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28 de Octubre del 2019
Ideas
Lectura: 7 minutos
28 de Octubre del 2019
Patricio Moncayo

PhD. Sociólogo. Catedratico universitario y autor de numerosos estudios políticos.

Conversando se entiende la gente
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El Gobierno no lenguajeó con los sectores sociales antes de dictar la medida de la eliminación de los subsidios a los combustibles. Quizá lo hizo con unos pero no con todos. El movimiento indígena no lenguajeó con el resto de ecuatorianos. La protesta fue audible más por las piedras que por las palabras.

El biólogo chileno Humberto Maturana acuñó el término lenguajear para referirse a la historia humana. El lenguaje, decía, “está entrelazado con el emocionar”. El lenguajear, entonces, supone un entrelazamiento que se configura en la conversación. El origen etimológico de la palabra conversar implica “junto con” y “versare”, para “dar vueltas alrededor de una cosa”. No es posible, por tanto, dar las espaldas al otro, a ninguno de los otros, ni creer erróneamente que solo yo o nosotros damos vueltas alrededor de una cosa. De ahí la dificultad de entenderse. 

Se lenguajea en la academia, en los pasillos de Carondelet, en los partidos políticos, en los gremios empresariales y laborales, en los eventos deportivos, en las relaciones interpersonales. Se utilizan distintas lenguas, no obstante ser el español el idioma común. En cada cultura también se lenguajea; desde el incario, el quichua fue la lengua común de las poblaciones conquistadas y dominadas por los españoles. En el Ecuador también se la ha acogido.

En la conversación entre culturas también es necesario lenguajear, pese a los distintos idiomas, costumbres y creencias. Lo cual implica entender que el otro, todo otro, “es un legítimo otro”. Solo así podemos construir una historia humana no belicista. Tener ejército propio no es tan importante como tener discurso propio y estar dispuesto a conversar.

Ello, sin duda, faltó en el choque que se dio entre el 3 y el 12 de octubre del 2019 en el Ecuador. El Gobierno no lenguajeó con los sectores sociales antes de dictar la medida de la eliminación de los subsidios a los combustibles. Quizá lo hizo con unos pero no con todos. El movimiento indígena no lenguajeó con el resto de ecuatorianos. La protesta fue audible más por las piedras que por las palabras.

La polémica viene de la palabra polémo que tiene que ver con la guerra.  

El Gobierno no lenguajeó con los sectores sociales antes de dictar la medida de la eliminación de los subsidios a los combustibles. Quizá lo hizo con unos pero no con todos. El movimiento indígena no lenguajeó con el resto de ecuatorianos. La protesta fue audible más por las piedras que por las palabras.

El ágora de la Casa de la Cultura devino en un campo de batalla; no fue lo que representó el ágora en la antigua Grecia donde nació la democracia con la ciudad-estado (la polis). El ágora griega era el sitio donde tenían lugar las conversaciones sobre los temas de interés para la comunidad. Claro que quienes conversaban eran los libres, y de estas conversaciones estaban excluidos los esclavos, las mujeres y los extranjeros. Pero en la época moderna, la democracia dio cabida tanto a los pobres como a las mujeres y hasta a los extranjeros. En los últimos cuarenta años de democracia se dio el voto a los analfabetos, desde 1933 se dio paso a la libertad de sufragio. 

Liberales y conservadores tuvieron que aprender a lenguajear tras las guerras internas en las que se enfrascaron. Los militares lenguajearon con los civiles para acordar el tránsito de la dictadura a la democracia. Los socialistas y comunistas fueron acogidos por la sociedad política en los años treinta del siglo pasado. Se aliaron a conservadores y liberales en la revolución del 28 de mayo de 1944.

La CONAIE emergió en la década de los noventa y ha podido lenguajear con el Estado blanco mestizo, a través de la educación intercultural bilingüe. Las constituciones de 1998 y 2008 recogieron las demandas y reivindicaciones de un “estado soberano, independiente, intercultural, plurinacional y laico”.

Curioso que algo tan elemental como lo que nos plantea Maturana no haya sido tomado en cuenta por técnicos y políticos, por neoliberales y keynesianos en sus debates sobre los modelos económicos.

Lo que está ocurriendo en el Chile de estos días muestra un déficit en el lenguajear. Ya ocurrió esto cuando se produjo el derrocamiento del presidente Salvador Allende. No solo los militares y la derecha, sino la izquierda incluida, incurrieron en ese error, así se impuso la violencia. Hoy le ocurre algo parecido al presidente Piñera. 

El llamado socialismo del siglo XXI pretendió igualmente imponerse, no con la razón sino con la guerra. No ha diferido mucho del llamado socialismo científico que entendió la revolución como un golpe de estado. Con la caída del Muro de Berlín se aceptó que la democracia devendría en “the only game in town” pero el socialismo del siglo XXI quiso darle la vuelta a la tortilla, implantando una dictadura encubierta. No es causal que Evo Morales quiera perpetuarse en el poder. Y que Correa quiera regresar al poder a cómo dé lugar.

Claro que, como sabiamente sostiene Maturana, “la democracia no está en la rotación, en la elección de representantes” sino en una convivencia en la cual todos los ciudadanos tienen acceso a la cosa pública (…). Los sistemas electorales son artificios para la apropiación de responsabilidades”.

Las posibilidades reales que tiene quien es elegido presidente, desde luego,  son limitadas. Es distinto un presidente con bonanza petrolera que otro con ausencia de esa bonanza. Es en estas circunstancias de crisis donde el lenguajear se vuelve imprescindible, una herramienta estratégica de gobierno.  

Los mandatarios que fueron derrocados entre 1997 y 2005 cometieron ese tremendo error, no supieron lenguajear oportuna ni apropiadamente. El actual gobierno pudo sobrevivir gracias a la voluntad mayoritaria de los ecuatorianos de querer seguir viviendo en democracia. En esto pesó no solo la razón, sino la emoción; querer vivir en democracia es tan o más importante, que la eficiencia en el aprovechamiento de las oportunidades materiales. El poder no es tan importante como el deseo de una convivencia en la fraternidad.

Los diálogos que tuvieron lugar para restablecer la paz, muestran el valor del lenguajear para la sobrevivencia de la democracia. Ésta puede fortalecerse si los gobiernos utilizan este método de manera consistente y oportuna.                      

 

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