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29 de Abril del 2019
Ideas
Lectura: 5 minutos
29 de Abril del 2019
Santiago M. Zarria

Filósofo y catedrático universitario.

¿Cómo cerrar una facultad de Filosofía?
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Una sociedad que no es capaz de conjugar la técnica con la crítica se va transformando lentamente en un auténtico corral progresista.

«En la inmensa república de los imbéciles, Trissotin es un ciudadano de honor.»

Vladimir Jankélévitch, Tratado de las virtudes III

 

El futuro de la filosofía en Brasil lo ha sentenciado Bolsonaro por Twitter: reducir “la inversión en facultades de filosofía y sociología”. Esta ha sido la tendencia de varios gobiernos en Europa y Latinoamérica, porque contrario a los intereses oficiales, la filosofía no procura marionetas, sino ciudadanos críticos y cuestionadores.

Estos regímenes han sido conscientes de la influencia que tienen las ciencias humanas y sociales en la sociedad y del peligro que les representa, porque a diferencia del pensamiento gregario y parroquialista, promueven un pensamiento abiertamente crítico, porque no ceden fácilmente al servilismo, ni se someten al adoctrinamiento que les han querido imponer. Por esta razón, han tratado de deshacerse de las facultades de filosofía, a veces por la fuerza y otras por la asfixia económica. La excusa, en esta ocasión, para justificar la sistemática persecución ha sido por cuestionar y obstaculizar el impostergable ideal de progreso, pero lo que buscan realmente es silenciar la vocación crítica que caracteriza a estas facultades, distinguidas por atizar y propagar un espíritu inquieto.

La acusación se ha centrado en la escasa rentabilidad, utilidad, y aporte al Estado. La llevaron a juicio, la acusaron y encontraron culpable. Un tweet y a la guillotina. La poca retribución económica no justifica su existencia. ¡Culpable!, la filosofía, por no someterse a los intereses de la polis.

La forma en que estos gobiernos han actuado contra estas facultades es tan variada como sus intereses, a veces es suficiente un tweet o dos, pero generalmente podemos observar un esquema común.

Como el progreso es la luz que guía a estos regímenes y la filosofía les ha traído oscuridad y molestias deciden “reducir” los recursos económicos, porque no aportan al producto interno bruto y, además, no dejan de criticar su sistema ideológico. Filosofía insolente y desagradecida.

Como el progreso es la luz que guía a estos regímenes y la filosofía les ha traído oscuridad y molestias deciden “reducir” los recursos económicos, porque no aportan al producto interno bruto y, además, no dejan de criticar su sistema ideológico. Filosofía insolente y desagradecida. Entonces, al dejar de invertir económicamente en estas facultades, sistemáticamente las van sepultando. Este mecanismo, uno de tantos que han utilizado para someter a las universidades, no solo da cuenta del cinismo de estos políticos, sino de lo perversos que son estos regímenes cuando tratan de extender y conservar su poder.

Luego, reducen las becas de investigación y especialización que se destinaba a estas áreas y las transfieren a las ciencias duras bajo la sola premisa del bienestar nacional. Confrontadas existencialmente, después de reducir personal e investigaciones, para no extinguirse las universidades deciden aceptar la imposición de un modelo de estudios de acuerdo a los intereses de un gobierno que, si ha llegado a este punto, ya se han convertido en un elemento impositivo, decisorio y controlador sobre los deseos individuales. Lo que le conviene o no estudiar al individuo sólo lo sabe el Estado y así es cómo lentamente van aniquilando la libertad de decisión e imponiendo la ruta de la sumisión.

Finalmente, toman el control de las instituciones educativas y establecen una nueva estructura, un nuevo sistema de evaluación que no es otra cosa que un modelo diseñado para perseguir y controlar a las instituciones educativas contrarias a sus pretensiones, con el afán de implantar e impulsar políticas de acuerdo a sus intereses ideológicos.

Una sociedad que no es capaz de conjugar la técnica con la crítica se va transformando lentamente en un auténtico corral progresista. Creer que por perseguir y silenciar a estas facultades también lo harían sus estudiantes ha sido una equivocación, porque el espíritu crítico que han tratado de censurar, si bien se gesta en las aulas, levanta vuelo en las calles. Por lo tanto, las universidades y la sociedad deben insistir constantemente en la importancia no solo de la filosofía, sino de las humanidades como tal y no esperar un twitter para sacudir el polvo y las telarañas que también se encuentran en las facultades.

 

 

 

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