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11 de Febrero del 2020
Ideas
Lectura: 6 minutos
11 de Febrero del 2020
Carlos Rivera

Economista, catedrático de la Universidad de Cuenca. 

China estornuda y Ecuador se resfría
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Por la crisis del coronavirus, China podría perder por lo menos un punto de su PIB y quedar por debajo de un crecimiento anual del 6%, y esto retiraría mecánicamente 0,4 puntos del PIB mundial.

Aunque resulta difícil cuantificar los efectos finales que tendrá la epidemia del corona virus —ya que estamos en una fase muy temprana y las previsiones económicas depende de múltiples variables y desenlace— los avances de la ciencia médica hacen pensar que una pandemia del tipo de la gripe española en 1918 sea poco probable. Un escenario más natural es aquel que el peak de muertes e infecciones se alcance en febrero y que la epidemia este bajo control en abril, llegando a generar costos económicos absolutamente limitados y acotados.

Para sustentar este escenario relativamente optimista debemos recordar que este shock no anticipado golpea a la economía global en momentos que se observa  señales de recuperación: las tensiones comerciales entre EE.UU. y China  han disminuido, China y el resto de Asia Emergente (especialmente Taiwán y Corea) han tomado un mayor dinamismo, los efectos de las políticas monetarias más expansivas, introducidas durante 2019 por la FED y el Banco Central Europeo comienzan a mostrar sus efectos. Y aunque la inversión ha perdido fuerza, el consumo se mantiene dinámico, la política económica china tiene gran espacio para expansiones fiscales y monetarias por sus grandes reservas y baja razón deuda producto. Así mismo, haciendo un poco de paralelismo histórico con otros episodios similares, las epidemias a cierto nivel no han sido catastróficas. Por ejemplo, el brote del Síndrome Respiratorio Agudo Severo (SARS) de 2003 provocaron costos que fluctuaron entre los 30.000 y 50.000 millones.

Claro que esta vez la factura puede ser algo superior, ya que la China de hoy no tiene nada que ver con la de entonces. El tamaño de su economía ha pasado de representar el 4% del PIB mundial a más del 18% y es responsable de un tercio del crecimiento mundial. Tiene una parte equivalente de todas las exportaciones mundiales, llegando a ser la gran locomotora mundial con un PIB de más de 14 billones y una población de más de 1.340 millones. Una  disminución del gasto de los hogares chinos o interrupción del proceso productivo puede tener un impacto mucho mayor que en 2003, de allí el desplome del precio del petróleo visto estos días, que se debe a que el gigante asiático consume alrededor de tres veces más crudo ahora que en 2003.

cabe reflexionar que si el gigante asiático llegó a estornudar con el corona virus, Ecuador ya se resfrío con la caída del precio del petróleo por debajo de lo previsto en el presupuesto 2020. De hecho, debieramos estar cruzando los dedos para que China no llegue a resfriarse con una interrupción demasiado larga de sus cadenas productivas y de comercialización

Hablando de efectos propiamente dichos, el principal golpe de este shock va a ser en China, donde los intentos de controlar el contagio han derivado en la suspensión de actividades industriales, restricciones al transporte y el colapso del turismo interno y externo. Aunque su impacto se extenderá también al resto del mundo a través de las cadenas de producción, donde China juega un rol preponderante y en mercados donde es un importante demandante. Con todo ello, China podría perder por lo menos un punto de su PIB y quedar por debajo de un crecimiento anual del 6%, y esto retiraría mecánicamente 0,4 puntos del PIB mundial.

Los primeros afectados fueron los mercados financieros. Todas las bolsas del mundo cayeron tras la noticia del surgimiento del virus y las primeras medidas chinas. Los precios del petróleo también experimentaron sus mínimos en los últimos tres años como consecuencia de la expansión de la epidemia. El resto tendrá que ver con la contracción del turismo, comercio y en general de toda la actividad económica, en tanto la suspensión de las actividades comerciales y de transporte continúe en China.  

En este escenario, cabe reflexionar que si el gigante asiático llegó a estornudar con el corona virus, Ecuador ya se resfrío con la caída del precio del petróleo por debajo de lo previsto en el presupuesto 2020. De hecho, debieramos estar cruzando los dedos para que China no llegue a resfriarse con una interrupción demasiado larga de sus cadenas productivas y de comercialización, porque eso nos llevaría irremediablemente a una pulmonía con una caída del resto de nuestras exportaciones. Este shock golpea al Ecuador en medio de un estancamiento económico, un franco deterioro de los indicadores laborales y una gran incertidumbre sobre el curso que podrían seguir las reformas económicas que necesita el país para salir de este letargo que venimos desde 2015, y del propio año electoral.  

Lo que corresponde ahora es acelerar los esfuerzos para avanzar en las reformas económicas e ir despejando la neblina interna. En particular, se hace indispensable un entendimiento de los líderes políticos para avanzar en reformas fiscales, laborales y una buena agenda social. En conclusión, si bien las incertidumbres externas ponen más compleja la situación, el 99% está en nosotros y los resultados dependerán de las medidas que tomemos casa adentro.

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