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13 de Septiembre del 2018
Ideas
Lectura: 6 minutos
13 de Septiembre del 2018
Gustavo Isch

Consultor político, experto en campañas electorales. 

¿Cómo se vende un candidato? segunda parte
Uno de los peores errores que puede cometer un político es ponerse en manos de inexpertos, vendedores de humo, o “multiusos” que terminan enredándolo todo; por cierto, el más vulnerable de los actores en campaña es el propio candidato, que equívocamente asume el rol de jefe de campaña o estratega ya que su objetividad siempre estará atravesada por sus deseos e intereses.

Repasemos la información expuesta la semana pasada en la primera parte de este artículo, y agreguemos otros datos:

Algo más del 50% de ciudadanos en capacidad de votar, no se definen dentro de ninguna tendencia ideológica, y un número similar no sabe qué se elegirá en el Ecuador en los comicios del 2019. Según el dato publicado hace pocos días por una conocida encuestadora nacional, el porcentaje de personas que dicen no estar interesadas en las próximas elecciones es tan elevado, que preferimos no mencionarlo. Recordemos también, que las organizaciones que no alcancen el 4% de votos en dos elecciones consecutivas serán eliminadas del registro electoral.

Tomar decisiones sobre cómo estructurar las papeletas electorales en ese contexto no es fácil para muchas tiendas políticas, y tampoco lo es para muchos aspirantes que con sensatez dudan de la viabilidad de su participación. El desaforado uso de investigaciones y al ambiente lleno de información política que desborda la esfera pública desde los medios y las redes del país, puede estar generando más confusión que certezas. Como bien lo dice el colega argentino Mario Riorda: “Predecir resultados es riesgoso aun con solvencia metodológica. Proyectar escenarios electorales es complejo…válido para cualquiera y en cualquier fecha”.

Con este marco de referencia: ¿Es posible cambiar con una adecuada estrategia un comportamiento electoral históricamente posicionado en la sociedad? ¿Vale la pena apostar por un joven desconocido pero de ideas frescas, en lugar de hacerlo por un “viejo conocido” que poca emoción puede generar en el elector? ¿Cómo llegar a los millennials? ¿Cómo intervenir adecuadamente en redes sociales? ¿Conviene polarizar, o es mejor ajustarse a lo “políticamente correcto”? ¿Todavía hay espacio aún para un out sider?

De cara a las próximas elecciones, éstas y muchas otras preguntas deben ser respondidas oportunamente por equipos de consultores altamente eficientes capaces de separar la paja del trigo, en varios campos que exigen competencias profesionales distintas; uno de los peores errores que puede cometer un político es ponerse en manos de inexpertos, vendedores de humo, o “multiusos” que terminan enredándolo todo; por cierto, el más vulnerable de los actores en campaña es el propio candidato, que equívocamente asume el rol de jefe de campaña o estratega ya que su objetividad siempre estará atravesada por sus deseos e intereses.

Un publicista nunca puede ser el responsable de la estrategia política; tampoco un encuestador, ya que un pésimo comercial puede marcar negativamente el curso de la campaña y una encuesta defectuosa puede conspirar contra una estrategia. Exponerse anticipada y constantemente en prensa puede ayudar a posicionar una imagen pero no necesariamente una intención de voto. La vanidad política es mala consejera: el número de políticos que disparan pendejismos durante sus entrevistas, arriesgando su credibilidad en campaña, es infinitamente superior al de aquellos que saben qué decir y cómo decirlo.

Hace algunos años, las técnicas y herramientas utilizadas por la comunicación política para incidir en los electores se han diversificado y modernizado a un ritmo muy superior al de sus usuarios. En Ecuador el proceso es desequilibrado: frente a la progresiva profesionalización de la consultoría política, hay un grupo importante de los políticos que asumen la importancia de recibir asesoramiento, y están dispuestos a invertir en algunos de los múltiples recursos que la investigación y el mercadeo ponen a su disposición para manejar campañas exitosas; pero todavía no son la mayoría.

El proceso electoral que se avecina estará dividido entre aquellos que entendieron que sus mejores posibilidades de triunfo estarán apalancadas a una administración técnica de la estrategia y la comunicación, frente a los que optaron por las encuestas truchas o prestadas, el olfato político del “viejo zorro”, o por asesores sin experiencia.

Coincide que son las nuevas organizaciones políticas y los nuevos liderazgos que intentan abrirse paso en ese competitivo campo, quienes optan por modernizar sus campañas, y de hecho están más actualizados académicamente; en tanto quienes aún guardan comportamientos atávicos son más reacios al cambio que se impone en una competencia electoral.

Así mismo, los caudillos de estructuras partidarias o de movimientos sociales son los menos inclinados a favorecer la capacitación de nuevos cuadros, o a entender que en el mundo hay procesos que imponen transformaciones en los modos de ver, entender y participar en la política. Tal situación limita sus propias posibilidades, y mantiene importantes segmentos sociales rengos, en una sociedad que necesita caminar firmemente hacia el mejoramiento de la gobernanza y el fortalecimiento de la democracia, objetivos que además pasan por un cambio también en la calidad de sus representantes, en el perfeccionamiento de los canales de participación política, y por el empoderamiento ciudadano.

Con este panorama, ya podrá el lector armarse de lápiz y borrador para prefigurar su polla electoral, y combinar múltiples opciones; dispondrá para ello de una papeleta que cambiará constantemente hasta noviembre en que se termina el plazo para inscribir candidaturas; por lo pronto abundan los precandidatos, habrá que ver si cuando inicie la carrera tendrá el elector líderes en competencia para optar por alguno. En la etapa electoral enero-marzo, se prevé una saturación en redes sociales, la publicidad vendrá con sus mejores ofertas de video, eslogans y jingles. No será raro que las familias y las mascotas de los candidatos también entren a la pista.

Al final del día, el elector tendrá la palabra.


 

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