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22 de Febrero del 2021
Ideas
Lectura: 8 minutos
22 de Febrero del 2021
Gonzalo Ordóñez

Es licenciado en Sociología y Ciencias Políticas por la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, Quito; Magíster en Comunicación, con mención en Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación por la Universidad Andina Simón Bolívar, Sede Ecuador.

Cómo regalar la presidencia a Arauz y de paso el país
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Señores Lasso y Pérez ¿Quién les dio el derecho a imponer una ideología al resto del país? ¿Qué se creen ustedes? ¿Piensan que no van a necesitar del otro, que solos pueden gobernar un país con tanta podredumbre política?

Ni sueñen que vamos a apoyar a Guillermo Lasso” dijo Yaku Pérez según el diario El Universo. Lo mismo podría decir Lasso: "Ni sueñen que vamos a apoyar a Yaku Pérez".

La democracia funciona si entre las iniciativas individuales y colectivas se logran acuerdos; pero como la izquierda y la derecha buscan imponer un sistema de gobierno acorde con sus ideologías, no saben cómo negociar, pues parten del supuesto que poseen la verdad. Un acuerdo es perder, quedar como debiluchos, sin capacidad de liderazgo y lo peor de lo peor aceptar que el otro también puede tener la verdad. Lo mismo ocurre con la religión, por ello la fe también conduce a la violencia.

Las posiciones extremas, aunque se justifiquen a nombre de toda la sociedad, invariablemente benefician a uno y perjudican a otros. Pero esto, suponiendo que los dos grupos en contienda tienen las mismas condiciones, pero en realidad no es así, las sociedades latinoamericanas cuentan entre las peores en equidad y justicia social, con instituciones políticas débiles y corruptas.

En la democracia existe una estructura de poder por la cual grupos hegemónicos condicionan las decisiones gubernamentales, influyen en las agendas de los medios de comunicación y presionan por regulaciones que los beneficien aún si perjudican a los grupos sociales. La organización y movilización política justamente sirve de contrapeso al uso del sistema en contra del acuerdo social de convivencia, cuando no se cumplen los fines para los que están diseñadas las instituciones y los representantes elegidos para su administración se corrompen.

Los gobiernos populistas de izquierda reaccionan a la movilización popular con ira, pues se supone que son los que representan el pensamiento de los pobres y desposeídos, entonces utilizan la fuerza. La derecha populista hace lo mismo, pero su motivación es proteger los privilegios que vienen con la libertad individual y el dinero. 

Las elecciones de febrero, en Ecuador, muestran el peso e importancia de la postura social, de izquierda o progresista. El problema es que se trata de una ideología y, lastimosamente, se mueve por las creencias y no por los datos.

No existe un solo sistema de carácter socialista que haya tenido éxito, ni las maravillosas experiencias de los Kibutz en Israel o la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Todas fracasaron, pero sí demostraron que la naturaleza humana tiende a la violencia y al autoritarismo si se permite que el poder se mantenga en ciertos grupos por demasiado tiempo. La democracia está diseñada para la alternabilidad, justamente, porque reconoce esta tendencia humana a negar las ideas del otro si no coinciden con las propias. 

Lasso y Pérez deben ir con acuerdos mínimos a la segunda vuelta, aún si las generaciones viejas e ideologizadas, el marketing político y otros líderes que los rodean chillan y patalean. Para tener futuro debemos dejar el hábito ecuatoriano de “creer” que llegar acuerdos con los opuestos políticos es perder la conciencia.

De esta histórica dicotomía entre la visión utópica en la que el Estado idílicamente es controlado por los movimientos sociales, y la visión trágica (el hombre es lobo del hombre) en la que se concibe a la libertad individual como fundamento de la naturalez humana; surge esta imposibilidad de negociar y llegar acuerdos con el otro. ¿Cómo negociar con quien queremos destruir?

Supongo que negarán que se quieren destruir los unos a los otros, utilizarán eufemismos hipócritas como que “somos el agua y el aceite”, o “hablaremos con los empresarios honestos” o cualquier cosa para mantenerse enfrentados.

Si ahora los dos grupos —con un enemigo en común, que tiene detrás el dinero de lo robado al Estado, de la narcoguerrilla y una red de corrupción que le interesa mantener el caos— se apoyan, su fuerza será contundente. Pero si continúan con los envalentonamientos, su fuerza se debilitará y perderán capacidad de incidir en las políticas gubernamentales del próximo gobierno.

Lasso y Pérez deben ir con acuerdos mínimos a la segunda vuelta, aún si las generaciones viejas e ideologizadas, el marketing político y otros líderes que los rodean chillan y patalean. Para tener futuro debemos dejar el hábito ecuatoriano de “creer” que llegar acuerdos con los opuestos políticos es perder la conciencia. Al contrario, incorporar las buenas ideas del otro, incluso si son muy diferentes a las mías, me fortalece.

El levantamiento indígena es un buen ejemplo de cómo mirar la vida desde una sola perspectiva enceguece la posibilidad de mirar otras mejores. El movimiento no negoció el dinero del alza de los combustibles para becas de pregrado y posgrado en biotecnología, agroindustria, infotecnología para los sectores agrícolas. Tampoco plena cobertura de Internet en el sector rural, ciudadanía digital, seguros privados campesinos; existían miles de alternativas prácticas más beneficiosas que derogar el subsidio. Es mejor tener dinero para pagar la gasolina, que esperar que el Estado lo haga por uno.

Lo mismo va a ocurrir ahora, “ni sueñen que vamos a apoyar a Lasso” o “ni sueñen que vamos a apoyar a Perez”; son frases idiotas que conducen a no tener acuerdos y a que gane Arauz.

No, el socialismo no trae riqueza, no trae empresa, no trae innovación. Y lo siento, el neoliberalismo no trae salud, educación, equidad. La única solución señores, Lasso y Pérez, es que lleguen a acuerdos; y a los asesores que les dicen que no deben verse débiles ante la opinión pública: que se callen. Un país que tenga futuro deberá aprender a incorporar lo mejor de cada visión y hacer que funcione con el apoyo de todos.

Como muchos ecuatorianos estoy desesperado, cada día es una tragedia: alguien más en la familia perdió el empleo, otra persona querida murió, a otra le acaban de asaltar.

La violencia disminuye donde existe una justicia imparcial y una policía honorable y eficiente, donde las instituciones de protección social funcionan; los gobiernos populistas como el de Arauz desarman las instituciones y provocan el caos. Las entidades públicas encargadas de la salud, la seguridad, la protección legal cae en manos de burócratas mediocres y autoritarios.

En esta situación de interregno la gente reclama a gritos autoridad, castigo a los enemigos de la patria (cualquiera que no piense como el líder), es entonces cuando el rostro autoritario del populismo se devela, para imponer orden social.

Señores Lasso y Pérez, ¿quién les dio el derecho a imponer una ideología al resto del país? ¿Qué se creen ustedes? ¿Piensan que no van a necesitar del otro, que solos pueden gobernar un país con tanta podredumbre política? 

Ahora mismo,  las familias, los amigos, las parejas están divididas de nuevo;  los jóvenes votaron por el discurso de justicia de Arauz, sin sentir indignación por incluir a un prófugo acusado, nada menos, que de secuestro, entre otras cosas. ¿No les asusta?

Una advertencia, si no defienden al país entero, la desesperanza de su egoísta e irracional enfrentamiento, se convertirá en voto nulo y las fuerzas corruptas y vengativas del Arauz-correísmo nos destruirán a todos.

[PANAL DE IDEAS]

Alfredo Espinosa Rodríguez
Gonzalo Ordóñez
Mariana Neira
Fernando López Milán
Diego Chimbo Villacorte
Rodrigo Tenorio Ambrossi
Gianna Benalcázar
Iván Flores Poveda
Rubén Darío Buitrón
Ernesto Carrión

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