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17 de Agosto del 2015
Ideas
Lectura: 11 minutos
17 de Agosto del 2015
Cristina Burneo Salazar

Docente de la Universidad Andina Simón Bolívar. Trabaja en Letras, género y traducción.

Como paja de páramo
Detenida, Manuela Picq es testigo del enorme fracaso de un país que un día, en un gesto de soberbia, abrió las puertas al mundo y ahora deja a los migrantes en total desamparo. Este caso va más allá de sí mismo, y en el acoso a esta periodista han hecho que se destape su trato inhumano a los detenidos extranjeros en Ecuador.

No vamos a olvidar esta imagen que, por desesperada, se vuelve grotesca: Correa cantando sobre la tarima junto a Patiño y el cantautor nicaragüense Luis Enrique Mejía la noche del 13 de agosto. El coro elige “Comandante Luis Fonseca”, tema del cancionero latinoamericano que dice así: “Salen de la cárcel mis palabras / hacia la lluvia...”

En su cinismo, la escena se convierte en caricatura de sí misma y anuncio de lo que pasa durante esa jornada. Patiño, ave de mal agüero: “salen de la cárcel mis palabras”, canta, mientras se detiene a decenas de manifestantes. El coro pretende cubrir con su tensa calma cantora los sonidos de los toletazos, las carreras de la policía para reprimir, los gritos de protesta, las consignas. Pero no pueden.

También sobre la tarima y junto a otros funcionarios, Jorge Glas ondea una bandera. Su padre, Jorge Glas Viejó, es un violador de menores. Violó durante un año a una niña de 12 años y ha sido protegido por la justicia. Manuela Picq, periodista y docente franco-brasileña, fue una de las personas que cubrió ese tema en un artículo publicado en AlJazeera en 2012.

Durante la jornada del 13, Manuela Picq es detenida, despojada de su visa y llevada al “albergue Carrión”, centro de detención de Migración. El Ministerio del Interior se apresura a elaborar una noticia para su portal, cuyo título es realmente risible: “Ciudadana extranjera, con permanencia irregular en Ecuador, recibió apoyo de la Policía Nacional”. Al 17 de agosto, se le ha negado la acción de protección y se espera su deportación. 

Durante su detención, Picq registra la situación de otros detenidos en el albergue Carrión. Uno de ellos se ha suicidado tras un año en el encierro. Detenida, Picq es testigo del enorme fracaso de un país que un día, en un gesto de soberbia, abrió las puertas al mundo y ahora deja a los migrantes en total desamparo, como se ve en esta carta que los detenidos escriben para ser difundida. Este caso va más allá de sí mismo, y en el acoso a esta periodista han hecho que se destape su trato inhumano a los detenidos extranjeros en Ecuador.

Carlos Pérez Guartambel, presidente de Ecuarunari, es la pareja de Manuela Picq. En la protesta son separados por dos grupos de policías. Las “opiniones” regadas en redes son de un racismo y una misoginia que espantan. En el muro del periodista Omar Ospina se podía leer en un post público hasta el domingo 16: “¿No será que esta bella y respetable dama ha interiorizado tanto las culturas ancestrales que acepta sumisa y culturalmente que Marido Es? SÓLO PREGUNTO. Ojalá responda la dama para claridad de quienes todo lo ven oscuro como el hollín, elemento maquillador tan de moda…” Este caso ha hecho que emerja lo que persiste de racista y macho en nosotros.

Los ataques velados de Ospina son graves. De su irresponsable “sólo pregunto” se desprende un profundo racismo. Sugiere que: las mujeres indígenas son sumisas. Los hombres indígenas son maltratadores. Las culturas ancestrales legitiman la violencia física y son naturalmente violentas. Salvador Quishpe, agredido por las fuerzas policiales, en realidad fingió su arrastre. Los moretones de Picq, como los daños que sufrió Quishpe, son maquillaje, mentira. Todo eso, para negar la violencia y el racismo de Estado.

Otras opiniones en redes dicen que una extranjera, aunque sea docente y periodista, no tiene por qué opinar. Si somos extranjeros, dicta la xenofobia, ponemos en suspenso nuestras opiniones. Si vivimos en otro país, le debemos una ciega gratitud por dejarnos pisar su suelo, no opinamos. Otros docentes universitarios extranjeros, la comisión gestora de Yachay, la de UArtes, docentes de IAEN, ¿deberán ser entonces docentes sumisos?

La xenofobia quiere hacer del vulnerable un ser obediente y temeroso. La sombra de la deportación, entre otras muchas cosas, es eso. Me pregunto qué opinan personas que están trabajando en Ecuador en situación similar y cuyo trabajo consiste en abrir espacios para la crítica y la autonomía de pensamiento.

Margoth, Hernán, Vicente, los más de 60

Junto al caso más mediático de Manuela Picq, aparecen otros producto de la represión de la jornada del 13, que son igual de graves.

Margoth Escobar, de 61 años, activista de larga data y quien ha marchado junto con los pueblos amazónicos, fue agredida por la policía en el Puyo, trasladada el hospital del IESS de esa ciudad, y dada de alta poniendo en riesgo de vida. Su hijo, Yankuam Escobar, ha dirigido una comunicación al director del centro de rehabilitación social del Puyo en donde argumenta que Margoth Escobar fue privada de libertad ilegítimamente el jueves 13 de agosto. Se ha anunciado su traslado a Cuenca, dice su documento, a un Centro Regional de Personas en Conflicto con la Ley. 1. Su estado de salud es crítico, incluso estaba sitiada en el IESS del Puyo. 2. El proceso judicial se lleva en el Puyo y quieren trasladarla a Cuenca, en donde no podrá recibir visitas ni a sus abogados 3. Se le ha dado un trato degradante, de lo cual se responsabiliza al Estado. Margoth tiene 61 años, es una activista de la tercera edad, y fue golpeada por la policía. 

Hay mujeres atacadas en Imbabura, Pichincha, Cotopaxi, Pastaza, Zamora y Morona Santiago, como lo reportan los activismos en redes; un grupo de defensoras de DDHH reporta varios casos de mujeres brutalmente golpeadas por la policía en Cotacachi, atacadas con golpes en los genitales. El dirigente amazónico Vicente Antuash agoniza; Luis Hernán Pallasco Vega, dirigente de la comuna Razu Yaku, perdió el ojo derecho por impacto de una bomba lacrimógena. En la plaza de San Fracisco, en Quito, un video capta a una mujer indígena de unos 70 años de edad atacada por varios policías a la vez. Hay más de 60 detenidos. En el caso de Picq y en estas agresiones, el gobierno ecuatoriano se revela en su xenofobia y en su racismo a la vez. Dos extremos del odio.

Una de las razones por las cuales el correísmo será leyenda, como lo dice su líder, será por habernos llevado a un retroceso histórico en los derechos de las mujeres, los pueblos indígenas, los jóvenes, y por haber exacerbado la xenofobia, el racismo y el machismo.

El discurso del Festival por la paz

En la jornada del 13, antes de entonar melodías de perseguidos por el poder, Correa se lanza con un discurso virulento. A Pérez Guartambel le grita “tirapiedras”. Lo acusa de ser presidente de la Ecuarunari sin ser indígena. Es el inicio del discurso más racista que pueda haber pronunciado hasta hoy. Cuestiona a Ecuarunari como si fuera él quien tiene que decidir lo que han decidido hace mucho los movimientos indígenas: su propia organización y su propia legitimidad, lo que incluye sus propios procesos, errores, aciertos y elecciones. Ya los ha racializado suficiente, pero continúa.

“El presidente de la CONAIE no representa a nadie”, dice el mandatario. “El diálogo es imposible con esta gente, que no tiene nada que perder.” Los llama “absurdos”, “esta gente”. No tienen nada que perder. En eso puede tener razón. Hay gente vulnerada en todos los aspectos y segregada en su propia comunidad que ya ha perdido bastante. Como Íntag. Como la familia y la comunidad de José Tendetza. Por eso su apuesta es recuperar sus derechos, venir a Quito con la firmeza de quien, en efecto, no tiene mucho que perder.

“Cuánta arrogancia, cuánta prepotencia”, continúa el presidente, que llama arrogancia lo que en realidad es resistencia. Luego, el Presidente de la República de Ecuador afirma que los pueblos indígenas “no tienen la legitimidad para protestar”, los imita: “Soy indígena y voy a mandar sobre el resto: ¡que se bajen de esa nubecita rosada!”, concluye. Eso quiere decir que los pueblos indígenas jamás no podrán aspirar a gobernar el país. La nubecita rosada es, en realidad, un escenario legítimo y deseable para la democracia ecuatoriana.

“(Al país) no lo tomarán unos abusivos, así se vistan de poncho.” El simbólico e histórico poncho, el mismo que llevaba Correa en épocas de hablar kichwa, el mismo que llevó en Cangahua en abril, cuando fue a hablar del seguro social campesino vestido para la ocasión, es ahora usado para el desprecio.

Ese mismo desprecio y la indiferencia frente a la vulneración de la sociedad civil se evidencia cuando las redes sociales y los medios independientes reportan más de sesenta detenidos al domingo 16. Entre ellos, jóvenes, mujeres y dirigentes indígenas. Ecuarunari reporta a través de carteles: “7 detenidos durante operativo militar y policial; detenido presidente de la Asociación de Bomboiza; una niña herida por bomba lacrimógena. Pastaza: 20 detenidos, entre los que están menores de edad y una mujer de la tercera edad. Cotopaxi: 10 detenidos durante desalojos de Chaski, procesados por obstrucción de la vía pública. Azuay: 3 detenidos, 2 del cantón Santa Isabel; 1 de Girón; acusados de obstrucción a la vía pública. Quito: 30 detenidos. 23, procesados por flagrancia, 6 de ellos de la guardia indígena; 17 son jóvenes de diversas organizaciones y movimientos de Quito; 23 son procesados por delito de ataque y resistencia; 12 están en prisión preventiva y los otros con medidas alternativas.”

Hoy, los movimientos indígenas se concentran en el parque del Arbolito, en Quito. También ocupan carreteras en todo el país, resisten en sus comunidades. Pero no se desprecia así nomás décadas de reivindicaciones, que ahora son capaces de mover a toda la sociedad ecuatoriana y que al haber resistido nos hacen resistir a todos. Este nosotros en resistencia de hoy ha sido marcado por los movimientos indígenas, no por la derecha ni por la clase media. Hoy, son los movimientos indígenas los que nos dan la posibilidad de pensar que otro horizonte es posible. 

[PANAL DE IDEAS]

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Rodrigo Tenorio Ambrossi
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