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9 de Octubre del 2018
Ideas
Lectura: 5 minutos
9 de Octubre del 2018
Rodrigo Tenorio Ambrossi

Doctor en Psicología Clínica, licenciado en filosofía y escritor.

Brasil: extremo giro a la derecha
En nuestra América: ley del péndulo que da cuenta del ansia de salvación que no deja de animar a la mayoría de la población y de la que precisamente abusan los políticos corruptos. Porque si de algo son culpables políticos, como los Lula, los Kirchner, los Chávez, los Morales, los Correa y los Castro es de haber despilfarrado la esperanza de sus pueblos. Lo hicieron, además, de la manera más cínica que han conocido e imaginado nuestros países.

¿Es tan dolo la ley del péndulo que nadie puede detener ni contradecir? ¡Qué no hicieron los partidos de izquierda para lavar las manos sucias de Lula y de Dilma! Para sacar a Lula de la cárcel y candidatizarlo a la presidencia de Brasil. Pero imposible que el país más poderoso de América del Sur no reaccionase ante un sistema de corrupción quizás nunca antes vivido y armado precisamente en el Partido de los Trabajadores que no cesó de predicar la honorabilidad de sus líderes. 

De hecho, no se trata de la ley del péndulo con la que hoy se elige a los de derecha y mañana a los de izquierda. No. Se trata de la toma de conciencia de un pueblo que se descubre a sí mismo siendo víctima de la corrupción y del engaño de sus dirigentes. No. Se trata de algo ciertamente más atroz e inadmisible: tiene que ver con el descubrimiento por parte de la inmensa masa del pueblo de que sus venerados y hasta adorados líderes, aquellos en los que se colocó toda la confianza y se depositaron todos los restos de sus antiguas esperanzas sociales, éticas y políticas. Que ellos, los de las manos limpias y los corazones ardientes, no eran más que unos viles ciudadanos absolutamente mentirosos y corrompidos por el dinero y el poder. Brasil se ha hastiado del engaño-

En nuestra América: ley del péndulo que da cuenta del ansia de salvación que no deja de animar a la mayoría de la población y de la que precisamente abusan los políticos corruptos. Porque si de algo son culpables políticos, como los Lula, los Kirchner, los Chávez, los Morales, los Correa y los Castro es de haber despilfarrado la esperanza de sus pueblos. Lo hicieron, además, de la manera más cínica que han conocido e imaginado nuestros países. 

Políticos tan burda y deshonestamente corruptos que no dudaron un segundo en proclamar a los cuatro vientos la virtud de su inocencia y honorabilidad, ya sea desde la cárcel, desde el refugio inexpugnable del Parlamento o desde las distancias de los exilios perfectamente bien diseñados y elegidos

Prostitución de la política que llevó al país más grande de América del Sur de la re-creación de las antiguas esperanzas populares a la consagración inapelable de la corrupción más absurda e inmensa que pudo imaginarse en líderes supuestamente marcados por la honorabilidad y la verdad. Líderes que, sin embargo, no cesaron ni un solo segundo de predicar que con ellos se había producido el advenimiento de la honorabilidad, el desarrollo, la paz y la justicia. Ídolos de plomo con pies de barro. Redentores de pacotilla.

Lula encarcelado, sin esperanza alguna de que lo salve su cansino discurso de honorabilidad y revolución. Lula convertido en arrugada bandera de lucha y en calificativo definitorio de la corrupción política. Lula, el gran predicador de la honradez social y política. Lula, el camionero que llegó a la presidencia del país más rico de la región. Lula y Dilma los responsables del retorno de los antiguos modelos a la política brasileña. Ellos llevan en andas a Bolsonaro al poder. 

Con frecuencia, la justicia tarda pero llega. Y no hay mal que dure cien años. Brasil no se ha dejado encandilar una vez más por la falacia. Brasil afanosamente quiere un cambio veraz y duradero aunque para ello haya tenido que volver la mirada a la extrema derecha. Resulta duro, pero ya no es posible negarlo: gracias a la corrupción desus líderes, el nuevo pensamiento político latinoamericano que pudo hacer historia, se ha ido al tacho de la basura, y quizás para mucho tiempo. En su lugar, han retornado, posiblemente más fortalecidos que nunca, los antiguos modelos conservadores. Bolsomoro siente nostalgia de las dictaduras. 

Salvo excepciones honorables, como las de Allende y Mujica, la izquierda latinoamericana, cuando ha llegado al poder, ha aparecido íntimamente ligada justo a aquello que supuestamente se propuso combatir: la corrupción, el enriquecimiento ilícito y la crueldad. ¿Ha tenido Ecuador un presidente más cruel y corrupto que Correa que encandiló al país con aquello de las manos limpias y de los corazones ardientes? 

Entre otros, Lula y Dilma son directos responsables de este giro que, sin duda alguna, afectará directamente a la futura política latinoamericana. Ellos han terminado afirmando que a las izquierdas solo les interesa el poder y el dinero. 

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