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19 de Octubre del 2021
Ideas
Lectura: 5 minutos
19 de Octubre del 2021
Iván Flores Poveda

Periodista. Hombre libre. Feliz padre de tres.

Los capos se ríen de los estados de excepción
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En el caso del Decreto 224, del presidente Guillermo Lasso, hay un intento desesperado, hasta bien intencionado, pero tardío, por mostrar cierta movilidad gubernamental ante el duelo nacional en el que vivimos, duelo que carcome gracias a la impunidad con la que actúan los criminales.

Lamento ser pesimista: si el Gobierno decreta un nuevo estado de excepción por el “desbordamiento de la actividad delictiva” y vincula tal “desbordamiento” al narcotráfico, sin analizar otros contextos sociales y jurídicos, dicho decreto sería tan útil como una curita frente a una puñalada en la yugular.

Como contexto, cabe recordar que en Ecuador los estados de excepción y las declaratorias de emergencia no suelen ser tan excepcionales. En los últimos 14 años se convirtieron en una tabla de surf para capear la ola de la conflictividad social o, en la más maquiavélica de las intenciones, para superar un bucle de impopularidad, meter manos y brazos en las cortes, o justificar los sobreprecios y así permitir que se ‘robe con factura’.

En el caso del Decreto 224, del presidente Guillermo Lasso, hay un intento desesperado, hasta bien intencionado, pero tardío, por mostrar cierta movilidad gubernamental ante el duelo nacional en el que vivimos, duelo que carcome gracias a la impunidad con la que actúan los criminales. En este punto, no obstante, es necesario distinguir entre los cauces estructurales de la delincuencia común y las complejas variables del crimen organizado.

En este último ámbito se cruzan dos hechos muy alarmantes: el aumento de las muertes violentas y un inimaginable volumen de droga circulando por el país, pues si bien las cerca de 146 toneladas incautadas en lo que va del año marcan un récord histórico, son apenas un abrebocas de todo lo que se encuentra embodegado. Por ello, lanzar a las calles a policías y militares a combatir a los capos –sin una estrategia integral–, en el peor de los escenarios pudiera abrir un grifo de sangre y una lluvia de balas, con la ciudadanía en el centro de tres fuegos cruzados. Y mientras esto suceda en un punto dado del país, los capos buscarán otras rutas.

En el caso del Decreto 224, del presidente Guillermo Lasso, hay un intento desesperado, hasta bien intencionado, pero tardío, por mostrar cierta movilidad gubernamental ante el duelo nacional en el que vivimos, duelo que carcome gracias a la impunidad con la que actúan los criminales.

Ante estos desafíos, la inteligencia de la Fuerza Pública ya no debe estar enfocada en perseguir tuiteros o mandar cartas amenazantes a periodistas. Sin caer en generalizaciones, dicha inteligencia también debe mirar puertas adentro para que ningún uniformado más quiera convertirse en el heredero del modus operandi del capitán Telmo Castro, por citar solo un ejemplo.

Luego, la inteligencia del Estado en su conjunto debe concentrarse en desbaratar las economías de escala que están detrás de los narcos y que convierten a sus crímenes en hechos rentables y hasta seductores para ciertos grupos que rinden culto al dinero fácil.

Romper el músculo financiero de las redes criminales complejas es una deuda pendiente en Ecuador.

Los secretos a voces sobre cuánto se lava en el país deben convertirse en indagaciones firmes que transparenten y saneen la economía nacional. Pero ¿la Fiscalía cuenta con el número idóneo de fiscales capacitados en inteligencia financiera? ¿Los bancos y especialmente las cooperativas de ahorro y crédito pueden ayudar a determinar cuántos miles de millones de dólares sin justificación, o producto de movimientos inusuales, pasan por el sistema? ¿La Unidad de Análisis Financiero y Económico se ha consolidado técnicamente?

Estas acciones no son ni populares ni permiten presentar resultados inmediatos. Sin embargo, pudieran ser un primer paso serio hacia un horizonte lejano en el cual Ecuador  también estará finalmente inscrito: la despenalización de determinadas drogas y la formalización de sus circuitos de producción y distribución.

De lo contrario, es probable que estemos expuestos a nuevas décadas violentas en las cuales las decapitaciones no solo ocurrirán en las cárceles. Ya saltaron, por lo pronto, a Tik Tok como un mensaje. ¿Qué permitiremos que venga después: cuerpos mutilados colgados en puntos estratégicos para marcar territorios? Ojalá nunca más se hable en el país este lenguaje esperpéntico de los narcos.

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