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12 de Junio del 2019
Ideas
Lectura: 5 minutos
12 de Junio del 2019
Rodrigo Tenorio Ambrossi

Doctor en Psicología Clínica, licenciado en filosofía y escritor.

¿Catolicismo en franca decadencia?
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En todo Occidente crecen las acusaciones sobre el abuso sexual a niños y niñas por parte de clérigos, obispos, cardenales y más. Y no solo los cristianos se escandalizan sino el mundo entero. Porque se trata de un crimen tan grave como el peor de los cataclismos.

A partir de la Segunda Guerra Mundial, el cristianismo vive un franco y permanente deterioro a escala mundial. Pero lo que acontece con el Vaticano es particularmente sensible y denodador. 

El Vaticano no se repone desde los finales de la Segunda Guerra. Luego del genocidio sufrido por el pueblo judío, no logró ocultar ni disimular su nivel de complicidad. De hecho, desde numerosos espacios políticos, sociales e incluso literarios se expusieron graves acusaciones en contra de Roma por su silencio absolutamente culposo y culpable. Pío XII no dijo de chis ni mus. Eso se llama complicidad culposa que no se lava con discursos de marras. 

Mientras los aliados vencían a Hitler y juzgaban a autores y cómplices del genocidio, El Vaticano permanecía en silencio. Como si no hubiese tenido responsabilidad alguna en el mayor crimen cometido en la historia de la humanidad. 

A partir de la tercer tercio del siglo XX, Occidente empieza a ser otro. Nuevas generaciones con culturas múltiples atravesadas por un común denominador: la libertad y el rechazo a toda clase de sometimiento. La libertad no es un don dado sino un principio de existencia. La libertad no puede ser controlada por razones ajenas a ella misma, exactamente igual que la sexualidad. Dos aspectos que sostienen las nuevas culturas y que contradicen el basamento de la tradición cristiana.

Pero desde entonces se ha producido hasta ahora una constante y acelerada descristianización de Occidente. Porque nada ni nadie puede ni podrá lavar las manos de la Iglesia que desde hace décadas se ensucia con nuevos crímenes como el abuso sexual a niños, niñas y adolescentes.

La libertad no puede ser controlada por razones ajenas a ella misma, exactamente igual que la sexualidad. Dos aspectos que sostienen las nuevas culturas y que contradicen el basamento de la tradición cristiana

Las nuevas generaciones se apropian de su libertad y con ella y en ella, de su sexualidad que deja de ser pura anatomía para representar a mujeres y hombres ante sí mismos y ante los otros. Ser libre implica ser dueño de sí mismo. Las nuevas generaciones se hacen bajo la sombra protectora de este nuevo enunciado que no dejará de expresarse en nuevos y más amplios principios. 

Sin embargo, durante veinte siglos el poder de la Iglesia se sostuvo en el control de la sexualidad de sus fieles y en el temor al infierno. Principios que desdicen de un mundo eminentemente crítico e incluso rebelde. La religión va camino a la anacronía.

Y hay algo muy grave. Es interminable lista de sacerdotes, religiosos, monjas, obispos, cardenales acusados de pedofilia y de abuso sexual a feligreses de todas las edades. Un crimen convertido en el más atroz de todos y que fuese celosamente ocultado por los poderes eclesiales, desde el Papa para abajo. Incluso parecería que en El Vaticano se han refugiado no pocos cardenales acusados de pedofilia en sus países de origen y también de organizar y sostener redes de prácticas homosexuales en las que habrían participado no pocos de manera obligada y criminal. 

En todo Occidente crecen las acusaciones sobre el abuso sexual a niños y niñas por parte de clérigos, obispos, cardenales y más. Y no solo los cristianos se escandalizan sino el mundo entero. Porque se trata de un crimen tan grave como el peor de los cataclismos. Un niño abusado sexualmente sufrirá a lo largo de su vida las secuelas de un horror ininteligible. Pero las autoridades, comenzando por el Papa, se han lavado las manos con su silencio cómplice.

Altos líderes de Roma, se acusan entre sí de complicidad. El cardenal Vigano dice que el Papa Francisco miente descaradamente. Por su parte, The Washington Post pide que el Papa dé cuenta de la serie de correos electrónicos que intercambió con Benedicto XVI, sobre el caso del cardenal McCarrick. Pero a El Vaticano no le gustan estos temas que develan la gran hipocresía del poder católico representado en el alto clero de Occidente. “ Es inmensamente triste" que Francisco "mienta descaradamente a todo el mundo para encubrir sus malas acciones", las del cardenal McCarrick. 

La justicia debería obligar a los dos Papas a confesar todo lo que saben sobre el abuso sexual a niños, chicas, seminaristas y muchachos por parte de obispos y cardenales especialmente en América Latina que exige un baño de verdad. Ellos se hallarían muy bien informados. Pero callan porque temen que la desbandada católica se agudice aun más en las Américas. 

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