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20 de Octubre del 2015
Ideas
Lectura: 7 minutos
20 de Octubre del 2015
Cristina Burneo Salazar

Docente de la Universidad Andina Simón Bolívar. Trabaja en Letras, género y traducción.

Cómo hablar de derechos sin derecho
La intervención de Lagarde se centra en el feminicidio en el contexto mexicano, pero los derechos de las mujeres no pueden defenderse por separado porque son una respuesta total a frente a todo un orden instalado. Junto al feminicidio se referirá a la construcción de los derechos humanos de las mujeres, la violencia sexual, los derechos de las niñas.

Que el Estado deje de ser parte del problema de la violencia contra las mujeres. Así orientó su intervención en Flacso la feminista Marcela Lagarde. El Estado no ha cumplido con ese aspecto de la democracia moderna que es la igualdad, señala, y continúa: el progreso incluyente, parte de la utopía moderna, ha fallado. Durante su charla y confirmando su afirmación, se despliega una pancarta: “Racismo-Represión del Gobierno de Correa contra mujeres indígenas” que se refiere a las mujeres presas y vejadas durante el levantamiento de agosto.

En la sala también están las activistas de la plataforma de justicia para Vanessa Landínez, asesinada hace dos años en Ambato. Apoyando lo que dice Lagarde respecto a los Estados que fracasan en materia de derechos y las sociedades que no progresan, la plataforma despliega una verdad alarmante: “36 femicidios en 10 meses. 6 sentencias. Impunidad.”

La intervención de Lagarde se centra en el feminicidio en el contexto mexicano, pero los derechos de las mujeres no pueden defenderse por separado porque son una respuesta total a frente a todo un orden instalado. Junto al feminicidio se referirá a la construcción de los derechos humanos de las mujeres, la violencia sexual, los derechos de las niñas.

En la sala aparece otra protesta, esta vez por Salomé, niña raptada por su padre hace año y medio cuya identidad legal ha sido presuntamente falseada. Fernanda G., la madre de Salomé, inició acciones legales en octubre de 2014. A la justicia no parece urgirle restaurar los derechos de esta niña ni los de su madre a recuperarla.

Junto a Lagarde se hallan al inicio de la conversación Gustavo Jalkh, presidente del Consejo de la Judicatura, Ernesto Pazmiño, defensor del Pueblo, y Cecilia Armas, fiscal general subrogante. En su discurso, Jalkh reflexiona sobre el acceso a la justicia y la igualdad de género. Se refiere a la naturalización de la violencia de género y a las violencias que nos negamos a ver.

Si Jalkh se hubiera quedado a escuchar a Lagarde, habría escuchado más sobre las cosas que nos negamos a ver. Si no hubiera salido apenas terminado su discurso, habría aprendido que los derechos humanos de las mujeres se construyen todos los días en todos los espacios. Por ejemplo, en el que él abandonó prematuramente.

Si Jalkh se hubiera quedado a escuchar, su discurso habría sido algo más que demagogia y su presencia, algo más que una obligación protocolaria.

Jalkh no se quedó. Cosas más importantes le esperaban. No es suficiente haber perdido a una hermana o a una hija. Hay que ser funcionario funcional: decir dos cosas, darse un par de besos y, sobre todo, no escuchar. No escuchar que hay impunidad; que los juicios se entorpecen. Es mejor no escuchar. Apropiarse de los discursos de derechos humanos sí, pero sólo de los discursos.

La administración de justicia tiene la obligación de comprometerse con estas reflexiones. Pero no parece posible. Cualquier demanda en torno a derechos humanos terminará reclamando un derecho que ha sido violado o vetado desde el ejecutivo. Si hablamos del debate sobre el aborto, ha sido prohibido. Si hablamos de violencia sexual contra menores, mencionemos solo a Jorge Glas Viejó. Si nos referimos a la educación sexual, preguntemos en dónde está el documento definitivo del Plan Familia. Si queremos saber sobre derechos de la diversidad sexual, revisemos cómo el Estado se ha referido a la población sexualmente diversa.

Miremos cómo se han tratado los derechos de la diversidad cultural. Veamos qué se ha hecho con la educación bilingüe. Hagamos memoria de los periodistas perseguidos. Por cada vez que funcionarios del gobierno pretendan posicionar un derecho, habrá un caso en que ese mismo derecho habrá sido violado o una discusión que habrá sido silenciada. No se puede debatir sobre derechos en un Estado que los irrespeta sistemáticamente. Jalkh no se quedó, pero podría haber expresado por lo menos la voluntad de avanzar en el tema del femicidio, cuya tipificación no es suficiente, igual que no es suficiente limitarse a enunciar.

El 19 de octubre, tres días después del desencuentro de la justicia con la sociedad y la universidad en Flacso –donde sólo estas dos últimas continuaron con la discusión– seis mujeres ecuatorianas intervinieron en la Corte Interamericana de Derechos Humanos en Wáshington a fin de denunciar la violencia que el Estado ecuatoriano ha ejercido contra ellas. Margoth Escobar, Alicia Cahuiya, Patricia Gualinga, Paulina Muñoz, Gloria Ushigua Santi, todas ellas han sido amenazadas, golpeadas, acosadas o encarceladas por el gobierno actual.

Una delegación de organizaciones de la sociedad civil también está presente en Wáshington para exponer el incumplimiento del Estado de las recomendaciones del informe de la Comisión de la Verdad (2010). Fernando Alvarado responde con un tuit: “Ecuador asesorará a Chile en creación d Dirección de Derechos Humanos. Mientras politiqueros van a llorar en la CIDH”. Ese irrespeto prueba que no hay encuentro posible entre el poder y la sociedad civil. Esto es lo que las víctimas de delitos de lesa humanidad reciben del Estado. ¿Qué decir?

Ese mismo día, el 19, se conmemoran dos años de la muerte de Vanessa Landínez y se realiza un acto simbólico afuera de la Fiscalía General del Estado. Se arma un mural con retratos de Vanessa. Su madre, Ana, y la hija de Vanessa, Rafaela, de tres años de edad, están presentes. También su familia ampliada.

Rafaela ignora que no hay sentencia en el caso de su madre, aún no sabe qué es impunidad. Salomé no sabe de la lucha de Fernanda por recuperarla ni de los obstáculos que ha puesto la misma justicia. Hoy por hoy, las dos niñas crecen en un país que les dirá todos los días que no tienen derechos y que tendrán que ganárselos, aunque supuestamente hayan nacido con ellos.

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