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10 de Julio del 2017
Ideas
Lectura: 8 minutos
10 de Julio del 2017
Andrés Ortiz Lemos

Escritor y académico.

Cartas de un diablo a su sucesor
Espero no desilusionar a nadie. Pero hemos de entender que no existe ningún cambio en las intenciones, los intereses y los rumbos de la revolución ciudadana. Da igual si el ex nos cae mal y el regente actual nos cae bien. Esto no tiene que ver con simpatías. El proceso es exactamente el mismo, y el autoritarismo no ha retrocedido un centímetro.

CS Lewis  fue uno de los expertos en literatura medieval más importante de su tiempo; un erudito en lenguas clásicas, un ensayista brillante, y un muy bien conocido autor de literatura fantástica. Bástese decir que JL Borges lo citó en varias ocasiones y está documentado su testimonio de cómo se puso a llorar cuando su madre le leyó la obra Fuera del Planeta Silencioso, en el hospital,  luego de sufrir un grave  accidente que casi le cuesta la vida.

Hago referencia a CS Lewis porque una de sus novelas me ayudó a entender, de manera diáfana, la relación entre el ex mandatario Rafael Correa y su sucesor. El autor británico escribió Cartas de un Diablo a su Sobrino (The Screwtape Letters), en 1942, como un intento de entender las particulares relaciones que los demonios tendrían entre ellos, tomando en cuenta que, en esencia, son entes poco leales, y muy indispuestos a la honestidad. Cabe decir que Lewis descartó la idea de representar a los demonios como seres con cuernos y alas de murciélago. Para él los diablos debían ser, como negarlo, funcionarios burocráticos, y sus tortuosas interacciones definirían aquello que entendemos como el infierno.

CS Lewis consideraba que las jerarquías del averno estarían constituidas por un retorcido organigrama de funcionarios, y Satanás, el señor de las tinieblas, no sería una persona si no un cargo, una posición. El príncipe de la oscuridad ostentaría el más alto de los grados burocráticos, un puesto deseado por todos los otros demonios.  Estos pasarían la eternidad tramando intrigas para perjudicar a quienes estén por encima de ellos y ocupar sus lugares. Poco a poco, los chismes y conspiraciones ayudarían a algunos a trepar sobre los otros, hasta llegar, de ser posible, a ejercer la presidencia. Ecuador, en este momento, puede ser explicado, según creo, desde esta ficción literaria.

Lo primero que el paciente lector debe entender es que ese amable conjunto de moralejas, y discursos azucarados que han beneficiado sólidamente a una élite política limitada, es decir, la Revolución Ciudadana, no puede ser reducida a un individuo. Por más fuerte que haya sido la personalidad del expresidente. En efecto la Revolución Ciudadana continúa en el poder, y mantiene intactos absolutamente todos sus valores, ideales y desatinos. En caso que haya alguna duda, permítame preguntarle lo siguiente:

1.       ¿Existe alguna intención del nuevo gobierno de alterar la estruendosa influencia que ostenta en la función judicial desde el (cuestionado) referéndum del 2011?

2.       ¿Hay algún plan bien estructurado para contrarrestar aquel símbolo de la ocupación de la sociedad civil, a manos del estado, al que llamamos Consejo de Participación Ciudadana y Control Social?

3.       ¿Ha visto intenciones de contrarrestar los lineamientos conflictivos de la ley de comunicación, o de abolir las instituciones disciplinarias creadas en base a ella?

4.       ¿Ha detectado en el gobierno la intención de vetar proyectos que pretenden controlar las redes sociales?

5.       Hay cientos de indígenas procesados por ejercer su derecho a la resistencia. No se ha generado amnistía para ninguno. Los pocos indultos que se han planteado, no reconocen la inocencia de los acusados.  Además, son mínimos. ¿Es la entrega del edificio de la CONAIE una dadiva que compensa la criminalización de las causas indígenas y la ocupación de su territorio con proyectos invasivos? 

6.       ¿Ha visto la lista de Odebrecht por ahí? ¿Ha visto que se den paso los pedidos de fiscalización de asambleístas críticos y críticas al gobierno? ¿Se han iniciado procesos de auditoría a  monumentales disparates como la refinería del pacífico o ciudad Yachay?

7.        ¿Ha visto al Consejo de participación ciudadana, ejercer el dichoso Control Social, para el que le pagamos sueldos bien nutridos? ¿Entonces a qué se dedican, cuando no organizan concursos de autoridades cada varios años?

8.       ¿Ha visto al CPCCS responder las críticas que se les ha hecho en la elección de todos los organismos de control o la fiscalía? ¿Ha visto la intención de gobierno de reformar esta institución para dejar de tener plena influencia sobre ella, o de desaparecerla?

9.       ¿Se ha percatado de cambios en los proyectos extractivos? ¿Hemos llegado a deshacernos de la sólida sumisión a las corporaciones chinas?

10.   ¿Usted de verdad cree que criticar las escuelas el milenio constituye un cambio estructural en los lineamientos de la revolución ciudadana? ¿En serio?

Espero no desilusionar a nadie. Pero hemos de entender que no existe ningún cambio en las intenciones, los intereses y los rumbos de la revolución ciudadana. Da igual si el ex nos cae mal y el regente actual nos cae bien. Esto no tiene que ver con simpatías. El proceso es exactamente el mismo, y el autoritarismo no ha retrocedido un centímetro, por más que el proceso kafkiano seguido contra Martin Pallares nos haya hecho creer (vanamente) que   una reluciente ventana de libertad se ha cernido sobre nosotros. No se necesita tener un doctorado en ciencias políticas para tomarse un par de horas y confirmar que no se han generado cambios importantes en el rumbo de la democracia ecuatoriana, ni se plantea que se den a nivel estructural.

En este punto la persona que me lee estará dispuesta a argumentar que Lenin Moreno ha extendido un llamado al diálogo a varios y diversos actores políticos. Sin embargo yo le tendría que responder con un argumento aún más pesimista: Entendamos que tras 10 años de correismo la revolución ciudadana tiene más basura bajo la alfombra que un anciano ¨recolector¨ de los que aparecen en el reality show Intervention. (si no pregúntele a don Arturo Villavicencio, que ha pasado los últimos años haciendo, el solo, el trabajo que deberían haber hecho los organismos de control y la Asamblea) Por favor. Hay muchísimo que ocultar, demasiadas cosas de las que no se quiere hablar, y para eso, aparentemente nada mejor que intentar desesperados acuerdos con la élite política de otros partidos. Nadie quiere un juicio político. Menos quien ocupa el segundo escaño en el organigrama. No sé si me hago entender.

Es vano pensar que la minimalista literatura epistolar que Correa le dedica a Moreno, y viceversa tiene algún valor para la realidad democrática del Ecuador.  No ha cambiado básicamente nada. El Demonio, como diría CS Lewis, no es una persona, es un cargo público, una posición burocrática. Si un diablo sin poder (no le digo pobre diablo, porque vive como emperador bizantino) le escribe tuits rencorosos a la nueva criatura a cargo, lo hace basado en su resentimiento, en su frustración por no seguir ahí.  No debemos dejarnos engañar y pensar que los nuevos miembros del organigrama sombrío, son distintos a sus predecesores, aunque no nos caigan tan mal.

[PANAL DE IDEAS]

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