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17 de Agosto del 2020
Ideas
Lectura: 2 minutos
17 de Agosto del 2020
Marlo Brito Fuentes

Escritor

Carpe diem
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Ese mundo exterior, esa nave gigantesca llamada Planeta Tierra, liberó un virus letal y obligó a inclinarse a estos pretensiosos dioses menores, llamados humanos. Nunca antes una peste fue tan global, nunca la muerte estuvo tan presente en todo el mundo a causa suya.

Profético, Horacio  aconsejó a los habitantes de la Roma Antigua, que dada la brevedad de nuestra existencia, “carpe diem quam minimum credula postero”, lo que en una significación contemporánea, podríamos traducir así: vive cada día, el mañana no existe.

En el mundo interior, una vez que hemos tomado plena consciencia de nuestro “sistema mundo”, sabemos perfectamente no tanto de qué se componen nuestros órganos, eso lo saben los médicos y los científicos dedicados a la biología, sino nuestro interior, los recovecos más oscuros, las playas que hemos construido, las avenidas, los abismos, los basurales y los reinos, nuestros más íntimos días y noches, los momentos hipotalámicos y los extáticos, las vitaminas y los venenos que inventamos en nuestro devenir, incluso los sistemas inmunológicos y por supuesto, los virales.

Sin esta arquitectura gigantesca, no podríamos tolerar el dolor y la muerte.

Pero mirando el mundo exterior por el gran ventanal que son nuestros ojos, nuestro mundo exterior es uno solo, aun cuando sobre él hayan tantas interpretaciones como ventanales.

Pero mirando el mundo exterior por el gran ventanal que son nuestros ojos, nuestro mundo exterior es uno solo, aun cuando sobre él hayan tantas interpretaciones como ventanales.

Ese mundo exterior, esa nave gigantesca llamada Planeta Tierra, liberó un virus letal y obligó a inclinarse a estos pretensiosos dioses menores, llamados humanos. Nunca antes una peste fue tan global, nunca la muerte estuvo tan presente en todo el mundo a causa suya.

Y sin embargo, todo esto es como si el mundo exterior, el Planeta Tierra, se hubiera tomado un respiro, ante tanto daño causado a sus esenciales componentes. Ese respiro es definitivo para cambiar nuestra “normalidad”. 

Reinventarnos debería ser el único algoritmo en funcionamiento, la única utopía disponible para lavarnos el corazón y para salvarnos.

¿Pero sabemos cómo hacerlo? Oigamos el consejo de Alejandra Pizarnik: “No importa si cuando llama el amor yo estoy muerta. Vendré. Siempre vendré si alguna vez llama el amor” .

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Carpe diem
 
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