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4 de Enero del 2016
Ideas
Lectura: 12 minutos
4 de Enero del 2016
Gonzalo Ortiz Crespo

Escritor, historiador, periodista y editor. Ex vicealcalde de Quito. 

¿Cómo pueden reconciliarse con su conciencia?
¿Cómo reconcilian un Francisco Borja, un Xavier Lasso, un Rafael Quintero, un Ricardo Patiño, un Xavier Ponce, un Virgilio Hernández, una María Augusta Calle, una Doris Solís, un Gustavo Baroja lo que está viviendo el Ecuador con sus principios, su ideología política y su conciencia?

A todos ellos los conozco personalmente, a todos aprecié por su inteligencia, honestidad y esfuerzos por un Ecuador mejor, pero me he quedado cada vez más abismado de cómo han ido acomodándose a todo lo que ha hecho Rafael Correa.  ¿Represión? ¿Persecución a los dirigentes indígenas? ¿Ataque a la libertad de expresión? ¿Persecución a la prensa? ¿Insultos y vejaciones a los periodistas? ¿Pignoración del oro a Goldman Sachs y del petróleo a China? ¡Pamplinas! Nada de esto les ha conmovido ni les ha presentado un problema de conciencia.

Aquello quedó más claro con la abstención de Fernando Bustamante en la votación de las enmiendas, porque planteó el tema desde la objeción de conciencia. Un brillante análisis de Patricio Moncayo en PLAN V nos hizo ver cómo la sanción que Alianza PAÍS le aplicó a Bustamante, más allá de las preguntas de por qué lo hizo ahora y no antes, es un castigo a la individualidad humana. Pero uno no puede dejar de pensar en tantos momentos en que la conciencia de estas personas que menciono y de otras muchas, debe haber chocado con la realidad de un régimen autoritario, represor, derrochador, corrupto…

¿Qué les pasó? ¿Cómo pueden justificarse, ante sí mismos, en la soledad de su reflexión o cuando se ven al espejo, que sigan siendo corifeos del Gran Visir, el Jefe Supremo, el Rey Sol Rafael Correa?

Pero hay este hecho nuevo, extremo, de la privatización del campo Auca. A Fernando Bustamante que siempre fue un liberal, más inclinado a la derecha que al centro, es probable que no le escueza nada el entreguismo petrolero. Y por supuesto tampoco a Glass, Alvarado, Mera o Pareja Yanuzzelli. Pero a quienes menciono en el primer párrafo, y a otros que a lo largo de su vida fueron progresistas y patriotas, ¿cómo les cae la traición a décadas de política petrolera nacionalista, de defensa de los campos petroleros emblemáticos que debían estar a cargo de los ecuatorianos como prueba elemental de soberanía? ¿Qué les pareció que sin hacer público el contrato, a puerta cerrada para que no entre ni  pelo de periodista, se entregue la joya de la corona a cambio de un plato de lentejas?

De un gran plato de lentejas, dirán algunos. 4.900 millones de dólares, mencionarán, aunque tal vez no refieran que es a 20 años plazo, que nadie sabe a ciencia cierta si eso es inversión o préstamo ni cuál es el calendario de los desembolsos ni cómo se los va a controlar. Seguro que estos que fueron mis amigos tampoco conocen ni una coma de esas condiciones. Y entonces me pregunto ¿es fe ciega lo que tienen? ¿Entregaron incondicionalmente su conciencia?, ¿renunciaron a sus principios?, ¿cambiaron de ideología? ¿Qué pasó con su patriotismo?

Un caso claro es el de Pancho Borja. Mientras fue embajador en Chile defendió al Gobierno, claro, pero guardaba las proporciones. Además, allí la prensa indaga menos. Pero hace poco vi unas declaraciones suyas en Washington en que defiende las enmiendas constitucionales con argumentos impresentables. Las hizo al Latin American Advisor, diario electrónico de la organización Diálogo Interamericano. Para que se sepa de lo que hablo, traduzco del inglés la respuesta a la pregunta que le hizo la publicación de si las enmiendas constitucionales beneficiarán al pueblo ecuatoriano: 

“Las enmiendas constitucionales recientemente aprobadas son un necesario cambio para realizar importantes transformaciones en el Ecuador y un signo de un Ecuador más institucionalizado, organizado y rendidor de cuentas, por lo que darán una más amplia estabilidad a nuestra sociedad y un clima de mayor confianza a los inversionistas. Eliminar los límites para la reelección presidencial refleja un Ecuador más maduro y confiado en términos de la implementación de su sistema democrático. Muchos países democráticos progresistas y estables como Canadá, España y Alemania tienen sistemas eleccionarios sin limitaciones a los períodos [de sus jefes de Estado]. Además, la actual Constitución del Ecuador permite al electorado revocar el mandato de cualquier funcionario elegido por el pueblo, incluido el presidente, en cualquier momento (incluso fuera de las elecciones programadas), lo que asegura que son los mismos ecuatorianos los que tienen la última palabra. En el caso de la declaración de la comunicación social como un servicio público, el objetivo es diversificar el espectro ecuatoriano de noticias, incluyendo, como establece la Ley de Comunicación, la seguridad de que haya un pluralismo en las frecuencias con estaciones de radio comunales, privadas y públicas. También asegura el derecho de cualquier individuo u organización de responder en la misma proporción y a defenderse contra cualquier acusación pública lanzada contra él o ella. Fundamentalmente, estos cambios forjan un nuevo panorama de medios de comunicación con mayores estándares de precisión, veracidad y confiabilidad, que a la vez fortalecerán una sociedad más vibrante e inclusiva. Finalmente, el dar a las fuerzas armadas un rol subsidiario para asistir a la policía en las operaciones de seguridad era un paso necesario para formalizar y manejar con más efectividad el apoyo que las fuerzas armadas ecuatorianas ya están dando al país y a la región para combatir a las nuevas amenazas de seguridad, tales como las cada vez más sofisticadas organizaciones internacionales del crimen así como proporcionar ayuda y seguridad durante los desastres  naturales. Estas reformas muestran que el antiguo Ecuador, donde la única manera de alcanzar reformas legales era a través del desorden público y de las demostraciones violentas, pertenece al pasado. Ecuador es hoy un país moderno con instituciones sólidas y un rico discurso político que refleja una democracia más estable y madura” (Francisco Borja en Latin American Advisor, 18 de diciembre de 2015).

No salgo de mi asombro. Aparte de que la respuesta parece redactada por una oficina de relaciones públicas, ¡que Pancho Borja, quien prácticamente toda su vida anterior a Correa trabajó en medios de comunicación privados (en especial Ecuavisa y diario Hoy) y cuyo último cargo antes de ser nombrado embajador por Correa, fue director de Metrohoy, defienda la declaración de la comunicación como servicio público o sea el control de los medios por el Estado! ¡Que él, un hombre al que conocí escéptico frente al poder, proclame que la humillación y persecución desatada por el tinglado de organismos goebelianos montados por este gobierno para imponer dizque rectificaciones traiga supuestamente “mayores estándares de precisión, veracidad y confiabilidad”!

¡Que él, con el que compartí preocupaciones, debates y decisiones en el gobierno de ese estadista, gran demócrata y gran señor, como es su hermano el doctor Rodrigo Borja, se ufane de la añagaza de que con ello “se fortalece una sociedad más vibrante e inclusiva”! Que él, cuyo sentido común siempre aprecié como una de sus virtudes, intente pasar gato por liebre con esto de la reelección indefinida en regímenes parlamentarios. ¡Qué desconozca el pasado, borre la historia, su propia historia y la de su hermano al decir que en “el antiguo Ecuador… la única manera de alcanzar reformas legales era a través del desorden público y de las demostraciones violentas”! ¿Qué le ciega tanto para condenar al olvido lo que hicimos y proclamar que el “Ecuador es hoy un país moderno con instituciones sólidas y un rico discurso político” o que es “más institucionalizado, organizado y rendidor de cuentas” cuando lo menos que hay es instituciones, transparencia, rendición de cuentas, pues lo único que importa es la voluntad omnímoda de quien se comporta como un sátrapa? ¿Con qué cara lo dice, si precisamente una de las enmiendas constitucionales recorta la posibilidad de control?  No son excusa sus años de embajador pues en estos nueve años vivió seis meses en el Ecuador como ministro, así que ¿cómo puede no ver el sistemático desmontaje de la verdadera democracia, la bazofia que quieren hacer pasar por participación, el exterminio de toda expresión ajena al correísmo, y proclamar que ahora tenemos una democracia “más estable y madura”?
Que un embajador debe defender a su gobierno, concedido, pero no es necesario llegar a estos extremos que reniegan de uno mismo, de su propia trayectoria personal y familiar.

No entiendo cómo él y los demás mencionados han caído en esta obcecación, en algunos casos virulenta. Cierran los ojos ante la evidencia de lo devastador que ha sido el régimen de Correa para las ideas y proyectos que ellos mismos sustentaban. No reparan en que los derechos humanos, cívicos y políticos han quedado abolidos en los hechos. Que lo que vivimos ni es democracia ni es socialismo ni es nacionalismo. Que la soberanía fue abolida en el altar del mal manejo de la economía. Que lo que tenemos es un régimen autoritario o a lo más una “democracia de bajísima intensidad” (concepto de Boaventura de Sousa Santos que cabe para los años de Correa). Que el Gobierno al que sirven ha saqueado los recursos naturales como no hay precedentes en nuestra historia; que ha derrochado los más abundantes recursos de toda la vida del país, y que lo ha hecho a través de las viejas trapacerías de las dictaduras: sin licitar, sin fiscalizar, sin transparentar, sin rendir cuentas. Que este gobierno ha dado al Fondo Monetario Internacional información que oculta a su propio pueblo.

Este es el año en que las fuerzas que todavía tienen fe en la democracia y en el Ecuador deben reunirse para salvar lo que Correa, el correísmo y estos antiguos amigos, hoy devenidos en sus adoradores, no han podido destruir aún. Es que no podrán hundir al Ecuador. A pesar de su asalto a las cajas fiscales, a pesar de su prepotencia, de sus habilidades propagandísticas, de sus mentiras, a pesar de su irresponsabilidad, de sus giros estratégicos en que hoy hacen lo que ayer condenaron, el Ecuador sobrevivirá y solucionará el espantoso estado en que le están dejando tras estos años de expolio.

[PANAL DE IDEAS]

Fernando López Milán
Hugo Cahueñas Muñoz
Rodrigo Tenorio Ambrossi
Carlos Arcos Cabrera
Francisco Chamorro
Gabriel Hidalgo Andrade
Juan Carlos Calderón
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Gonzalo Ordóñez

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