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5 de Abril del 2018
Ideas
Lectura: 6 minutos
5 de Abril del 2018
Andrés Ortiz Lemos

Escritor y académico.

Las cadenas de la ideología
Sorprende que los intelectuales de nuestro entorno sigan teniendo reparos en hablar del carácter ideológico de los hechos que terminaron con los secuestros que son del conocimiento público. Alias "Gaucho" se ve como un revolucionario, y defiende sus acciones desde la ideología que predica. Se trata de un militante marxista confeso, y un alumno aventajado de la doctrina de lucha armada exigida por el mencionado sistema ideológico.

La imagen de los tres periodistas secuestrados en la frontera norte nos ha indignado a todos. Si bien el hecho de verlos con vida nos dio algo de oxígeno, frente a la asfixia de la incertidumbre, no deja de ser irritante observar las condiciones en que los detenidos se encuentran. En efecto, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) son bien conocidas, en el mundo, por haber mantenido encadenadas, durante años, a un inmenso número de personas. Por dar un ejemplo, entre miles, la ex candidata a la presidencia de Colombia Ingrid Betancourt, estuvo así, atada del cuello durante varios años, recibiendo maltratos y agresiones permanentes de parte de sus captores. Bástese decir que su compañera de cautiverio, Clara Rojas, tuvo un bebé en medio de la selva como consecuencia de los abusos que recibió.

Según el Observatorio de Desplazamiento Interno del Consejo Noruego para los Refugiados, el conflicto con fuerzas irregulares en Colombia llegó a generar 7,2 millones de desplazados.  Si a esta cifra (que compite sólidamente con los números de las grandes guerras del siglo XX) le sumamos los cientos de miles de muertos, los secuestros masivos, las innumerables violaciones, y el imponente número de niños soldados, usados tanto para actividades irregulares cuanto para la esclavitud sexual, podríamos decir, sin empacho, que las guerrillas colombianas han sido una de las fuerzas más efectivas para pisotear la dignidad humana. Como si todo esto no fuera lo suficientemente malo, las hazañas de los ilustres aventureros de la justicia social, han sido presentadas, por la intelectualidad de izquierda, como actos emancipatorios dignos de ser aplaudidos.  Considere por ejemplo los rostros, con boina, en las camisetas que se venden alegremente en los mercados artesanales de nuestra región.

Patricio Arízala, alias "Guacho", ha sido señalado como el responsable de la reciente toma de rehenes, y el ataque que se llevó la vida de varios militares en la frontera. Políticos y periodistas lo llaman disidente de las FARC. Él ha negado esta nominación y se refiere a sí mismo como un "guerrillero activo". El líder subversivo plantea sin tapujos, en declaraciones públicas, ser un luchador por la causa proletaria. Se trata pues de un militante marxista confeso, y un alumno aventajado de la doctrina de lucha armada exigida por el mencionado sistema ideológico. Algunos expertos en temas de seguridad han relacionado sus operaciones con el crimen transnacional, y el control de rutas de narcotráfico. Tienen razón, en parte, pero su lectura sigue siendo incompleto. Sorprende que los intelectuales de nuestro entorno sigan teniendo reparos en hablar del carácter ideológico de los hechos que terminaron con los secuestros que son del conocimiento público. Alias "Gaucho" se ve como un revolucionario, y defiende sus acciones desde la ideología que predica.

Aquel sistema de doctrinas dulzonas que justifica hechos violentos desde la lírica de la justicia ya ha sido escuchado antes. Basta con asistir a cualquier verbena en algún café cultural, para que los resplandecientes intelectuales de izquierda nos empapen de elaboradas razones desde las cuales los fusilamientos de Fidel Castro, los linchamientos de Mao, y los campos de concentración de Stalin, no serían si no contratiempos necesarios antes de arribar al beatífico paraíso comunista donde nos espera, con brazos abiertos, el hombre de futuro. Un ser de moralidad superior que conducirá a las sociedades venideras al mundo luminoso que habrá erradicado el egoísmo, y la individualidad para siempre. Bajo estos, incuestionables principios éticos, cualquier pequeño incidente relativo a la violencia debería pasarse por alto (según ellos).

Si usted piensa que estoy exagerando basta que refresquemos nuestra memoria. Recordemos cómo varios grupos irregulares cometieron acciones muy parecidas, a las de alias "Guacho", en nuestro país. En ese contexto, muchas familias sufrieron la incertidumbre del secuestro, y la oscuridad de perder a sus seres queridos, luego de los operativos de "recuperación" liderados por grupos como Alfaro Vive, o Montoneros Patria Libre. Estas mismas familias tuvieron que mirar algunos años después como, el gobierno de la revolución ciudadana elevó las lamentables faenas de estos grupos al nivel de "memoria histórica", y los constituyó en una especie de héroes románticos de las luchas sociales. Tuvimos miembros y amigos estas bandas en la función Legislativa, en los ministerios, en los diarios públicos, y hasta en el CPCCS.

Las cadenas con las que ahora mismo están atados nuestros tres periodistas tienen varios niveles de significación. El primero, el material, el aprisionamiento brutal, el cautiverio al que se les somete, y la humillación del chantaje. El segundo nivel es metafórico: Aquellos que mantienen cautivos a los tres hombres defienden una ideología específica. De hecho, las demandas planteadas al Gobierno ecuatoriano son de naturaleza política, e incluyen la finalización de convenios internacionales de lucha contra el terrorismo. Las ideologías, recordado lector, tienden a encarnarse, e inequívocamente exigen imponer su visión única hacia los demás, aunque sea a la fuerza. Como he dicho varias veces en artículos anteriores; nadie merece ser secuestrado. En ningún sentido.  Nunca permitamos que nos impongan la idea que el sometimiento, la tortura, la extorsión, y la amenaza, está justificada en base a la promesa de mundo etéreo que siempre habita en el futuro. Ya sea que estemos frente al chantaje de un grupo irregular, los actos de corrupción de un político, o las denuncias falsas de militantes sexistas, ninguna doctrina escatológica justifica la violencia sin provocación. Rompamos las cadenas, las tangibles, y las ideológicas.

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Las cadenas de la ideología
 
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