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6 de Agosto del 2020
Ideas
Lectura: 5 minutos
6 de Agosto del 2020
Álex Ron

Escritor y catedrático universitario.

China: de la utopía a la pandemia
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Vivimos una recesión global que ha significado un decrecimiento en el PIB incluso en países de economías sólidas como la alemana o la norteamericana (van del 10 al 20%). Sin embargo, en China aparentemente no se da un mayor decrecimiento, lo cual ha permitido al gigante asiático consolidarse como la primera potencia económica en el mundo.

“Todos vivíamos en un mundo imaginario donde respirábamos aire imaginario.” Haruki Murakami. Baila, baila, baila 

Puerto Ayora, 8 A.M, miles de botellas de plástico de diversas marcas chinas han sido colgadas en barandas de hierro del malecón. Se trata de un performance, algo dramático, porque a pocas millas de la costa cientos de barcos chinos pescan indiscriminadamente. El gigante asiático dejó de ser el país que exportaba utopías revolucionarias en los sesenta para convertirse en la primera potencia depredadora del mundo. Basta mencionar que en 2018, el 28% de las emisiones de CO2 fueron producidas por éste país.

Mao Tse-Tung, su mítico dirigente, escribió alguna vez: “la acción no debe ser reacción sino creación”. Ésta es una frase que inspiraría a cualquier pueblo a defender la vida; sin embargo resulta una contradicción total cuando presenciamos el ecocidio disfrazado de crecimiento económico generado por ésta nación. La COVID-19, resultado del deterioro del hábitat de cientos de especies, entre ellas los murciélagos, es la primera pandemia del siglo XXI, made in China.

China, después de sus años de esplendor en los siglos XVI y XVII, fue un país colonizado por ingleses, franceses, norteamericanos, japoneses y rusos. Mao Tse-Tung, desde su guerra de guerrillas, apoyado por campesinos generó un fuerte sentimiento nacionalista en la población para expulsar a las potencias colonizadoras y derrocar a Chiang Kai-shek en 1949. A partir de una economía agraria levantó un país desecho pero cayó en un totalitarismo extremo que llegó a aberraciones como la “Revolución cultural”, en esa época se llegó a prohibir la música de los Beatles. Más fanatismo, imposible.

La nación oriental se convirtió en un país enigmático, extremadamente cerrado, basado en las ideas de su líder quien escribió el Libro rojo, el cual influyó en muchos movimientos de liberación nacional en el mundo, incluyendo el emblemático Mayo del 68, en París. Para Occidente, la China comunista de Mao fue un fracaso económico, basta mencionar que en los setenta representaba apenas el 2% del PIB mundial. Deng Xiaoping, el sucesor de Mao a finales de los setenta, dijo alguna vez: “No importa el color del gato, lo importante es que cace ratones”. Esa frase sintetizaba un nuevo tipo de economía que se levantó sobre la base de una apertura extrema al mercado mundial alcanzando un crecimiento sostenido del PIB del 10%, a finales de los 90. Vertiginoso crecimiento económico pero democracia restringida, todavía quedan en nuestras retinas las imágenes de los jóvenes asesinados en Tiananmen en Pekin.

Según Jamestown Foundation, el gobierno de Xi Ping invirtió en 2017 la descomunal cifra de 200.000 millones de dólares para la seguridad interna. Aunque ha ido eliminando la pobreza y su actual presidente tiene una popularidad cercana al 60%, China es una sociedad reprimida, porque disentir se convierte en un juego riesgoso. El control extremo respecto a la información sobre lo sucedido en Wuhan revela la poca transparencia de la nueva potencia mundial.

Vivimos una recesión global que ha significado un decrecimiento en el PIB incluso en países de economías sólidas como la alemana o la norteamericana (van del 10 al 20%). Sin embargo, en China aparentemente no se da un mayor decrecimiento, lo cual ha permitido al gigante asiático consolidarse como la primera potencia económica en el mundo. Actualmente China, según Howmuch.net es la primera economía mundial con 29 trillones de dólares, seguida por Estados Unidos con 22 trillones.

El gato cazó ratones, pero al mismo tiempo se convirtió en la potencia más contaminadora del planeta; la misma que negocia sin ningún rubor su vacuna para COVID-19 con países tercermundistas.

En medio de la pandemia y el calentamiento global continúa la guerra corporativa y tecnológica entre EE.UU y China, que con Huawei, estaría aventajando a la potencia del norte en lo que tiene que ver con tecnologías disruptivas (5G, inteligencia artificial, big data).

La coyuntura de COVID-19 ha permitido a China adquirir a menor precio acciones de empresas norteamericanas y europeas en Wall Street. Ha sabido manejarse dentro de la distopía porque su sistema es totalmente distópico ¿Realmente existe capitalismo de Estado en el país oriental o simplemente estamos frente a un gigante que contamina y enferma especies en nuestro planeta? ¿Ecologismo y comunismo 5G pueden ir de la mano o son antípodas? ¿Es el ecocidio el mayor legado de éste comunismo corporativo? ¿Cuántas pandemias más tendrá que soportar la humanidad mientras EE.UU y China llegan a un acuerdo para gobernar mirando al futuro y no a sus acciones bursátiles?

[PANAL DE IDEAS]

Alfredo Espinosa Rodríguez
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