio millón (552 830) de “homeless”, es decir gente en la miseria absoluta. Sin duda, una universidad pública, que elimine las deudas por escolaridad; un sistema taxativo dirigido a las fortunas más prominentes desde un combate a la extrema riqueza, o la nacionalización de la electricidad, son medidas en pro de la democratización de bienes y servicios que causan pánico a los empresarios que dominan dichos sectores. De ejecutarse, las medidas de Sanders serían la necesaria y esperada continuidad de ese New Deal propuesto por Franklin Delano Roosevelt, que iba a radicalizarse en términos de beneficio social y que quedó trunco con la muerte del inteligente presidente.

La agenda del nativo de Brooklyn, asusta a las corporaciones y por ende a sus negocios de comunicación, porque es diferente a aquella, en inicios esperanzadora, propuesta por Barack Obama y que terminó rescatando a aseguradoras y bancos de Wall Street. Tampoco es un calco de la del “centrista” Bill Clinton, que en la práctica reformó el sistema social hasta casi anularlo, y por supuesto muy diferente a la de la políticamente difunta Hillary, guerrerista parte de la élite y que terminó derrotada por Trump. 

Es que, desde hace casi dos lustros, en diversas latitudes, los votantes se decantan por agendas que presenten soluciones radicales, más allá de quien las lance o desde que parámetros ideológicos venga. La radical propuesta antiinmigración de Bush se ganó miles de votos de los pobres y desempleados norteamericanos, ahora la gente quiere propuestas que trasciendan la ambigüedad a la que las formas de hacer política se presentaron desde finales del siglo pasado. Recuerden al laborista Blair que no tenía nada que envidiar en conservadurismo a sus contrarios y que apoyó directamente la guerra en Irak con Bush. No olviden al tardío Mitterrand que tan poco se diferenciaba de Chirac. Y el caso más patético, las propuestas de campaña del demócrata Al Gore exactamente iguales a las del republicano George Bush hijo, magistralmente develadas en la canción “Testify” de Rage Against the Machine.

Es que tampoco vende solo la imagen del candidato y sus características significan en sí un cambio radical. Un afroamericano Obama fue más conveniente para Wall Street que cualquier linajudo WASP, aun cuando en su tiempo mis colegas africanos estuvieran tan esperanzados de que con este “vendría un mundo mejor”. Así como no cambiará la situación de la mujer “per se” (te juro que quisiera equivocarme Colette), solo por el hecho de que la nominada fuera la abogada Warren o la recién retirada Klobuchar.

Las alertas lanzadas por los grandes medios (¿debería decir negocios?) de comunicación, tienen su asidero, al ser estos, propiedad de ese 0.1% de estadounidenses que tiene más que 80% de sus compatriotas más pobres. 

Esta semana los grandes medios de comunicación se presentan más tranquilos, pues la asamblea de Carolina del Sur, dio la victoria al moderado Joe Biden. Dejaron de sudar frío cuando los precandidatos demócratas Buttigieg y Klobuchar desisitieron de la cotienda y endosaron sus votos al candidato ex vicepresidente. Parecería que los votantes demócratas que se decantan por los “moderados” no aprendieron de la reciente victoria de Trump, quien derrotó a una candidata de la élite que no mostró propuestas contundentes. Carolina del Sur, hizo renacer la esperanza de los ricos liberales demócratas, ellos respiran esperanzados de que Biden siga creciendo y supere definitivamente a Bernie Sanders. 

No es que los demócratas no aprenden al postular candidatos de ese estilo, sino que más bien es un asunto de asegurar que las élites sigan en el gobierno de Estados Unidos sin importar la filiación, tal como nos mostraría Kevin Spacey en su magistral caracterización de Frank Underwoood. El tema es mantener el status quo y las prevendas, con un presidente complaciente con las corporaciones y listo a realizar rescates financieros, más allá de que sea un rico judío ex alcalde de Nueva York o que en su juventud haya fumado marihuana, toque el saxofón y disfrute de los blowjobs.

El día de hoy ( 3 de marzo) es crucial, pues se definen 16 asambleas primarias. En ese panorama, si el contendor de Trump es Joe Biden, se repetiría un panorama similar a la elección del 2004, en la que un cuestionado Bush Jr., terminó eligiéndose, al tener como opositor al demócrata John Kerry, poco carismático, ambiguo y tibio, casi como el buen ex vicepresidente Biden. Si el nominado en las primarias no es Sanders, el mundo tendrá que soportar otros cuatro años más de Donald Trump. Si lo es, hay esperanza y según reza su programa para la política internacional, no solo para los estadounidenses. 

 

[PANAL DE IDEAS]

Carlos Arcos Cabrera
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