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19 de Mayo del 2019
Ideas
Lectura: 5 minutos
19 de Mayo del 2019
Gabriel Hidalgo Andrade

Politólogo y abogado. Docente universitario.

Cabeza de turco
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César Litardo es apenas conocido en la opinión pública y menos su primer subalterno. Pero es imposible decir lo mismo de Patricio Donoso.

Trece comisiones permanentes podrían distribuirse el trabajo legislativo en el nuevo periodo ordinario de sesiones entre el 2019-2021. En un órgano colegiado como la Asamblea Nacional compuesto por 136 legisladores, salvo el presidente que solo forma parte del Consejo de Administración Legislativa, se dividirían las comisiones en grupos de entre 10 y 13 legisladores. Esas comisiones deben elegir presidente y vicepresidente en su primera sesión, además de otros funcionarios en lo posterior.

Los integrantes se escogen en el Pleno de la Asamblea Nacional y sus cabezas de lista son quienes dirigen las sesiones de instalación para el nombramiento de autoridades, y estas podrían recaer siete en presidencias morenístas, acaparando comisiones estratégicas para la reforma del Estado como la fiscalización, la justicia, el régimen económico o recursos naturales; tres presidencias quedarían en CREO para legislar en materia de gobiernos autónomos, educación y relaciones internacionales, permitiéndoles la expansión del trabajo militante subnacional; y una de bajo impacto en manos del BIN, otro del MUPP y otro del correismo.

Los números demuestran que el aliancismo morenista hegemonizará el próximo periodo ordinario de sesiones, que el aliancismo correista quedara arrinconado a una sola comisión y que el bloque socialcristianismo, importante en número de escaños, apostará a profundizar la oposición a una presidencia legislativa que le cuesta tomar el control de la Asamblea que dirige titubeante.

Con estos escenarios, el gobierno de Lenín Moreno le apuesta un presidencialismo de coalición que contribuya a impulsar una ambiciosa agenda de reformas legislativas en materia  económica, educativa y de fiscalización, tras la gigantesca tarea de desbrozar los escollos del totalitarismo heredado por su antecesor.

Los números demuestran que el aliancismo morenista hegemonizará el próximo periodo ordinario de sesiones, que el aliancismo correista quedara arrinconado a una sola comisión y que el bloque socialcristianismo, apostará a profundizar la oposición a una presidencia legislativa.

Pero esto no tendrá pocos obstáculos. El socialcristianismo sabe jugar a sus cartas e intentará, como ya lo hizo, impulsando una candidatura anzuelo para la presidencia del legislativo, cautivar a otros actores adversarios al gobierno del presidente Moreno y atraer los votos de los marginados como el movimiento SUMA, el aliancismo correista o el BADI.

De hecho, el PSC siempre ha tenido un partido menor, generalmente de corte populista. Con la extinción en el 90 de la Concentración de Fuerzas Populares, padre orgánico e ideológico del Partido Roldosista Ecuatoriano y facción conservadora del bucaramismo, el sustituto natural del cefepismo hoy podría ser el aliancismo correista que no espera recuperar espacios de poder sino boicotear la gobernabilidad democrática de su antiguo copartidario, generar caos institucional y en último término apostar por el putsch extralegislativo. Al contrario, al socialcristianismo no parece interesarle eso sino utilizar esta cabeza de turco para debilitar a un presidente legislativo sin liderazgo que nace débil, levantar una plataforma de debate público y prepararse para las próximas presidenciales de 2021.

El único problema es que podría replicarse lo sucedido durante la elección de dignidades para el Congreso Constitucional de 1997. En la ocasión el PSC, la DP, el FRA y la ID armaron una mayoría para repartirse los principales cargos legislativos. Entonces resultó designado el expresidente Osvaldo Hurtado de la DP, primer vicepresidente Luis Montesdeoca del FRA y Franco Romero de la ID. Pocos meses antes de terminar con la redacción del texto que se convertiría en la Constitución de 1998 una nueva correlación de fuerzas consiguió la renuncia del presidente y primer vicepresidente, consiguiendo el ascenso como presidente del Congreso al socialdemócrata Franco Romero y las correlativas reformas a partes sensibles del texto aprobado.

César Litardo es apenas conocido en la opinión pública y menos su primer subalterno. Pero es imposible decir lo mismo de Patricio Donoso, segundo vicepresidente, y líder indiscutido de una oposición moderada que tarde o temprano podría presidir una legislatura que responda a una correlación de fuerzas más homogénea que la actual.

Es simple: para saber lo que podría suceder solo es necesario mirar un poco de Historia. El devenir, solo el tiempo lo dirá.

@ghidalgoandrade

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