Back to top
18 de Noviembre del 2019
Ideas
Lectura: 6 minutos
18 de Noviembre del 2019
Rodrigo Tenorio Ambrossi

Doctor en Psicología Clínica, licenciado en filosofía y escritor.

Bolivia: de la guerra a la paz
0
Pobre Bolivia, con su democracia tratada como una cosa cualquiera que puede ser tomada y dejada según el deseo y el arbitrio de ciertos políticos.

Lo que aconteció en Bolivia constituiría un ejemplo paradigmático de lo que sucede en un país cuando la democracia ha sido vilmente sustraída de sus espacios y de su misma legitimidad. Es decir, cuando la democracia se ha convertido en un simple enunciado vaciado de su contenido político, sociológico y ético. Cuando el poder deja de ser una estrategia de la democracia y se convierte en cosa al servicio de viles intereses.

Qué fácil para los falsos demócratas: cada cierto tiempo, llaman al pueblo a elecciones en las que participan como candidatos y en las que necesariamente triunfan. Como si la democracia consistiese tan solo en el acto electoral. ¡Cuántos tiranos, vestidos de demócratas, han llamado regularmente a unas elecciones en las que siempre participan y siempre triunfan!

¡Pobre Bolivia ancestralmente víctima del oprobio de tiranos que la han manejado como cosa propia, una gran hacienda de la que han hecho y deshecho a su antojo! El último, Evo Morales, que con total cinismo, no se cansa de decir que él, el gran demócrata, luego de sus elecciones mañosas, ha sido defenestrado por una dictadura a la que denuncia ante el mundo democrático y al que exige sus buenos oficios para retornar al poder. 

En parte de nuestra América, el poder político y hasta la misma democracia se han constituido en una suerte de bien adquirido casi con el mismo peso y sentido a como se adquiere una cosa cualquiera de la que es preciso sacar el máximo provecho posible.

Morales, por ejemplo, se ha convencido de que la Bolivia política le pertenece casi como su camisa. Por ende, si en las urnas aparece que los ciudadanos se decidieron por otro candidato, inmediatamente él se encarga de alterar los resultados porque, desde una lógica absolutamente perversa, nadie posee la más mínima legitimidad para gobernar el país. Tan solo él. Como sucedió entre nosotros, en pleno conteo de votos, también allá se fue la luz. Cuando retornó, el Morales que perdía ampliamente, se convierte en el ganador absoluto. 

Ya bien protegido en México, aparece como un presidente perversamente despojado del poder. En su nueva lógica, en el lugar de la renuncia aparece el golpe de Estado. 

Desde la lógica del históricamente excluido por los grupos minoritarios y por su condición de indígena, de tal manera se considera el único y verdadero representante de los suyos que la posesión de la presidencia se ha convertido en una suerte de derecho ineludible. Porque si antes los blancos y terratenientes se apoderaron del país por su condición de tales, una vez llegado al poder considera que le corresponde aplicar la misma lógica. Así se convierte en el eterno reelegido, es decir, en el nuevo dueño del país. Por ende, en las últimas elecciones, si los votos ya no le favorecen, no le queda otra alternativa que recurrir al fraude electoral. Entonces, de pronto se “va la luz” para que se hagan las tinieblas en las que los perversos se sienten libres para alterar a su antojo los resultados electorales. 

En la oscuridad se producen los milagros de lo perverso. En efecto, cuando retorna la claridad, oh milagro, ahora él ocupa el primer lugar: él ha sido una vez más el triunfador inapelable. Por su puesto, para su lógica no se trata de un fraude sino de una justa estrategia de sobrevivencia de una política eminentemente narcisista. Entonces, el cinismo deviene virtud.

Lo que luego se produce no es otra cosa que el reino de la incertidumbre y del caos. Evo renuncia. Y con él, todos los que se hallan en la línea jurídico-política de sucesión. Pero una renuncia muy particular: cuando lo defienden y hasta lo acogen sus cómplices ideológicos, entonces, su renuncia no ha sido sino una broma hecha para pasar el rato. Como para halagar un momento a sus adversarios. Entonces, no fue que renunció. Nada de eso. Ya bien protegido en México, aparece como un presidente perversamente despojado del poder. En su nueva lógica, en el lugar de la renuncia aparece el golpe de Estado. Propositivamente evita explicar la renuncia de todos los que se hallaban en la línea directa de sucesión. 

Pobre Bolivia, con su democracia tratada como una cosa cualquiera que puede ser tomada y dejada según el deseo y el arbitrio de ciertos políticos. Esos son los efectos del llamado socialismo del siglo XXI entre cuyos principios fundamentales se halla la abolición de los procesos democráticos para que el poder sea ejercido por un líder fuerte capaz de adueñarse con los suyos de toda la organización política, jurídica y económica del país. 

Hay una propuesta perversa: venezuelizar la política latinoamericana. Como en Venezuela, el auténtico ejercicio de la democracia se sostiene en la perenne reelección de quienes supieron apropiarse del poder. Por desgracia para la democracia, los ejemplos ya son demasiados: Los Castro y los Maduro, los Correa y Morales, los Kirchner y los Ortega. En cada uno de ellos, vive un tirano que pretende o ha pretendido tomar venganza de antiguas pobrezas o ignominias personales. 

Es necesario contemplar detenidamente, una y otra vez, los inmensos lujos en los que vivía, el pobre y humilde presidente Evo Morales. 

GALERÍA
Bolivia: de la guerra a la paz
 
1


[CO MEN TA RIOS]

[LEA TAM BIÉN]

2021: las reformas electorales cambian las reglas del juego
Redacción Plan V
José Serrano no le teme al narco ‘Gerald’
Redacción Plan V
Los últimos pasos de Telmo Castro
Redacción Plan V
La solitaria lucha de Claude Roulet contra los abusos del transporte de pasajeros
Redacción Plan V

[MÁS LEÍ DAS]

El "contertulio" Alexis Moncayo sale de Radio Majestad
"Hay un discurso guerrerista-templario en el Gobierno": Nelson Reascos
Fermín Vaca Santacruz
El origen de "ven para mearte" y otras frases de Nebot
La caída nacional de las ventas es de -20%