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7 de Marzo del 2016
Ideas
Lectura: 6 minutos
7 de Marzo del 2016
Cristina Burneo Salazar

Docente de la Universidad Andina Simón Bolívar. Trabaja en Letras, género y traducción.

Caminamos, retrocedemos, caminamos
El 8 de marzo se conmemora porque en esa fecha, en 1908, murieron calcinadas 146 obreras de la textilera Cotton en Nueva York. Sus empleadores provocaron el fuego ante la protesta organizada en que ellas demandaban una jornada laboral más digna. La Historia oficial dice que este incendio no existió. Nosotras afirmamos que esas luchas sucedieron y que elegimos ese pasado para construir nuestro presente. Los derechos económicos, laborales y sexuales de las mujeres no pueden disociarse unos de otros. El trabajo tiene que ver con la maternidad, con la familia, con el amor, con el sistema en que vivimos, y sabemos que se tiene que transformar.

“El concepto de desarrollo es depredación capitalista, patriarcal,
racista. Lo rechazamos porque eso va contra la vida.”

Berta Cáceres
 

Las luchas de las mujeres son necesarias y urgentes. Sabemos que hemos avanzado porque hoy ya no se mide nuestro cerebro para comprobar que somos inferiores. Podemos leer y escribir. Podemos votar, aunque la democracia electoral no garantice mucho. Esperamos casi 800 años para entrar a la universidad, pero entramos. Ya no nos guardan en habitaciones con llave. Lo que leemos no pasa por censura previa. Ya no se nos prohíbe hablar en público. Podemos salir a trabajar. Mujeres, pueblos indígenas, afrodescendientes, personas con discapacidad, han vivido procesos similares.

Sabemos que hemos caminado porque existe el divorcio para ambas partes de una pareja, porque administramos nuestros métodos anticonceptivos sin tutela, porque sexualidad y reproducción ya no son una fatalidad indisociable. Tenemos conciencia de que la violación no es un derecho de quien nos viola, aunque muchas veces no logremos evitarla. También sabemos que necesitamos la despenalización del aborto porque nuestro cuerpo aún se ve como territorio por poseer y sobre el cual legislar. Sabemos que la maternidad, la vida en pareja, la sexualidad sólo pueden vivirse como opciones y decisiones plenas. Mujeres indígenas, mestizas, afrodescendientes, de la tercera edad, mujeres transgénero, con discapacidad, mujeres lesbianas, decimos que las luchas son diversas y tenemos demandas distintas pero convergentes.

Sabemos que ni estas luchas ni el feminismo son biológicos ni se albergan en el útero, sino en la conciencia y sensibilidad de quienes defienden convivir en la diferencia sin que esa diferencia nos ponga a merced de otros. Sabemos que cada vez más hombres se han acercado al feminismo y sus mundos afines para emanciparse, dejar de ser vistos como proveedores, amar a otros hombres, transformar su vida más allá de su “destino”. Hoy, sabemos que podemos enamorarnos en libertad, vivir el deseo y la seducción como plenitudes y no como despliegues de poder.

Y también sabemos otras cosas que hacen que todo lo anterior suene a fantasía. Sabemos que aún somos juzgadas como inferiores por un sinnúmero de razones que no cesan. No sabemos leer hasta que somos adultas porque tenemos que cuidar la casa y la tierra, y muchas veces aún no se considera necesario que aprendamos. Aunque nos digan que podemos votar, no tenemos a quien elegir cuando queremos empujar nuestros derechos, porque no se los nombra o se los instrumentaliza. Luchar por la tierra, el agua, la educación y la vida nos ha costado esa misma vida. Esperamos casi 800 años para entrar a la universidad, y seguiremos esperando, porque la mayoría de nosotras no hemos podido terminar el colegio por embarazos forzados o porque hemos tenido que cuidar desde pequeñas la casa, la tierra, ser segundas madres. Muchas de nosotras aprendemos a leer en la adultez, y hemos tenido que defender ese derecho con los dientes. Si levantamos la voz, arriesgamos la vida o la perdemos. No hemos podido pensar si la universidad, la maternidad o nuestra vida son elecciones. Y a pesar de todo eso, continuamos.

Es probable que a lo largo de nuestra vida seamos deslegitimadas, golpeadas o violadas dentro de nuestras propias familias porque los hombres y las mujeres que las conforman repiten las cadenas de violencia en que vivimos. Sabemos que muchos de esos hombres no cuestionarán su virilidad dominante ni podrán siquiera vislumbrar otras formas de ser que no pasen por la violencia. Aunque lo deseamos, no podemos hablar de libertad y mucho menos de amor, porque la precariedad cotidiana no nos deja ver qué hay más allá de la supervivencia. Hemos confundido el amor con la sumisión o con el trabajo no remunerado, y hoy resulta difícil separarlos. Sabemos que podemos amar, conocer e imaginar otra vida, pero lo que nos rodea suele ser más fuerte y, a veces, se presenta infranqueable.

Por eso conmemoramos los días. Las conquistas de las mujeres para sí mismas y para los otros son aún son privilegios más que modos de vida ganados para un nosotros amplio y diverso.

Queremos que el aborto deje de ser una práctica clandestina y desprotegida. Queremos que ninguna mujer, que ninguna niña tenga que abortar. Tenemos que pensar que un día el aborto dejará de ser una medida de emergencia ante la pobreza y la violencia, pero hoy tiene que existir, porque no hemos podido desmantelar las violencias que lo hacen forzoso. Queremos que los cuerpos de las mujeres sean preservados de todas las violencias, que ninguna mujer tenga miedo de salir a la calle ni de quedarse en casa. Un día, tendríamos que ser capaces de caminar por la noche, viajar o ir al trabajo sin que nos asesinen. Queremos que las mujeres no reciban palizas de sus parejas cuando dicen que quieren aprender a leer o salir a trabajar, cuando descubren que quieren estar solas. Pero recibimos esas palizas y algunas nos llevan hasta la muerte. Queremos que ninguna persona violente a otra por ser mujer, biológica o reinventada por sí misma para ser feliz, que ninguna mujer con discapacidad sea objeto sexual porque “no se da cuenta”. Y constatamos todos los días, en todos los espacios que habitamos, que esto aún resulta imposible. Ahí nuestras razones.

[PANAL DE IDEAS]

Alfredo Espinosa Rodríguez
Carlos Burgos Jara
Rodrigo Tenorio Ambrossi
Luis Verdesoto Custode
Carlos Arcos Cabrera
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Luis Córdova-Alarcón
Fernando López Milán
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Caminamos, retrocedemos, caminamos
 
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