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13 de Febrero del 2015
Ideas
Lectura: 7 minutos
13 de Febrero del 2015
Lizardo Herrera

Es PhD  por la Universidad de Pittsburgh y tiene una maestría en estudios de la cultura en la Universidad Andina Simón Bolívar y una licenciatura en historia en la PUCE. Es profesor en Whittier College, California, Estados Unidos. 

Bonil y Agustín Delgado: crítica, sátira y disculpas públicas
A pesar de mi respeto y admiración a Delgado como futbolista, considero que quien debe pedir perdón al país es él. ¿Qué hubiera pasado si como futbolista hubiera tenido un desempeño tan mediocre? Cuando los futbolistas juegan mal por lo menos tienen la decencia de pedir disculpas.

El 6 de mayo del 2014, Agustín Delgado, ex seleccionado nacional de fútbol y ahora asambleísta ecuatoriano, leyó un discurso en la sesión en la cual se debatió y aprobó la Ley Orgánica para los Consejos de Igualdad en el Ecuador. Su lectura fue muy deficiente y muchos ecuatorianos nos enteramos de ello por un video que se viralizó en la internet a finales de julio del mismo año. El 5 de agosto, el caricaturista de diario El Universo, Xavier Bonilla, Bonil, hizo una caricatura de la presentación de Delgado. El asambleísta junto con algunas organizaciones que lo apoyan consideraron la caricatura como discriminatoria y racista y presentaron una demanda en contra de Bonil ante la Superintendencia de Comunicación e Información (Supercom) que fue aceptada el 5 de noviembre del año pasado.

Momento de la intervención de Agustín Delgado, de la cual dijo, además, que para esto usó el documento de una colega asambleísta, que usó sin su permiso.

En este texto, voy a dejar de lado los entretelones judiciales o el tema de la defensa de la libertad de expresión para referirme a la gráfica de Bonil y a ciertas declaraciones de Agustín Delgado en los medios. La caricatura se compone de dos imágenes del asambleísta, la una a lado de la otra. En la de la izquierda, Delgado dice: COM… CON… M… MI DIII...SCURSO TODOS DICEN “POBRE TIN, POBRE TIN”; en de la derecha: PERO CON MI SUELDO DE ASAMBLEÍSTA, YA NADIE DICE “POBRETÓN, POBRETÓN”. Según el ex goleador ecuatoriano, "El texto ya es una discriminación, esto de pobretín y pobretón, y lógicamente que nos han tenido [se refiere a las comunidades negras ecuatorianas] en la pobreza. La desigualdad no viene sola, es creada por esta gente [no está muy claro a quién se refiere]” (El Telégrafo, 12 de febrero del 2015). Sin embargo, la interpretación de Delgado me parece excesiva y hasta equivocada.

El lenguaje usado por Bonil juega con las dos acepciones de la palabra pobre, la primera, como sinónimo de lástima; la segunda, entendida como una persona carente de recursos económicos. En el primer caso, Delgado comete un error de fondo, une las palabras Pobre y Tin en el adjetivo pobretín y de allí interpreta que la imagen habla de su condición socio-económica. Pero pobre, en este caso, significa algo o alguien que da pena o lástima y Tin es el apelativo de Agustín Delgado cuando era futbolista; es decir, “Pobre Tin” no es un adjetivo, sino una exclamación que da cuenta del lamentable desempeño de Delgado cuando leyó en la Asamblea y que a muchos les causó pena o lástima.

La segunda palabra, pobretón, es más polémica, pero no podemos separar este adjetivo de la primera parte de la frase: PERO CON MI SUELDO DE ASAMBLEÍSTA, YA NADIE DICE... El adverbio ya interrumpe una acción pasada, dando a entender que antes alguien decía pobretón a otro y esto quizás le da pie a Delgado para pensar que la caricatura se refiere a él como pobretón. Sin embargo, la ausencia del pronombre de objeto indirecto ME, hace que esta interpretación no se sostenga. La caricatura no dice: “Ya nadie ME dice”, por tanto, es arbitrario asumir que el adjetivo pobretón se relaciona con la historia de vida de Delgado. Además, sabemos que como futbolista tuvo una carrera muy exitosa y, por ende, no era pobre cuando ocupó su escaño en la Asamblea.

Desde mi lectura, la palabra pobretón está asociada y se refiere a los sueldos de los asambleístas, quienes ganan USD 6000 mensuales. Con esos ingresos, ya nadie en el Ecuador puede decir que son unos pobretones. Esto significa que Bonil juega con los significados de la palabra pobre; pero no para referirse a la condición socioeconómica de Delgado, sino a su desempeño como asambleísta. La caricatura, por un lado, critica el discurso que dio en mayo del año pasado y, por otro, lo costoso de la remuneración de un asambleísta como Delgado que con su discurso hace un trabajo muy deficiente (PERO CON MI SUELDO DE ASAMBLEISTA...). No estamos, por consiguiente, ante un caso de racismo o discriminatorio, sino que ante un cuestionamiento de la vergonzosa presentación que Delgado hizo en la Asamblea y de su salario que parece no lo devenga de manera apropiada.

El jueves 7 de agosto del 2014 Bonil, evitando referirse a su caricatura, presentó sus disculpas a Delgado y a toda su familia para evitar conflictos y pasar la página; sin embargo, el asambleísta no las aceptó. El 10 de febrero de este año, en una entrevista con el diario El Comercio, Delgado dijo que no es con él, sino con su familia con quienes tiene que disculparse Bonil, quien efectivamente ya lo hizo. Según Delgado, sus hijas han sufrido porque han sido objeto de bullying (les molestan) en el colegio por efectos de la caricatura. Además, enfatizó con mirada amenazante (como lo muestra la foto del diario) que se mantiene atento a lo que resuelva la Supercom. Este asambleísta, sin embargo, otra vez se equivoca. Si las hijas han objeto de bullying no es por la caricatura de Bonil, sino por el papelón y el pobre desempeño de su padre como asambleísta.

A pesar de mi respeto y admiración a Delgado como futbolista, considero que quien debe pedir perdón al país es él. ¿Qué hubiera pasado si como futbolista hubiera tenido un desempeño tan mediocre? Cuando los futbolistas juegan mal por lo menos tienen la decencia de pedir disculpas. Delgado leyó de manera irresponsable un discurso que no estudió y que seguramente tampoco escribió. Su poco profesionalismo al no preparase correctamente ni tomar en serio sus responsabilidades como asambleísta –no su origen social ni nivel de educación- fue lo que lo llevó a realizar semejante desaguisado. Delgado debe estar al tanto de que nos representa a todos los ecuatorianos. Su desempeño en la Asamblea fue mediocre y, para muchos entre los que me incluyo, hasta vergonzoso. Los ecuatorianos tenemos el derecho de criticar y burlarnos de las figuras o autoridades públicas que hacen mal su labor. Por eso, desde mi punto de vista, lo mínimo que debería hacer Agustín Delgado, por respeto a todos los ecuatorianos, es aprender a aceptar la crítica con tranquilidad y pedir disculpas públicamente.

 

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